A la Costa Amalfitana se llega persiguiendo el mar, pero muchas veces se termina recordando por el limón. Aparece en las terrazas que bajan hacia el Mediterráneo, en las vitrinas de las tiendas, en los helados servidos dentro de su propia cáscara, en los dulces, en las cerámicas, en la ropa y en esos recuerdos amarillos que terminan perfumando la maleta.
En medio de una costa famosa por el azul de su mar, esta fruta logró robarse parte del hermoso paisaje italiano.
Su versión más reconocible llega fría, brillante y servida en copas pequeñas después de comer. Se llama limoncello y resume como pocas cosas esa mezcla de sol, cocina y dolce vita que suele asociarse con el sur de Italia.
Es elaborado con cáscaras de limón maceradas en alcohol, explica La Cucina Italiana. La clave está en la piel del fruto, más que en el jugo. Allí se concentra buena parte del aroma que le da su sabor intenso.
Por eso no sabe como una limonada. Es dulce, cítrico, perfumado y fresco, pero sigue siendo un licor. Tiene una entrada amable, casi de postre, aunque conserva la fuerza propia del alcohol.
En boca se mueve entre el dulzor y la acidez, con un golpe aromático que parece pensado para el calor, una tarde lenta y ese momento en que la comida termina, pero la conversación todavía no.
Muchas botellas se conservan en el congelador porque este licor se aprecia mejor a baja temperatura. El frío suaviza la sensación alcohólica, equilibra el dulzor y deja salir mejor el perfume de la cáscara.
Pero el limón no se queda solo ahí. También tiene variantes y nuevos usos. Existe la crema de limoncello, más suave y láctea, y aparece en granizados, helados, cafés con cáscara de limón, dulces rellenos, limonadas y bebidas frías.
En coctelería, su mezcla de acidez, dulzor y aroma permite llevarlo a preparaciones con ginebra, vodka, vinos espumosos o prosecco, como apunta Gastronomistas. También puede darle un giro mediterráneo a versiones inspiradas en el Spritz, el Martini, el Gin & Tonic, la Margarita, el Daiquiri o el Pisco Sour.
Sin embargo, el limón de la Costa Amalfitana no vive solo en el limoncello. En la zona de producción del Limone Costa d’Amalfi IGP se sirve al natural, en ensalada, como condimento para pescados, mariscos, pastas y carnes, y también en babà al limoncello, profiteroles, chocolates y tartas, como detalla el Ministerio de Agricultura italiano.
Hoy, esa relación entre fruta, territorio y turismo también se convirtió en experiencia. Por ejemplo, en Conca dei Marini, Tripadvisor registra un Tour del Limón por la Costa Amalfitana con visita a un limonar, explicación de métodos de cultivo, paso por una fábrica local y degustación de limoncello.
GetYourGuide también ofrece una actividad en Amalfi centrada en recorrer limoneros, conocer el limón sfusato, probar productos cítricos y preparar limoncello artesanal.
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No es un limón cualquiera
Estas preparaciones no serían las mismas con cualquier limón. El Limone Costa d’Amalfi cuenta con Indicación Geográfica Protegida y proviene de la variedad Sfusato Amalfitano, explica el Ministerio de Agricultura italiano. Su nombre habla de la forma alargada del fruto, de ahí “sfusato”, y del territorio donde se consolidó con el tiempo.
Este limón tiene cáscara de grosor medio, color amarillo pálido intenso, aroma fuerte, pulpa jugosa, acidez moderada, pocas semillas y tamaño mediano-grande. Su riqueza en aceites esenciales y terpenos lo vuelve especialmente valioso para elaborar licor de limón, añade el Ministerio.
Ahí se entiende mejor la fama del limoncello, pues en cada copa hay algo del árbol, del sol, de la piel del fruto y de ese paisaje donde el amarillo del limón parece ser el maridaje perfecto del azul del mar.
¿Cómo hacer un Limoncello Spritz?
Si busca una bebida rápida, fresca y con el sabor del sur de Italia, esta es la respuesta.
Ingredientes
- Prosecco o vino blanco espumoso (3 shots).
- Limoncello (2 shots).
- Agua con gas (1 shot).
- Hielo.
- Limón en rodajas y hojas de menta.
Preparación
- Agarre un vaso de buen tamaño y cárguelo de hielo.
- Vierta los tres shots de prosecco, siga con los dos de limoncello y remate con el golpe de agua con gas.
- Ponga una rodaja de limón en el borde del vaso, suelte un par de hojas de menta fresca y listo. A beber.
- ¡Disfrute!
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Un poco de historia cítrica
La Costa Amalfitana no se volvió amarilla de un día para otro. La presencia de limoneros en la zona está documentada desde épocas antiguas. Los árabes introdujeron el limón en España y Sicilia, y desde allí llegó a Campania, recoge el Consorzio di Tutela Limone Costa d’Amalfi IGP.
Su expansión también tuvo mucho que ver con el mar. Para los amalfitanos, un pueblo de navegantes, llevar cítricos en los barcos era clave por su utilidad contra el escorbuto, enfermedad nutricional grave causada por la falta de vitamina C (ácido ascórbico) en la dieta. Por eso, desde el siglo XI, la República Amalfitana ordenaba que sus embarcaciones llevaran provisiones de limones.
Entre 1400 y 1800, los limones amalfitanos tuvieron alta demanda, especialmente en países del norte de Europa. Antes de aparecer en camisetas, cerámicas o botellas de licor, el limón fue un alimento, un negocio y una necesidad. Después llegó el auge del turismo y, con él, esa presencia amarilla que hoy parece estar en todas partes.
Al final, el limón no es solo una fruta local. Es una forma de probar, mirar y recordar la dolce vita del sur de Italia.
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