Carolina Faure llegó a París, Francia, hace 25 años, cuando acababa de terminar la universidad, con la decisión tomada de ampliar su horizonte y abrirse camino en un país extranjero. Aprendió francés trabajando como barista en un café y rápidamente comenzó a buscar oportunidades profesionales, sin miedo a equivocarse. Por esa época confiesa que hablaba muy mal, pero que “se hacía entender”.
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Aunque estudió psicología, sus ojos siempre estuvieron puestos en el sector gastronómico. En Colombia había trabajado con menús especializados para deportistas o personas con necesidades nutricionales específicas, titulando incluso su tesis universitaria como Food and Mood, una exploración que permitió entender desde su oficio cómo lo que las personas consumen influye en sus emociones.
Fue en París donde empezó a trabajar en publicidad, sin embargo, rápidamente encontró su camino en la exportación de productos artesanales para el mercado estadounidense. “Me especialicé en la búsqueda de fabricantes de alimentos, visitando plantaciones de aceite de oliva, fábricas de porcelana, chocolates y vinagres. Durante 15 años, aprendí todo sobre logística, regulaciones legales y desarrollo de productos, trabajando con artesanos que preservaban tradiciones centenarias”, narra.
El “descubrimiento” del chocolate colombiano
Su interés por el cacao se dio cuando empezó a notar que en Francia muy pocos chocolateros elaboraban chocolate desde el grano. Faure comenzó a explorar sus raíces, descubriendo las bondades del chocolate colombiano y reconociendo su diversidad y calidad, encontrando dos fabricantes en Bogotá que trabajaban desde el cacao hasta la tableta, utilizando cacao fino de aroma, una variedad que desde su investigación representa solo el 5 % del cacao mundial.
Tibitó y Fruto de Cacao, son los dos productores nacionales que elaboran chocolate bean-to-bar, es decir, desde el grano hasta la tableta. Estos negocios utilizan cacao fino de aroma proveniente de distintas regiones de Colombia, lo que permite resaltar los perfiles únicos de sabor del cacao colombiano en el mercado europeo.
“Cada región de Colombia produce un cacao con un perfil diferente. Uno puede ser más ácido, otro más frutal, otro con notas de frutas amarillas. No se les agrega nada, es la misma receta, pero el origen lo cambia todo”, explica.
Carolina llevó estos chocolates a Francia, participando en concursos y degustaciones. Uno de los productos seleccionados, con cacao del Putumayo, ganó una medalla de bronce y permitió ubicar estos exponentes de sabor colombiano en tiendas como Le Bon Marché, al lado de productos europeos de lujo.
Exportar productos gourmet desde Colombia a Europa no ha sido un trabajo sencillo. “Cada producto requiere documentación completa, códigos EAN, empaques con información nutricional y cumplimiento de normas europeas. Además, factores climáticos, como lluvias intensas en el Chocó, pueden afectar la calidad del cacao, obligando a ajustar la producción año a año”, explica Carolina.
Aunque la mayor parte de los productos se venden en Francia, la colombiana ha ampliado su oferta, exportando también a Italia, Alemania y Bélgica, donde además de los chocolates, el café, las frutas liofilizadas y los ajíes artesanales empiezan a ganar protagonismo en una escena de sabor donde Colombia sigue dando de qué hablar. Su objetivo es que la cadena sea directa, del productor al consumidor, sin intermediarios, una ecuación que hasta hoy es la garantía de su proyecto.
Mujeres y comunidades productoras
Faure trabaja estrechamente con productores colombianos, muchas veces mujeres, apoyando la valorización de sus ingredientes y los métodos tradicionales que emplean en la creación de sus recetas. “Todos los proveedores y la cadena van de la mano para poder navegar el cambio de precios, los cambios climáticos y la logística en este proceso”.
Un ejemplo de esto es el ají del Vaupés, el cual es secado y triturado por comunidades amazónicas, que la colombiana radicada en Francia distribuye en botellitas para el mercado europeo. Este producto fue parte de una exposición sobre la Amazonía en el Musée du Quai Branly en París, evidenciando cómo las comunidades pueden mantener sus rituales y vivir de su producción.
Además del chocolate, ha logrado incorporar otros productos nacionales donde se destacan sabores como el de la uchuva, el mango y la piña, todos seleccionados por su frescura y sabor auténtico. “Estos productos cuentan una historia de la diversidad colombiana. Cada sabor es único y emocionalmente conecta con quienes lo prueban”, afirma.
Las salsas y snacks tradicionales, como el patacón pisado, y el café de finca con perfiles únicos, cultivado y tostado en Colombia, también se han venido desarrollando en su portafolio asegurando frescura y preservando los aromas originales del producto.
Entre retos económicos y la visión de un negocio
Carolina destina toda la inversión a su empresa, con un propósito y proyección que está fundamentado en consolidar un flujo económico en los próximos años. En el proceso, ha logrado duplicar ventas en solo dos años y está por enviar su primer contenedor marítimo directo desde Colombia a Europa.
“Cualquier producto que traigo es mi responsabilidad. Si no tengo la certeza de su calidad, no lo puedo traer. Es un gran compromiso”, comenta. Posicionar los sabores colombianos en París y Europa como parte de la gastronomía internacional es su meta. “Quiero que una repisa tenga comida colombiana, llena de productos que valoren todas las culturas que hay en Colombia”, afirma. Sus degustaciones han permitido que los consumidores franceses descubran sabores desconocidos del Putumayo, Córdoba y otras regiones, creando “una experiencia neurosensorial que conecta con la memoria gustativa de quienes prueban los productos”.
La bogotana ve la materialización de su idea como una forma de mostrar la riqueza de Colombia y el valor de sus comunidades. “Hay que darse cuenta de la suerte que tenemos de ser colombianos. Cada región es un país en sí mismo, con sabores, aromas y tradiciones únicas. Mi misión es compartir eso con el mundo”.
Su historia demuestra que la gastronomía puede ser un puente cultural y económico, conectando tradiciones locales con mercados internacionales, siempre con respeto y valorización de los productores.
Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧