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Tapeo Mediterráneo en Bogotá: así es la experiencia de “Bikinis” en Chapinero

Entre sabores clásicos, respeto por los ingredientes locales y un concepto que celebra la amistad alrededor de la comida, la propuesta, ubicada en uno de los corazones gastronómicos más importantes de la capital, refleja la personalidad y la visión de su chef, Andrius Didžiulis.

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Tatiana Gómez Fuentes
08 de marzo de 2026 - 12:00 a. m.
Bikinis es una propuesta gastronómica que queda ubicada en Chapinero en la Carrera 6 #58 - 48.
Bikinis es una propuesta gastronómica que queda ubicada en Chapinero en la Carrera 6 #58 - 48.
Foto: Bikinis
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Bikinis-Bar de Amigos es un proyecto que va más a allá de un restaurantes y que busca traer la esencia del tapeo mediterráneo a Bogotá. En él, se combinan tradición, innovación y un espíritu social que invita al comensal a quedarse y disfrutar a través de los bocados. Así lo describe su creador, el chef Andrius Didžiulis, quien junto a los mismos fundadores de Café Bar Universal, Salón Tropical y Bubu Burgers, ha construido un espacio con identidad en una de las esquinas más emblemáticas de Chapinero, barrio que puede definirse como uno de los corazones gastronómicos más importantes de la capital colombiana.

“Los olores y sabores del País Vasco siempre han sido recuerdos muy potentes para mí. Es una cocina de sabores cercanos, limpios, pero al mismo tiempo profundos y contundentes. Allí, el producto es el gran protagonista, y ese discurso lo hemos mantenido en todos nuestros conceptos. Menos artificio y más respeto por el ingrediente, es nuestra carta de presentación”, explica Didžiulis.

Sin embargo, la inspiración para el líder de los fogones de esta propuesta va más allá de la comida, para él “es la energía de sus comedores, de las barras llenas, de las salas de tapeo. En España se come con naturalidad, con goce, sin rigidez. Esa sensación fue el verdadero punto de partida”.

La ubicación también fue un factor determinante para este chef adoptado por Colombia. Manifiesta que siempre hubo una conexión importante con el sector bogotano. “La casa pedía barrio, barra, movimiento; y la inspiración pedía tapeo. Queríamos algo divertido y delicioso, pero de barrio. Un lugar al que uno pueda ir sin protocolo, pero con una cocina seria detrás”, comenta

Una experiencia más que un restaurante

Para Didžiulis, Bikinis es un acto social que se saborea, por eso es enfático en que ser un restaurante de barrio significa que se sienta en cada cucharada la amistad, el encuentro y la conversación alrededor de los sabores que se crean en su cocina. Su propósito nunca ha sido diferente desde que pensó en el concepto, así que, que “la gente pueda llegar por una copa y termine quedándose horas” es el plato principal. Por eso, la carta está diseñada para disfrutarse con tranquilidad, con recetas pensadas para compartir al centro de la mesa.

“La carta es versátil, tiene sabores clásicos muy reconocibles y otros con nuestro sello más personal. La idea es que la mesa se vaya llenando poco a poco, que haya ritmo”, explica, y aunque la propuesta busca sorprender, su chef mantiene un profundo respeto por la tradición. “Generalmente, mientras más se manipulan los clásicos, peor es el resultado. Hay platos que no necesitan reinterpretación, sino una ejecución impecable”, narra en entrevista para El Espectador.

Productos como el cordero lechal o el cochinillo se trabajan con paciencia y técnica, utilizando como herramienta una parrilla–horno de leña que aporta un toque ahumado sin perder la esencia mediterránea. Entre las preparaciones más representativas de Bikinis, se destaca una tostada trifásica que “es una bomba de umami, intensa pero equilibrada. Tiene tradición, producto protagonista y un toque único nuestro. Es sencilla en apariencia, pero poderosa en sabor”.

Los postres, en palabras de Didžiulis no se quedan atrás. La tarta soufflé de chocolate 76 %, es una de las más destacadas y su textura da cuenta de ello, caracterizándose por algo en particular, es una preparación que está entre un volcán y un mousse. “Se acompaña con un helado de café que hacemos en casa. Es un final intenso pero elegante”.

Vino, producto local y comunidad

La filosofía del lugar también está reflejada en la selección de sus vinos y proveedores, resaltando la importancia de trabajar con productores locales colombianos. “Cuando trabajas de cerca con quien cultiva, cría o pesca, entiendes mejor el ingrediente. Eso se traduce directamente en una mejor experiencia para el cliente. Es una cadena de confianza”.

La carta de vinos quiere reflejar al amante del buen comer el equilibrio entre lo que significa tradición y frescura, por eso incluyen referencias clásicas y opciones naturales. “Cuando están bien hechos, los vinos naturales son más expresivos, de menor intervención y más delicados. Permiten tomar más copas sin saturar el paladar”, asegura.

Por eso, abrir Bikinis en Chapinero no es casualidad. Andrius vivió cerca de la casa que hoy alberga el restaurante hace diez años. En su mente siempre existió la idea de que fuera una propuesta gastronómica, así que abrir este espacio para él “es cerrar un círculo personal y conectar con un barrio que tiene una identidad cultural de sabor única”. Para él, la verdadera esencia de su proyecto se encuentra en la comunidad y la alegría compartida que produce un buen bocado alrededor de la mesa.

¿Dónde queda? Carrera 6 #58 - 48 (Chapinero, Bogotá)

Si te gusta la cocina y eres de los que crea recetas en busca de nuevos sabores, escríbenos al correo de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com) para conocer tu propuesta gastronómica. 😊🥦🥩🥧

Tatiana Gómez Fuentes

Por Tatiana Gómez Fuentes

Comunicadora Social - periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga, con maestría en gestión y dirección comercial con énfasis en comunicación, publicidad y ecommerce de la Universidad Complutense de Madrid.@tagy_petustgomez@elespectador.com

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