“Nayra”, la memoria del Teatro La Candelaria

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En esta coproducción con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, Santiago García inauguraba su serie de obras inspiradas en la memoria.

En una de sus giras por México con su versión teatral de El Quijote, algunos integrantes del Teatro La Candelaria visitaron el templo sagrado de San Juan de Chamula, en la región de Chiapas. Patricia Ariza, actual directora del grupo, recuerda aquel lugar como un espacio único, al que llegaban personas de diferentes religiones, creencias y culturas y cada uno hacía su propio ritual.

Aquella visita ocurrió justo cuando el grupo empezaba su proceso de improvisaciones de su nueva obra Nayra (La memoria), que se estrenó en 2004. Con esa pieza, el maestro Santiago García —fundador y director de La Candelaria, quien falleció en marzo pasado— inauguraba su serie de obras inspiradas en la memoria. (Le puede interesar: 31 minutos presentará “Yo nunca vi televisión” en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán).

En Nayra, García explotó los cimientos de la narración convencional, ya no había líneas narrativas claras y las piezas basaban su fuerza en visiones e imágenes diversas sobre un tema central.

Justo en un año lleno de retos para las artes escénicas en todo el planeta, y en un año que afectó particularmente a La Candelaria, pues además de la muerte de García en julio falleció Fernando Piyó Mendoza, uno de los cofundadores del grupo, Nayra volvió a la vida.

Este remontaje, una coproducción con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, se grabó recientemente y se transmitirá este viernes 4 de diciembre, a las 9 p.m., en la franja Cultura en Casa del Canal Capital.

Ariza, quien dirigió el remontaje de la obra, destaca el carácter premonitorio y al mismo tiempo conmemorativo de Nayra, pues, aunque se estrenó hace 16 años, habla sobre la religión, la fe y la peste, y además es una conmemoración de la vida. Pese a que renegaba de adivinar el futuro, García logró crear una obra de arte que, a través de sus potentes imágenes, reflexiona sobre lo que significa vivir en un mundo como el que nos ha sorprendido este año.

“Es una obra muy significativa porque Santiago le puso tanto empeño. Es una obra ritual muy diferente a todas las que ha hecho La Candelaria, que nos habla del sincretismo cultural, que nos habla de la muerte; es muy fronteriza y muy misteriosa”, añade Ariza.

Las particularidades de Nayra no solamente se limitan a su planteamiento narrativo, sino a su distribución escénica. La pieza está planteada de una manera circular, similar a las malocas o casas de conocimiento y, de alguna manera, inspirada en aquel templo de San Juan de Chamula.

En el escenario se suceden de manera sincrética una serie de incidentes que dan cuenta de la profunda necesidad de respuesta de los personajes que buscan ayuda a sus ruegos y necesidades. De esta manera, se plantea una exploración del inconsciente colectivo, donde se plasma en imagines poéticas el mundo imaginario de alucinaciones populares a partir de la fe, los mitos de la salud, la muerte y el despojo.

Todas esas piezas que encajan el rompecabezas de esta obra significaron un gran reto para el grupo de actores y actrices del grupo, pese a que varios de ellos estuvieron en el montaje original, como César Coco Badillo, Luis Hernando Poli Forero, Rafael Giraldo, Nohra González, Alexandra Escobar, Adelaida Otálora, Fanny Baena y Fabio Velasco. A ellos se unieron Diego Vargas, Mónica Fernández, Ana Sofía Monsalve, Miguel Ángel Malaver y Eddy Yazmin Laverde.

“Al principio, el remontaje fue duro porque es una obra de atmósferas, no es argumental; cuando las obras son narrativas es más fácil acordarse. Teníamos pocos materiales en video. Nos tocó como a tientas, pero poco a poco fuimos recordando y también creando cosas nuevas, porque no es el mismo montaje, pero es el mismo punto de partida, la misma atmósfera”, explica Ariza.

Este renacimiento de Nayra también tuvo un gran significado para el grupo en su quehacer artístico. “Estábamos empezando una neurosis de grupo por no poder ensayar, entonces Nayra nos salvó la vida y al mismo tiempo es una obra que conmemora a Santiago García y a Piyó”, finaliza Ariza.

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