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El movimiento “Yo te creo colega” publicó el primer informe sobre los hallazgos de acoso sexual en medios de comunicación. Se trata de un documento conformado por más de 260 testimonios de periodistas, practicantes y trabajadoras de medios que evidencian un patrón sistemático de acoso sexual y laboral.
El informe llega un mes y medio después de que Caracol Televisión publicara un comunicado en el que informaba la activación de los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley frente a las denuncias recibidas contra Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas por presunto acoso sexual. Una situación que, lejos de quedarse en los hechos, pronto se convertiría en la segunda ola del ‘Me Too’ colombiano, en el que periodistas y comunicadoras impulsaron la publicación de testimonios en redes sociales y un canal de denuncia.
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Bajo este panorama, la investigación publicada fue liderada por las periodistas Juanita Gómez, Paula Bolívar, Laura Palomino, Catalina Botero y Mónica Rodríguez, y recoge tanto hechos recientes como casos que abarcan más de dos décadas desde que ocurrieron. Los hallazgos evidencian una “cultura repetida” de abuso de poder, que se presentó en el 80 % de la veces en medios televisivos, 15 % en medios impresos y el 5 % en emisoras radiales y plataformas digitales.
En el documento, muestran patrones comunes en los casos. En un primer momento, las expectativas y sueños en sus proyectos de vida de las jóvenes periodistas: “Yo estaba feliz, era mi primera oportunidad en un medio grande”, “Pensé que era normal, pensé que así funcionaban las cosas en este mundo”, “No me di cuenta en qué momento los halagos se convirtieron en presión”, “Yo pensaba que si decía que no, me cerraban la puerta del medio”, “sentí que mi carrera dependía de lo que yo aceptara o no aceptara”.
Se trata de mujeres sobrevivientes que apenas están al inicio de su carrera y a los que señalan como sus agresores están en posiciones de poder. “Eran directores, jefes de emisión, coordinadores, presentadores reconocidos o figuras influyentes con acceso a decisiones clave: contratación, asignación de turnos, visibilidad al aire o crecimiento profesional”, se lee.
También reportaron que los hechos casi siempre inician con un halago de reconocimiento por el desempeño laboral, como : “Eres talentosa”, “Tienes futuro”, “Me gusta tu trabajo”, para luego mezclarse con comentarios sobre la apariencia, preguntas íntimas e invitaciones fuera del entorno laboral, donde el trabajo y lo personal se cruzan, creando zonas fronterizas borrosas para las trabajadoras y confusión.
Luego llega el momento de la denuncia, en la que reportan patrones y vacíos dentro de los medios de comunicación. Cuando las víctimas toman la decisión de hablar sobre sus casos y señalar a los responsables, se enfrentan a la ausencia de canales de denuncia. “No existen canales claros de denuncia o, si existen, no funcionan o les invitan a callar. Recursos humanos que minimizan, jefes que enfrentan a víctima y agresor en la misma sala, advertencias sobre “cerrarse puertas”. También aparece el miedo a represalias: pérdida del empleo, bloqueo profesional, daño reputacional”, advierten.
En ese seguimiento de patrones, también encontraron un panorama de revictimización. Según el informe, cuando las sobrevivientes intentan defenderse, rechazar o apartarse de estas insinuaciones de carácter sexual por sus propios medios, la situación se traslada al acoso laboral, donde se presentan dinámicas de humillación, sobrecarga de trabajo, trato degradante, discriminación y abuso de autoridad. “Lo que amplía el espectro de las violencias denunciadas dentro de los entornos mediáticos”, dicen.
Y en los pocos casos que hubo respuesta institucional, las periodistas señalaron que las respuestas institucionales estuvieron acompañadas de revictimización, de acciones que no se tradujeron en garantías o incluso en complicidad con los presuntos agresores. Todo un panorama que ha generado que las víctimas sean quienes abandonen los medios de comunicación por miedo, desconfianza o desgaste emocional.
Los casos y un fenómeno de acoso que no es reciente
Entre los relatos, la periodista Juanita Gómez describe un episodio ocurrido en 2015 durante un cubrimiento en Chile, cuando un presentador intentó besarla sin su consentimiento en un ascensor, una experiencia que durante años se normalizó como parte del oficio: “Tuve que quitármelo de encima, a la fuerza”.
Por su parte, la periodista deportiva Lina Tobón asegura que sufrió un beso forzado cuando tenía 17 años y comenzaba en un canal local, y años después, ya en un medio nacional, fue víctima de tocamientos no consentidos por parte de un periodista de mayor jerarquía, a quien “ya varias han denunciado y no pasa nada”. “Hasta que me tocó un seno (...) me quedé paralizada”, relata, al señalar que tras rechazarlo comenzó un proceso de acoso laboral que terminó con su renuncia.
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Este informe y los más de 200 testimonios que el movimiento reportó coinciden con hechos documentados por organizaciones que han analizado las condiciones del periodismo colombiano. En 2021, un informe elaborado por la Fundación Karisma, la Red de Periodistas con Visión de Género y Colnodo señaló que el 67 % de las mujeres periodistas en Colombia ha sufrido acoso sexual en el ejercicio de su trabajo. En la mayoría de los casos, los agresores son colegas hombres, con un 38 % correspondiente a jefes y un 27,2 % a fuentes.
Frente a esto, las voceras de la investigación advirtieron que la visibilización de estos casos no reemplaza los procesos legales ni las denuncias formales, sino que su único fin es documentar lo ocurrido. Además, explican que después de esta publicación continúan recibiendo testimonios de periodistas, practicantes y trabajadoras de distintos medios en diferentes regiones del país.
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