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El terremoto dañó la casa de la Madre Pulga, lideresa trans: piden donaciones para repararla

El terremoto en Colombia derrumbó parte de la casa de la “Madre Pulga”, una mujer trans que por más de tres décadas ha impulsado iniciativas en Pereira para ayudar a personas con identidades de género diversas. Ahora, colectivos se unieron para ayudar a la activista que cuidó a varias generaciones.

Redacción Género y Diversidad

19 de agosto de 2026 - 04:00 p. m.
Afectaciones en Pereira tras el terremoto.
Foto: EFE - Carlos Ortega
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El terremoto del pasado 10 de agosto desplomó parte de la casa de Leidi Mallive Londoño Aguirre, conocida por sus redes de apoyo como la “madre Pulga”, una mujer que durante más de tres décadas ha acompañado a las personas trans en Pereira y que tras el desastre resultó herida. Ahora, cuando es ella quien necesita ayuda, son muchas a las que alguna vez les tendió la mano las que están recogiendo dinero para ayudarle a levantar de nuevo su casa.

“Madre Pulga es parte de nuestra historia y de una generación de mujeres trans que abrió caminos, resistió y construyó comunidad cuando hacerlo era todavía más difícil”, reconoce Radiotuta, un proyecto de podcast y memoria que busca recuperar las historias y las luchas del transformismo y la población LGBTIQ+ en Colombia.

Leidi Mallive recuerda con orgullo que fueron sus amigas trans las que la acompañaron a bautizarse cuando era muy joven. Ella ni siquiera sabía de qué se trataba, pero ellas le aseguraron que toda persona debía hacerlo. Fue desde ese momento que recibió el nombre de la “pulga”, por ser como ella misma cuenta, “la marica más pequeña”.

(Lea aquí: Personas LGBTIQ+ reportan pérdidas y falta de ayudas tras el terremoto: así puede donar)

Nació en Aguadas, Caldas, y llegó a Risaralda aún siendo menor de edad, empujada por la violencia que enfrentaba por su identidad de género diversa. Ubica el comienzo de su activismo en 1991. De esa época recuerda las batidas de la policía, los encerramientos en calabozos que iban de 24, 48 y hasta 72 horas, y la violencia física constante. En medio de todo eso, ella y otras mujeres comenzaron a interponer acciones legales para exigir que les respetaran el derecho a estar en el espacio público y, también, a trabajar. Con el tiempo, dice, las batidas continuaron, pero ya no podían quitarles su dignidad.

Así empezó a hacerse conocida entre las mujeres trans de Risaralda. Con los años, muchas comenzaron a buscarla y ella asumió un lugar que describe simplemente como el de una madre. Un oficio que, en su caso, consiste en acompañar: recibir en su casa a quien llega sin tener dónde dormir, ir al hospital con quien se enferma, y, cuando alguna muere, hacer los trámites de defunción y conseguir las flores para el funeral. “Como madre yo les colaboro mucho aún cuando no tengo nada. Porque yo no tengo nada, yo también soy pobre como ellas”, dice.

Y es que la figura de las madres trans hace parte de las familias elegidas que muchas personas con experiencias de vida trans construyen a lo largo de los años. Son vínculos que no parten necesariamente de la consanguinidad o el parentesco biológico, sino de las experiencias compartidas y de las redes que se construyen entre quienes encuentran en otras personas el apoyo, la compañía o el cuidado que necesitan. Es desde ese vínculo que mujeres como Leidi son reconocidas como “madres”, porque acompañan, orientan y comparten lo aprendido con otras mujeres trans.

Y es esa relación de cuidado la que cobraría un nuevo sentido para ella y la población LGBTIQ+ risaraldense después del terremoto. El 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, en Chocó, sacudió el occidente colombiano. Pereira estuvo entre las ciudades más golpeadas. En la casa de la Madre Pulga, donde vivía junto a otras mujeres trans y nueve perros que adoptó, se derrumbaron varias paredes y el resto de la estructura quedó agrietada. Por suerte, ella salió con heridas menores.

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Por eso, organizaciones sociales como la Red Comunitaria Trans y Radiotituta se unieron para ayudar a la activista bajo la consigna de “tenemos que cuidar a nuestras adultas trans”. La idea es recoger fondos para que Leidi pueda reparar su casa y atender las lesiones que sufrió durante el terremoto.

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“Hoy queremos acompañarla y ayudarla a reconstruir, no solo su casa, sino también la tranquilidad y el respaldo que necesita en este momento”, se lee en la convocatoria difundida por redes sociales. Allí invitan a las personas a ayudar con dinero que llegará directamente a la cuenta de Londoño. Hasta el momento, cuenta, ha recibido COP 300.000, con los que ha podido cubrir algunos gastos básicos, incluida, la comida de sus nueve perros.

La situación de las personas trans después del terremoto

La casa de la Madre Pulga es una de las muchas historias que comienzan a aparecer después del terremoto y que demuestra que no todas las personas viven los desastres de la misma manera. El último balance realizado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) reporta 304 personas fallecidas, 4.548 heridas, 426 desaparecidas y 356 personas rescatadas. No obstante, Juli Salamanca Cortés, directora ejecutiva de la Liga de Salud Trans advierte que “las emergencias no afectan a todas las personas de la misma manera”. Después de una emergencia de estas dimensiones, explica, las personas trans y no binarias enfrentan mayores dificultades para acceder a vivienda, alimentación, atención integral en salud, medicamentos y ayudas humanitarias.

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A las afectaciones que deja el desastre se suman las condiciones ya estaban presentes antes, como la exclusión social, la precarización laboral y la discriminación institucional, asegura.

“Nos preocupa especialmente la situación en el Pacífico colombiano, particularmente en Chocó y Buenaventura, donde las limitaciones históricas en la presencia estatal y en la capacidad de respuesta humanitaria incrementan los riesgos para las personas trans. Muchas de ellas dependen de economías informales, redes comunitarias de cuidado y tratamientos médicos continuos que pueden verse afectados o interrumpidos durante la emergencia”, agrega.

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De hecho, Caribe Afirmativo también recibió información desde Buenaventura y Argelia sobre los efectos del terremoto en la población LGBTIQ+. Líderes comunitarios y hombres trans reportaron graves daños en varias viviendas. La preocupación está en que algunas de estas personas no han encontrado albergues que respondan a sus necesidades y han tenido que quedarse temporalmente en casas de vecinos, “En estos territorios, la mayoría de estos espacios son liderados por grupos religiosos que incluso rechazan, de entrada, poder dar respaldo a una persona trans, pues proponen acciones desde una atención binaria, desconociendo su vulnerabilidad y aumentando el riesgo”, aseguró el director de la organización Wilson Castañeda.

Desde las organizaciones sociales, hacen un llamado a las autoridades, entidades humanitarias, organizaciones sociales y ciudadanía para que la respuesta incorpore un enfoque diferencial, territorial y de género. “Esto implica garantizar el acceso oportuno, digno y sin discriminación a albergues seguros, alimentación, atención en salud, medicamentos, protección frente a las violencias y ayudas económicas, respetando en todo momento la identidad y expresión de género de las personas afectadas”, añade Juli Salamanca.

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También plantea que el Gobierno nacional debería articular su respuesta con las organizaciones trans que trabajan en los territorios. Son ellas, dice, quienes ya conocen de cerca las necesidades de la población y pueden ayudar a identificar a las personas que, en medio de la emergencia, corren el riesgo de quedar nuevamente por fuera de la respuesta institucional.

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