El pasado jueves 23 de marzo, hacia las 8:00 p.m., Andrea pidió un servicio de transporte a través de la plataforma DiDi en el barrio Chapinero Alto, en Bogotá. Desde un principio notó que el conductor tenía comportamientos extraños, pero pensó que estaba siendo paranoica e intentó calmarse. No pasó mucho tiempo cuando se dio cuenta de que él la miraba frecuentemente y, entonces, le compartió a alguien las placas del vehículo y su ubicación en tiempo real. Luego, sintió un hormigueo en los brazos y las piernas. (Caso Matador: la violencia de género, ¿asunto público o privado?)
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No había pasado ni una semana desde que Andrea había visto en Twitter la denuncia de otra mujer que contaba que había sido drogada por un conductor de la misma plataforma. Como cada vez sentía menos sus extremidades, aprovechó que el carro paró en un semáforo y salió corriendo. Segundo después, llegó a una tienda donde la auxiliaron, cada vez estaba más mareada y temblando. Una amiga la auxilió y la llevó a una clínica, donde le tomaron muestras e hicieron pruebas de toxicología, pero los médicos le dijeron que los resultados se demoraban y lo más probable es que salieran negativos, como efectivamente sucedió. (“No se viola”: así transcurrió el plantón en el colegio las Bethlemitas)
Ese mismo día, en el norte de la ciudad, Kelly solicitó un DiDi e inició el trayecto a las 9:50 p.m. Al subirse al carro, llamó a su novio para avisarle que iba para su casa, pasaron cinco minutos y empezó a sentir que no podía controlar sus manos. Kelly relata que tenía la sensación de que su cabeza flotaba y quería huir. Sin embargo, tenía miedo de que el conductor la agarrara del brazo al quitarse el cinturón de seguridad, por eso simuló que iba a retirarse la chaqueta, y a la altura de la calle 134 con carrera 19, decidió aventarse del auto y correr.
Encontró ayuda en un parque de una zona residencial y los transeúntes llamaron a su novio. Unos policías que la auxiliaron le recomendaron poner una denuncia y reportar al conductor en la aplicación, no obstante, al ingresar a ésta se dieron cuenta de que la carrera había sido cancelada a la misma hora que el trayecto inició. Fue a urgencias y los médicos le dijeron que, por los síntomas que estaba teniendo, podría tratarse de escopolamina, pero que, como es una sustancia que actúa muy rápido, pero dura poco en el cuerpo, cuando le fueran a tomar los exámenes iban a salir negativos. Pasaron cinco horas y, al igual que con Andrea, no hubo forma de trazar la sustancia.
Estos dos casos relatados, junto con otros dos denunciados en redes sociales de forma anónima, comparten similitudes con los hechos narrados por la periodista Mariana Ordóñez, a través del medio Manifiesta. Sin embargo, como ella ya había experimentado una situación similar hace un año con otra plataforma, no fue a urgencias ni interpuso una denuncia, porque afirma que sabía que no iba a pasar nada. “Aquí ya no importa lo que a mí me pasó, cuántas más mujeres tienen que pasar por lo mismo sin que DiDi dé soluciones a los casos”, comenta la periodista.
En menos de un mes, se han conocido ocho casos de mujeres que aseguran haber sido drogadas en aplicaciones de transporte. Cinco de ellos ocurrieron en la plataforma Didi, que responde haber aplicado los protocolos, aun cuando las usuarias alegan que son inútiles. El Espectador se comunicó con DiDi y la plataforma explica que, cuando se recibe algún reporte de un incidente de seguridad por parte de una persona “usuaria arrendadora”, a través de los canales de contacto con la app, el equipo de asistencia en seguridad activa los protocolos internos, “contactando a ambas partes para recabar las posiciones de los hechos y levantar un reporte”. (Las imágenes sexuales que presentaba un profesor de la U. Nacional a sus clases)
DiDi agrega que cuenta con un equipo especializado en temas de violencia de género y trato a las víctimas, el cual brinda la posibilidad de asistencia médica y apoyo psicológico a la persona usuaria que reporta el incidente. La compañía reitera que ha desarrollado “un ecosistema de seguridad integral que busca reducir los riesgos al mínimo”, que incluye la opción de compartir y dar seguimiento en tiempo o real al trayecto, un botón de emergencias conectado a la Línea Nacional 123, patrullas de reacción para atención en sitio y un equipo de soporte disponible 24 horas en las Centrales de Emergencias DiDi”.
Respecto a los casos denunciados, la plataforma responde que “el equipo especializado de seguridad activó los protocolos anteriormente mencionados”. Asimismo, manifiesta su entera disposición de brindar información, apoyar y colaborar con las autoridades. Sin embargo, las denunciantes con las que habló El Espectador aseguran que DiDi ha sido negligente y no les ha dado respuesta. Además, todas sostienen que desde la aplicación tampoco se han comunicado con ellas para dar un seguimiento. (Me violaron y no puse resistencia: sí, sigue siendo violación)
Mariana asegura que, después de tres intentos de comunicarse con la central de emergencias, llamadas que, según ella, atendieron operadores en México, le enviaron un correo en el que daban por cerrado el caso, argumentando que había sido atendido con éxito y le regalaron un cupón y el reembolso de su dinero como compensación. “Yo no pude llamar al 123 desde DiDi, porque no había un trayecto que seguir, porque el conductor desde el principio lo canceló”, cuenta Kelly, quien también dice que la única solución que le brindaron fue bloquear de su perfil al conductor. Por su parte, Andrea relata que, además de interponer una denuncia en la Fiscalía por lesiones personales, porque “en Colombia no puedes denunciar que te drogaron si no te roban o violan”, reportó tres veces por los canales de la app, pero que está segura de que solo ha hablado con robots.
Este diario también consultó con expertos en toxicología para entender el uso de sustancias como sedante en estos casos. Según sus explicaciones, los síntomas relatados en las denuncias, si bien socialmente se asocian con la escopolamina, cuyo uso es común en robos y violaciones por “sumisión química”, no se puede descartar el uso de otras sustancias como benzodiacepinas, que se encuentran en medicamentos para tratar la ansiedad, el insomnio o las convulsiones. Son sustancias que difícilmente son detectadas, ya que hacen efecto con bajas dosis por vía respiratoria y se consiguen fácilmente en el mercado.
Tras el aumento de las denuncias en redes sociales y la preocupación de más mujeres al momento de utilizar un servicio de transporte, los profesionales consultados recomiendan el uso de tapabocas o guantes para disminuir la posibilidad de entrar en contacto con alguna sustancia. Sin embargo, como dicen las mujeres que compartieron sus testimonios, es desgastante tener que estar en estado de alerta al tomar un servicio y, aun así, eso no es garantía de seguridad. La responsabilidad debería recaer sobre las compañías de transporte y las autoridades. (Violencia contra las mujeres: cuando el Estado las agrede)
El pasado 24 de marzo, en Medellín, entró en funcionamiento la primera app de transporte exclusiva para mujeres. Purple Drive nació como un chat de WhatsApp en el que mujeres solicitaban servicios en lugar de usar plataformas, por temor a sufrir violencia sexual. Según su fundadora, Daniela Neira, los comentarios que han recibido dicen que, con mujeres conductoras, las pasajeras se sentían más en confianza. No obstante, en redes sociales se lee que aunque es una iniciativa que intenta brindar más seguridad a las mujeres, muchas que han sido drogadas no se sentirían del todo tranquilas. (PurpleDrive: crean la primera app de transporte solo para mujeres en Colombia)
También le preguntamos a DiDi por su opción de “DiDi Mujer”, anunciada desde 2019 y que permite a las conductoras tomar exclusivamente servicios de otras mujeres. La plataforma le aseguró a este diario que en Colombia el “60% de las arrendadoras manifestaron sentirse más seguras si la usuaria es mujer”. Sin embargo, esa opción no está disponible para las mujeres que solicitan un servicio, ya que primero se debe impulsar la inclusión de otras conductoras en la aplicación para poder ofrecer y garantizar este servicio.