Titanes Caracol: un barco hospital en medio del Pacífico

Diego Posso fundó hace ocho años el barco hospital San Raffaele con el objetivo de llegar a las poblaciones de difícil acceso. Espera poder construir un centro de salud en Buenaventura, en donde zarpó esta travesía.

La próxima misión que emprenderá el barco hospital San Raffaele será el 27 de noviembre. Cortesía Diego Posso

La costa Pacífica es la tierra del olvido. No hay carreteras, ni mucho menos un puesto de salud digno para atender a los más de un millón de habitantes.  En los dos o tres que hay el panorama es el mismo. El abandono y deterioro toman protagonismo. (Puede leer: "Titanes Caracol" ya abrió sus inscripciones)

Por tal razón, en 2009 Diego Posso, un paramédico caleño, decidió crear el barco hospital San Raffaele, con el objetivo de poder acercar los servicios de salud a la mayor cantidad de habitantes del Pacífico colombiano. Flotando enfrenta las barreras que hay para llegar a estas abandonadas poblaciones.

“Yo trabajé como paramédico durante dos años en el Hospital Departamental del Valle y me di cuenta de que las condiciones no eran las mejores. Me salió una oportunidad de vivir en Milán (Italia) con mi hermana Norma y allí nació la idea de crear la Fundación Italocolombiana del Monte Tabor”, aseguró Posso a El Espectador. (Le puede interesar: Titanes Caracol: una esperanza en el barrio más peligroso de Medellín)

Desde Milán comenzó, con ayuda del personal médico, a reunir equipos médicos y enviárselos a los bomberos de Cali para que ellos los llevaran a los centros de salud. Allí conoció al exfutbolista Iván Ramiro Córdoba, quien se convirtió en su aliado.

En 2006, tras diez años de estar viviendo en el país europeo, regresó a Colombia. Decidió viajar a Buenaventura para ver las condiciones de salud de los habitantes. Pero, se llevó una terrible sorpresa. El único puesto de salud estaba casi en ruinas y sólo podía suministrarles a sus pacientes lo básico: vacunas y pastillas. (Lea: Titanes Caracol: una oportunidad después de la guerra)

“En Buenaventura conocí el proyecto del Hospital Esperanza. Comencé a ayudarlos y me metí tanto en esa labor que decidí emprender mi propio proyecto. Me demoré tres años planeándolo para que saliera de la mejor manera posible. Así fue como en 2009 zarpó por primera vez el barco hospital San Raffaele”, relató el caleño.

Diego junto a otros voluntarios emprendieron su viaje por todo el Pacífico. Llegaron a poblaciones en las que sus habitantes jamás habían visto a un médico. Desde ese momento, Diego descubrió que ese era su objetivo en el mundo y que iba a luchar cada mes para completar una misión médica.

“Es difícil iniciar cada una de ellas, pues tienen un costo de $120 millones. Duran diez días y alcanzamos a atender a cerca de 300 personas por día. A eso se le suman las horas de viaje. Cada población es muy lejos y de difícil acceso, nos demoramos de 12 a 24 horas viajando. Antes de llegar a cada lugar hablamos con un líder y él nos explica las condiciones de salud de los habitantes”, explicó Posso

Sin embargo, no todo ha sido fácil en este camino. Para Diego lo más difícil fue una emergencia que les tocó atender en Palestina, una población que queda cerca al río San Juan, en Chocó. “Una niña de un año y medio, perteneciente a una comunidad indígena cayó de espaldas sobre el fuego. Tuvo quemaduras desde el dorso hasta los glúteos, y sólo pudimos ayudarla a los dos días, cuando conseguimos llegar. Oírla gritar, llorar y verle las heridas tan infectadas me causó impotencia. Esas cosas me llevaron a pensar por qué algo tan vital como los puestos médicos no están al alcance de todos”, contó Diego.

Por historias como estas es que Diego le ha puesto todo su empeño al barco hospital, que hasta el momento suma 33 personas, siendo 26 médicos y enfermeras voluntarias. Dentro de él cuentan con sala operatoria, puestos de recuperación, central de materiales, cinco consultorios. Además de pediatría, ginecología y odontología. El Ministerio de Salud los ha ayudado, sin embargo, el 80% de la financiación proviene desde Italia, donde comenzó esta travesía.

Gracias a su buena labor fue finalista en la categoría Salud y Bienestar de Titantes Caracol, un programa que él califica como lo más gratificante de su vida. Pues no sólo le dio más visibilidad al proyecto, sino que le permitió conocer a más personas para poder seguir ayudando. “Quiero invitar a la gente para que sean titanes y ayuden en sus comunidades. Esto me dejó una gran responsabilidad y un legado con las poblaciones. No puedo desfallecer”, narró emocionado Diego.

Espera tener cuatro barcos más que recorran toda la costa Pacífica y poder construir un hospital de nivel 4 en Buenaventura, en el que puedan darle asistencia y seguimiento a los pacientes con patologías crónicas. 

 

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