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“Nunca he evadido los problemas”

Sergio Fajardo, el único independiente que hasta ahora está seguro de ir por la Presidencia, dice que los ciudadanos deben tomarse la política. Da los nombres de su lista al Senado.

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Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador
20 de septiembre de 2009 - 03:00 a. m.
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Afirma que hubo improvisación y falta de seguimiento en el proceso de reinserción de los paramilitares y cuenta que Luis Carlos Restrepo fue quien le señaló a alias ‘Job’ como coordinador de los desmovilizados.

Cecilia Orozco Tascón.- Hace algunos meses usted dijo la siguiente frase: “Uribe es inteligente: no se presentará como candidato” ¿Todavía piensa que Uribe es inteligente?

Sergio Fajardo.- (risa)  Yo no hablé de lo que podía ocurrir antes de que él tomara la decisión. Dijo que era inteligente y que no se presentaría, pero no me referí a cómo sería el camino para llegar ahí. Todavía falta mucho para saber si la frase era incorrecta.

C.O.T.- ¿Aún tiene la esperanza de que no se presente?

S.F.- Sí. 

C.O.T.- Hay muy pocas personas que piensan como usted.

S.F.- Independientemente del presidente Uribe, el de la reelección es un procedimiento que sería dañino para el país. Todavía espero que no sea cierto.

C.O.T.- ¿Qué opina de la propuesta – ahora negada - de recortar el censo electoral al 50% para bajar la cifra que se necesita para que pase el referendo?

S.F.-  Voy a usar el término más cuidadoso posible: si esa intención se confirma, sería  hacernos trampa. Es inaudito que  las normas se vayan modificando casi en forma permanente, para beneficio particular. No es serio un país que a pocos meses de las elecciones y para tomar la decisión política más importante,  no se sepa cómo cuáles son las reglas. Si cambian el censo, se estaría subiendo un peldaño más en el camino de la trampa.

C.O.T.- Si un jugador amaña el partido para que termine a su favor ¿Se mantiene la legitimidad de las elecciones?

S.F.- La democracia, con todas sus imperfecciones, tiene unas reglas que hay que respetar y lo que se está haciendo va en contravía del fortalecimiento del sistema, independientemente de la persona que esté al frente de ese procedimiento. No es casualidad que las instituciones que tienen la más baja credibilidad sean el Congreso y los partidos políticos y que cerca del 70% de los colombianos no se identifique con ninguno de ellos.  De acuerdo con datos revelados por Semana, el nivel de confianza de los colombianos en los funcionarios públicos llega sólo al 15%. Eso significa que las personas en las que menos creemos y a las que menos respetamos son las que toman las decisiones importantes de la sociedad.

C.O.T.- Si eso es así ¿Por qué entró al mundo político?

S.F.-  La ciudadanía en Colombia le da la espalda a la política. Nosotros decidimos entrar a ese mundo donde no deberíamos estar. Soy un matemático que debería estar probando teoremas e investigando proyectos con los estudiantes. Pero nos atrevimos a participar en política en un terreno distinto, con unos métodos diferentes, en vez de darle la espalda al problema.

C.O.T.- Usted es propenso a no mencionar a nadie. Por ejemplo, su frase más conocida es  “ni uribista ni antiuribista” ¿Hasta cuándo podrá sostenerla?

S.F.- Ésa es una frase poderosa…

C.O.T.-  ¿Cómo puede ejercer la política así, en un país con los problemas extremos que está enfrentando, sin mencionar a los autores de los conflictos?

S.F.- El reto es cómo explica uno las cosas y cómo le llega a la gente. Nosotros hacemos política a partir de principios y cuando hablo de propuestas, en realidad estoy haciendo pedagogía: describo comportamientos y explico con claridad cuáles son los problemas. Usted dirá que todo el mundo puede hacer lo mismo. Pero ¿A quién le creen? Nosotros tenemos el poder de la credibilidad y la confianza y preferimos salirnos del terreno de la polarización para que los auditorios pasen al de la proposición afirmativa. No entramos en el campo mediático de señalar responsables porque cuando se describe bien una situación, la gente hace asociaciones y sabe quiénes son. Incluso le cuento que hay personas cuyo nombre me niego a pronunciar.

C.O.T.- ¿Por qué? ¿Por higiene mental?

S.F.- …Y bucal. Uno decide a quién le da nombre o categoría de interlocutor.

C.O.T.- Precisamente alguna vez oí que usted nunca menciona a su predecesor en la alcaldía de Medellín ni a un congresista antioqueño ¿Es cierto?

S.F.- Sí.

C.O.T.- ¿Qué gana con eso?

S.F.-  En nuestra cancha las palabras son respeto, decencia y dignidad. Entiendo que el enfrentamiento sea más atractivo para los medios. Por ejemplo, si yo me ‘suelto’ aquí, seguramente al otro día me van a llamar todos para volver a preguntarme sobre el tema. Pero decidimos mantenernos en el espacio de la educación, la confianza y la coherencia.

C.O.T.-La responsabilidad política nunca se asume en Colombia ¿No termina usted ayudándoles a los responsables por no mencionarlos? ¿Será que evade la confrontación?

S.F.- Bueno, ése es un reto y lo asumo porque estoy convencido de que la herramienta más poderosa de la política es la pedagogía. Cuando hice campaña para la alcaldía de Medellín, les preguntaba a los habitantes de los barrios si conocían personas que hicieran negocio con  la política. Todos sabían a quiénes me refería pero era una conclusión a la que llegaba cada uno. Nunca he evadido los problemas. Lo que pasa es que los enfrento de una manera diferente.

C.O.T.- Usted aspira a suceder a Álvaro Uribe y a él no le gusta que le disputen sus espacios. Si llega el momento de la confrontación ¿Se quedará callado?

S.F.- Si ese caso se presenta, tomaré el mismo camino de siempre. No cedo un centímetro en la coherencia de nuestro comportamiento.

C.O.T.- ¿Y qué hará con la Colombia conflictiva? Me refiero a la de la parapolítica, la  compra de votos, venta de puestos,  ataques de las FARC?

S.F.- ¿Usted cree que tenemos que morirnos hablando del Mono Jojoy? No nos dejamos atrapar en esa premisa ni aceptamos que nos quiten la capacidad de tener esperanza. Siempre me han dicho que soy idealista, que así no se puede hacer política. Cuando aspiraba a la alcaldía de Medellín, también creían  que no era posible que un profesor llegara a ser alcalde. Y llegué.

C.O.T.- En otra entrevista usted dijo: “seguridad democrática sí, pero con derechos humanos”. Explíqueme ese “pero”, por favor.

S.F.-  Esa frase no es precisa. En la política de seguridad democrática hay unos logros, unos problemas y unos retos ¿Cuáles son los logros? Avance en el monopolio  legítimo de la fuerza por parte del Estado, un significativo control del territorio nacional, debilitamiento de las FARC y de los grupos paramilitares, disminución sensible de los homicidios y  secuestros y recuperación de confianza ¿Qué problemas y retos hay que enfrentar? El conflicto ha cambiado y se requiere una nueva estrategia; el narcotráfico continúa, las víctimas y desplazados deben tener más atención. Las violaciones de los derechos humanos, la corrupción y el clientelismo cuestionan la legitimidad del Estado. No podemos aceptar, sin movernos, la cultura de la ilegalidad y  la inseguridad urbana. En resumen, diría que la seguridad es un medio y no un fin y que la política de seguridad democrática se concentró en un pedacito de un problema, teniendo una dimensión mucho  más amplia.


C.O.T.-  Se sabe que cada vez es más difícil hacerse elegir por fuera de los partidos. Es posible que usted quede por fuera  porque no tiene el soporte de un partido serio ¿Le preocupa?

S.F.- ¿Cuáles son los partidos serios? No tengo la menor duda de que en la política tradicional ha habido y hay personas muy valiosas. Otra cosa  es la seriedad y credibilidad de los partidos. Puede que existan pero no los conozco. La expresión de inconformidad de la comunidad con los partidos tiene explicaciones. Pudimos entrar a la política porque lo hicimos por fuera de lo tradicional. Arrancamos en Medellín con el movimiento Compromiso Ciudadano y ahora estamos construyendo uno que se llama Compromiso  Ciudadano por Colombia. En ese proceso de evolución  se avanza, paso a paso y llegará el momento de crear un partido. Por ahora vamos a hacer una selección Colombia para el Senado y recogeremos firmas para inscribirla.

C.O.T.- Ser elegido no es tan fácil y menos para candidatos de opinión ¿Qué estructura política tienen ustedes para lograrlo?

S.F.- Nosotros no tenemos sedes, como los partidos, sino “puntos de encuentro”, creados por jóvenes voluntarios en todas partes. Una observación: ¿Qué es un candidato de opinión? Opinión tienen todas las personas y de eso no tengo la menor duda. Hay una franja de un público más educado que se mueve alrededor de los medios de comunicación que mira, hace comparaciones y sopesa las situaciones. Pero las personas más humildes también tienen opinión y dignidad. Lo que pasa es que tenemos que llegar a ellas. Nuestro reto es multiplicar y construir estos votos de opinión. No creo en la política hecha alrededor solamente de los medios de comunicación. Es sin duda importante, pero además hay que sudar la camiseta y así es lo hemos hecho.

C.O.T.- Vuelvo  a los nombres y apellidos: mencione dos o tres nombres de sus candidatos al Senado.

S.F.- Luis Eladio Pérez, Rodrigo Lara Sánchez, Germán Bula  Escobar, David Sánchez Juliao. Ninguno de ellos era amigo personal mío pero quieren participar con nosotros. Estamos armando un tremendo equipo. Hay otras personas que me apoyan como  Juan Camilo Restrepo y Eduardo Cifuentes, unas personas muy valiosas. Ellos no están en la ‘selección Colombia’ pero nos van a ayudar a pensar. Son muchas las personas que se liberaron de los partidos tradicionales y que rompieron con ese esquema porque están fastidiadas. Estamos trabajando con ellas y con gente joven, brillantes estudiantes con conciencia social. Ellos quieren participar ¿Qué hacen ahora? Aprenden a hacer política de manera distinta. Estamos creando una escuela de participación política.

C.O.T.- ¿Cómo llega a su movimiento Rodrigo Lara Sánchez?

S.F.- Por el trabajo que hemos hecho en el Huila en nuestro proceso de buscar personas valiosas  que aporten trabajo y que tengan un interés en la política y en lo público.

 C.O.T.- ¿Por qué no unió fuerzas con los tres ex alcaldes de Bogotá? 

 S.F.- Yo fui quien llamé, uno por uno, a Lucho Garzón, Antanas Mockus y  Peñalosa, tres personas que nunca estuvieron juntas en su vida, pues en cierto sentido eran rivales. Les dije que estaba seguro de que nosotros podíamos llegar al Congreso con mucha fuerza y  que teníamos que ocupar el vacío que hay, o someternos a que nos repitieran una medicina amarga. Eso llevó a que ellos  se hablaran por primera vez. Son personas que he respetado y creo que son valiosísimas y no hubo problemas de incompatibilidad personal. Entonces se dio la discusión acerca de la candidatura presidencial y opinaron que había que hacer una encuesta para escoger candidato. Contesté que no.

C.O.T.- ¿Por qué?

S.F.- Porque nuestros grupos venían trabajando desde hacía 21 meses por pura convicción, en un esfuerzo agotador, durísimo ¿Con qué cara les iba a decir que no valía el trabajo que han hecho?  ¿Cómo le explico a un amigo como Juan Carlos Flórez, que ha construido y luchado por esta causa, que ahora dependemos de una encuesta? En ese momento les pedí que nos encontráramos en la primera vuelta pero las puertas siempre seguirán abiertas.

C.O.T.- ¿No le parece que es un error separarse de ese proyecto?

S.F.-  ¿Yo me separé? No hubo separación porque apenas empezábamos a hablar. Hay quienes dicen que a nosotros no nos gusta sino tener gente al lado nuestro. Usted puede preguntarles: nunca le dije a alguno de ellos que tenían que apoyarme.

C.O.T.- ¿Qué futuro le augura a los trillizos?

S.F.- Esperemos a ver qué pasa y veamos cuál es la disposición que tienen para trabajar. Vamos a ver cómo asimilan lo que hicieron en el pasado y de qué manera se consagran a este proyecto. Venimos de experiencias distintas y por caminos muy diferentes pero quisiera que les fuera muy bien. Leí una entrevista que le hicieron a Lucho en la revista Cambio, que iban a hacer la encuesta entre Antanas y Garzón para escoger a uno de los dos. En la misma entrevista, Garzón propuso una consulta interpartidista con el partido Liberal y con Cambio Radical. Nosotros llegaremos independientes a la primera vuelta.

C.O.T.- Imposible no hablar de Medellín. Ha llamado la atención el brusco y rápido ascenso de la violencia en esa ciudad entre su alcaldía y la de su sucesor  ¿Cómo explica que en cuestión de meses las cifras de seguridad se vinieran abajo?

S.F.-  Alonso arrancó conmigo hace diez años y tuvimos un gran éxito porque logramos que el movimiento ganara las elecciones siguientes. Pero ha sido una batalla tremenda porque hemos tenido que enfrentar la política tradicional que nos ha tratado de hacer de todo, por entre las alcantarillas. Lo que sucedió es muy sencillo: El gobierno nacional negoció la desmovilización con los grupos paramilitares y narcotraficantes en el año 2003. Pero todos sabemos muy bien que no se trazó una ruta clara ni se organizaron procedimientos de chequeo y de seguimiento del proceso. Antes de que yo entrara a la alcaldía, el Gobierno  nos entregó 868 desmovilizados del Bloque cacique Nutibara. Nunca se me olvidará ese número. A nosotros nos tocó asumir y tomamos la decisión política de conducir el proceso de reinserción que llegó a tener 4.300 personas en el área metropolitana. No me arrepiento ni un solo segundo de haberlo hecho. En total 4300 en el área metropolitana

C.O.T.- ¿El problema se le salió a su alcaldía de las manos?

S.F.-  Repito, esa política la condujo el Presidente de Colombia y no era competencia del alcalde de Medellín ni de ningún otro alcalde. A nosotros nos tocó trabajar con todas las dificultades, mientras aprendíamos lecciones. Sin embargo, lo que se hizo fue muy positivo. El único lugar en Colombia donde se llevaba el control general de ese proceso fue Medellín. Y ¿por qué lo hicimos? Porque dolorosamente, es la ciudad que tiene las raíces más profundas de la destrucción del narcotráfico y de la delincuencia. En el 2008, después de haber salido de la alcaldía,  a la mayoría de esos señores con los que habían negociado, la extraditaron y eso rompió el acuerdo ¿Qué pasó? Los jefes paramilitares se fueron y aquí quedó un vacío. Se dio, entonces, una lucha por ocupar esos espacios.

C.O.T.- ¿Por qué el Comisionado de paz Luis Carlos Restrepo, tomó distancia de la forma como  usted y su secretario Salazar llevaban el proceso?

S.F.- A Luis Carlos Restrepo le tocó hacer de alto Comisionado, negociar con unos, negociar con otros, hacer proyectos productivos, etc. Así que después de la reinserción hubo una gran improvisación. Es cierto que una vez tuvimos una discusión muy agria pero no voy a entrar en polémicas. Lo que nosotros hicimos está ahí y fue hecho de manera clara y conciente. De hecho, cuando llegó Frank Pearl fundamentalmente tomó el modelo que nosotros construimos.

C.O.T.- Restrepo dio a entender que a ustedes se les fue la mano con ciertos desmovilizados porque les dieron mucha confianza y  les asignaron puestos de mando o de coordinación a personas como Jorge Gaviria.

S.F.-  Jorge Gaviria sí trabajó en nuestro equipo pero él no era reinsertado.


C.O.T.-  Pero había tenido una condena por narcotráfico en Estados Unidos.

S.F.- Jamás entraré en el terreno de la descalificación. De hecho, él trabajó, antes de ir a Medellín, en la administración de Peñalosa con la columnista Claudia López - que entonces dirigía la oficina de Acción Comunal - en el programa de jóvenes tejedores de sociedad. También trabajó como consultor del gobierno en el programa Jóvenes en Acción. Es importante anotar que además él hizo, con nosotros, un trabajo juicioso y valioso.

 C.O.T.- Restrepo también mencionó a alias ‘Job’ y dijo usted le había dado rango de coordinador…

S.F.- ¿Perdón? A nosotros nos indicaron qué era la Corporación Democracia y nos dijeron  quiénes estaban allí. Alias ‘Job’ se encontraba entre esas personas. Nosotros no lo escogimos a él ni ayudamos a conformar esa entidad.

C.O.T.- ¿La Corporación Democracia fue designada abiertamente por el Alto Comisionado como coordinadora de los desmovilizados?

S.F.- Claro que sí. Y yo no había visto a alias ‘Job’ en mi vida.

C.O.T.- ¿Siente que le soltaron el lío a Medellín?

S.F.-  Sí, pero decidimos trabajar. Hoy está claro qué hacía alias  ‘Job’ pero entonces la Corporación Democracia era la que tenía relación con el jefe de los desmovilizados que estaba en la cárcel y alias ‘Job’ era su representante.  El principio de oportunidad se aprobó este año y nosotros tuvimos más de 4 mil desmovilizados en la calle, sin ley. Es muy fácil echarle la culpa a la administración pero lo que se hizo fue muy positivo aunque en el terreno de la política, van a tratar de destruir lo que hicimos.

C.O.T.- ¿Cómo califica la dirección del proceso por parte de Restrepo?

S.F.-  Luis Carlos Restrepo hizo cosas valiosas, pero lo desbordó el tamaño del problema.

“Nunca les dije (a los trillizos) que tenían que apoyarme”

C.O.T.- ¿Por qué no unió fuerzas con los tres ex alcaldes de Bogotá? 

 S.F.- Fui quien llamé, uno por uno, a Lucho Garzón,  Mockus y  Peñalosa, tres personas que nunca estuvieron juntas en su vida, pues en cierto sentido eran rivales. Les dije que estaba seguro de que nosotros podíamos llegar al Congreso con mucha fuerza y  que teníamos que ocupar el vacío que hay, o someternos a que nos repitieran una medicina amarga. Eso llevó a que ellos  se hablaran por primera vez. Son personas que he respetado y creo que son valiosísimas. Entonces se dio la discusión acerca de la candidatura presidencial y opinaron que había que hacer una encuesta para escoger candidato. Contesté que no.

C.O.T.- ¿Por qué?

S.F.- Porque nuestros grupos vienen trabajando hace 21 meses por pura convicción, en un esfuerzo agotador, durísimo ¿Con qué cara les iba a decir que no valía el trabajo que han hecho?  ¿Cómo le explico a un amigo como Juan Carlos Flórez, que ha construido y luchado por esta causa, que ahora dependemos de una encuesta? Les pedí que nos encontráramos en la primera vuelta.

C.O.T.- ¿No le parece que es un error separarse de ese proyecto?

S.F.-  No hubo separación porque apenas empezábamos a hablar. Hay quienes dicen que a nosotros no nos gusta sino tener gente al lado nuestro. Usted puede preguntarles: nunca le dije a alguno de ellos que tenían que apoyarme.

“Aquí no hay tulas ni plata para repartir”

Cecilia Orozco T. - ¿Cómo financia su campaña?

Sergio Fajardo.-  El único mecanismo que tenemos para financiar la campaña es el de  solicitar aportes, y el que aporta es porque le apuesta a este proyecto. En nuestra página web está el código que tenemos al respecto. No hay ningún tipo de compromiso por los aportes, salvo respetar los principios. Tenemos una ventaja: no compramos un voto, no compramos un líder, no negociamos. Aquí no hay tulas ni plata para repartir. En el proceso de consecución de firmas no le pagamos a ninguno de los voluntarios. Hay una frase de la campaña que dice “nosotros no tenemos precio, tenemos dignidad”.

C.O.T.-  Hay gente indeseable cuya tarea es infiltrar las campañas para sacar beneficios ¿No teme que a la suya le pase eso?

S.F.- Puedo decir con orgullo escrito en mayúsculas, que nunca nadie desde que estoy en el mundo político hace diez años, ha llegado a decirme que me apoyó y que entonces qué le toca. Una vez, un señor que fue muy importante en este país, me dijo que todo el mundo tenía precio. Yo le contesté que estaba equivocado porque hay personas que no lo tienen. Yo soy una de ellas.

C.O.T.-  ¿Cómo llegó usted a una fiesta de celebración que daba una persona cuestionable, cuando ganó la alcaldía?

S.F.- por física ignorancia, como lo he explicado. Yo había dicho que no quería que hiciéramos celebraciones. Quienes me conocen saben que mi temperamento no da para eso y que no me gustan las fiestas. Alguien dijo que fuéramos a un hotel. Llegamos pero nos fuimos al poco tiempo.

Por Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

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