7 Jul 2021 - 4:00 p. m.

Ejemplo de turismo sostenible y comunitario

Guaviare, un recorrido con pasos de esperanza

El departamento ha encontrado en el turismo un nuevo renacer, llevando en cada experiencia un ejemplo de respeto por la naturaleza y una historia arraigada en la cultura de sus habitantes y nuestros antepasados.

Ir a Guaviare es alistar los pies y el alma para un recorrido lleno de esperanza, cultura, desconexión de todo lo conocido y contacto absoluto con la naturaleza. Y es que, aunque por muchos años la violencia lo haya nublado, es un territorio privilegiado y rico en biodiversidad, lleno de senderos naturales, arte rupestre, lagunas, pozos, túneles y vegetación, que son el hogar de miles de especies animales.

Poco a poco, sus habitantes han querido transformar su historia, resaltando las maravillosas experiencias que este destino puede mostrar al mundo. De hecho, se calcula que existen al menos 98 atractivos turísticos por conocer, cada uno de ellos está arraigado a una historia y resalta la cultura de las comunidades que habitan en el territorio y de nuestros antepasados.

Además, Guaviare se consolida cada vez más como un ejemplo de turismo comunitario, ya que los campesinos dejaron de lado los cultivos ilícitos para formarse académicamente y recibir a los turistas con el mayor conocimiento posible.

El principal aprendizaje que obtuvieron es ofrecer experiencias únicas e inolvidables, sin quitarles la libertad y el respeto a las especies de su hábitat natural. Econare es uno de esos emprendimientos, ubicado a cien metros de la laguna Damas de Nare. Para llegar hasta allá hay un recorrido fluvial por canoa de cuatro kilómetros. La magia del camino la hace el silencio, que permite escuchar las más de 180 especies de aves y encontrarse entre los árboles con al menos diez especies de primates que juegan y se alimentan con libertad.

  • Laguna Damas del Nare

Una de las experiencias de conexión más directa con la naturaleza se encuentra en la llegada a la laguna, que tiene conexión con el río Guaviare, donde habitan entre 8 y 10 ejemplares de delfines de agua dulce. La laguna es su hábitat natural, no reciben comida externa y lo único que se reciben de las personas es cariño, caricias y aplausos.

Los visitantes tienen la oportunidad de llevarse uno de los recuerdos más especiales de su vida al entrar en las oscuras aguas de la laguna y aventurarse a nadar con estos cariñosos animales, que cada tanto pueden acercarse a su cuerpo, jugar con sus manos con leves mordiscos y metiéndose entre sus piernas. Su piel es tan suave y delicada, que antes de decidir entrar al agua, los visitantes deben tomar una ducha para quitar todo residuo químico de su cuerpo, como desodorantes, maquillaje, repelente o cremas, entre otras sustancias que puedan ser nocivas para la salud de los animales.

  • Caño Sabana

Hoy este es uno de los atractivos turísticos más deseados por los visitantes a San José de Guaviare. Se trata del balneario Tranquilandia, donde se encuentra Caño Sabana, un río adornado por una maravillosa planta endémica de color rosado llamada “Macarenia clavigera”, la cual crece en áreas rocosas, aguas torrentosas y zonas despejadas donde entra el sol directamente.

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Tiene, además, un ciclo de vida relacionado con las épocas de lluvia, que son entre mayo y noviembre, lo que significa que no se podrá apreciar la coloración rosada del agua en verano. Otro aspecto a considerar es que su tallo es muy delicado; por lo tanto, no se permite el ingreso de personas al río.

  • Mirador del cerro Tepuy del raudal del Guayabero

Cada destino turístico de la región tiene una magia particular, pues lo que lo hace más especial no siempre es la llegada a los lugares, sino el camino recorrido para lograrlo. Circuitos de al menos 30 minutos, como el que se emprende para llegar al cerro Tepuy del raudal del Guayabero. Los senderos naturales, túneles y formaciones rocosas hacen que el camino sea toda una aventura: ascender por medio de lianas, escalar las rocas, subir por escaleras naturales y cerciorarse de no interponerse al paso de alguna serpiente son algunas de las travesías que se encuentran en el camino.

La primera parada es en una gran formación rocosa donde está plasmada una de las primeras manifestaciones del arte rupestre, descubiertas en la Expedición Orinoquia. Siguiendo el circuito, el destino final es un mirador, donde se evidencia que uno está en medio de la nada, pero, a la vez, en medio de todo. El lugar tiene vista a la marcada frontera entre el departamento del Meta y Guaviare. En un costado está la sierra La Macarena y en el otro la serranía La Lindosa.

  • Arte rupestre vereda Nuevo Tolima

Otro de los lugares mágicos que tiene el departamento está en la vereda Nuevo Tolima, ubicada en la Serranía La Lindosa (declarada zona arqueológica protegida desde hace tres años), donde una caminata de al menos 25 minutos por senderos naturales lleva a los visitantes a una formación rocosa de origen cámbrico, de unas 48.000 hectáreas.

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En ella se encuentra plasmada toda una historia enigmática mediante el arte rupestre. Los pictogramas, pintados con sustancias minerales y óxidos de hierro, reflejan la cotidianidad de nuestros antepasados, cuya antigüedad se calcula entre 200, 300 y hasta 12.000 años.

  • La Recebera, pozos naturales

Para el clima cálido y húmedo que caracteriza a la región, en el sector de La Recebera se encuentran pozos de hasta cuatro metros de profundidad, en los que los visitantes pueden refrescarse luego de la caminata de 35 minutos que se emprende para llegar hasta allá. Las formaciones rocosas permiten que el agua caiga en forma de cascada y sumergirse sin sentir el suelo en compañía de pequeños peces.

  • Resguardo Indígena Panuré

No solo han sido los campesinos y habitantes del departamento los que han transformado su estilo de vida y encontrar en el turismo una oportunidad de renacer. Las culturas indígenas, también están en un proceso de formación, a través de la Corporación Suase, con el fin de tejer sus tradiciones y enseñarlas al mundo con un mensaje de resiliencia. Es el caso del resguardo indígena Panuré, conformado por 300 familias de varias comunidades que pretenden mantener la cultura viva a través de la fibra de la palma de cumare, con la que realizan artesanías para ofrecer a los turistas elementos como contenedores, joyeros, manillas, entre otras.

Asimismo, reciben a las personas con calidez en medio de un ritual que simboliza alegría e integración, en una maloka tradicional ubicada en San José de Guaviare. Con sus trajes típicos, los niños de la comunidad realizan una danza tradicional mientras ofrecen a los visitantes uno de los platos típicos de la región: pescado dorado moqueado, consiste en envolver el pescado en hojas de plátano y cocinarlo al humo, acompañado de casabe, una especie de tortilla elaborada a partir de la yuca brava o mandioca.

*Invitada por: Fontur.

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