5 Mar 2009 - 11:15 p. m.

A juicio ‘cerebro’ del fraude electoral de 2002

El ex registrador Enrique Osorio de la Rosa ideó un plan para favorecer a los candidatos de ‘Jorge 40’.

Redacción Judicial

El hombre señalado por Rafael García de ser el verdadero genio del fraude electoral en las elecciones parlamentarias de 2002, acaba de ser acusado por la Fiscalía de haber fraguado con el Bloque Norte de las Autodefensas un siniestro plan para alterar los resultados electorales en favor de los candidatos al Congreso apadrinados por Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. Su nombre es Enrique Osorio de la Rosa y apareció por primera vez en un expediente judicial en febrero de 2006, cuando García, ex jefe de informática del DAS, prendió su ventilador y provocó el terremoto de la parapolítica.

Nacido el 13 de enero de 1961 en Santa Marta, Osorio de la Rosa fue compañero de estudios de colegio de Rafael García y amigo personal desde finales de los años 70. Posteriormente estudió derecho en la Universidad Simón Bolívar y se vinculó a la Registraduría en la capital del Magdalena. Durante 15 años laboró en la entidad y llegó a ser coordinador del sindicato de trabajadores en esa región. Al tiempo que García desarrollaba su carrera como ingeniero de sistemas, Osorio lo hacía en el campo electoral, pero en 2001 sus destinos volvieron a encontrarse, con nefandos propósitos.

Entre mayo y junio de ese año, el candidato José Gamarra Sierra les dijo a Osorio de la Rosa y a García que Jorge 40 necesitaba con urgencia hacer elegir para el Congreso los candidatos de su movimiento clandestino denominado Provincia Unida, que repartió en distritos electorales las votaciones de los aspirantes en la Costa Atlántica. Para lograr ese propósito y garantizarle al paramilitarismo esas curules, Osorio propuso suplantar a los electores a través de los jurados de votación, con ayuda de los listados de votantes de las distintas mesas. Para ello, Osorio consiguió en la Registraduría en Bogotá los censos electorales y pagó $4 millones.

Paralelamente, Rafael García diseño un sofisticado software. En octubre de 2001 ya todo estaba listo y el programa de computador le fue presentado a Jorge 40 por el propio Osorio de la Rosa, quien viajó a la finca del paramilitar ubicada en Sabanas de San Ángel, Magdalena. El comandante del Bloque Norte quedó tan complacido que le regaló $1 millón a Osorio para que comprara un celular, porque durante el viaje había extraviado el suyo. Desde entonces, durante cuatro oportunidades la llave Osorio-García viajó al cuartel general de Jorge 40, para ultimar los detalles del siniestro fraude electoral.

La puesta en marcha del plan hizo que en febrero de 2002 hombres de Jorge 40 entregaran los listados de votantes a los candidatos apadrinados por el jefe de las Auc, al tiempo que Osorio de la Rosa se reunía clandestinamente con jurados de votación de toda la Costa para explicarles la mecánica del fraude. En marzo de 2002, en las postrimerías del gobierno de Andrés Pastrana y mientras las Farc reforzaban su retaguardia tras los fallidos diálogos de paz, las autodefensas estaban por concluir con éxito un proyecto político para tomarse el Congreso.

Precisamente el día de las elecciones parlamentarias de marzo de 2002 el plan se ejecutó a la perfección. Tanto, que Osorio de la Rosa llamó alarmado a Rafael García para contarle que los jurados habían exagerado el fraude electoral, que “los pueblerinos la habían embarrado”, porque triplicaron sin ninguna justificación las votaciones de los candidatos beneficiados. Premonitoriamente, García advirtió: “Esto ha sido tan evidente que algún día eso se descubrirá”. Y así fue por su propia boca. Sus delaciones permitieron procesar y condenar a una decena de políticos que cohonestaron con las Auc y fueron favorecidos por el fraude.

En este contexto, Enrique Osorio de la Rosa, quien en reiteradas oportunidades ha dicho que es inocente, fue acusado por la Fiscalía de los delitos de concierto para delinquir agravado y alteración de resultados electorales. Desde mayo del año pasado, el ex registrador está en prisión. Seis meses después, su amigo de infancia y hoy verdugo Rafael García salía de la cárcel por pena cumplida. Mientras el periplo judicial del ex director de informática del DAS ya terminó, el de Osorio de la Rosa apenas comienza.

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