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11 Sep 2020 - 2:00 a. m.

“Colombia está teniendo las conversaciones que tuvimos en EE. UU. en junio”: Natalia Aristizábal

Natalia Aristizábal es una colombiana que trabaja contra la violencia policial en Estados Unidos. En entrevista con este diario, explica por qué estos excesos se han hecho cada vez más visibles en la región y qué caminos quedan. Hará parte del Encuentro Global contra la Violencia Policial que organiza Temblores ONG.
Felipe Morales Sierra

Felipe Morales Sierra

Periodista Judicial
Protestas en Suba
Protestas en Suba
Foto: JOSE VARGAS ESGUERRA

Desde la organización no gubernamental Centro para la Democracia Popular en Nueva York (EE. UU.), Natalia Aristizábal coordina temas migratorios y trabaja de cerca con comunidades negras, latinas y, en general, personas pobres, que son quienes experimentan en mayor medida la violencia de las instituciones de policía en Estados Unidos. Justo en medio de las protestas que se han tomado a Bogotá tras la muerte del abogado Javier Ordóñez en un procedimiento policivo, Aristizábal será parte del encuentro de la Red Global contra la Violencia Policial que organiza Temblores ONG. Ella accedió a hablar con El Espectador sobre los excesos de la fuerza y sus raíces.

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Las víctimas de los abusos y asesinatos a manos de la policía suelen ser quienes están en los márgenes de la sociedad: personas LGBTI, negras o pobres, ¿por qué?

Estoy en Nueva York y el lema de la Policía aquí es “servir y proteger”. Eso puede crear una idea de que ellos están aquí para servir y proteger a todos. Sin embargo, cuando uno busca la raíz de por qué los departamentos de policía fueron creados, encuentra que comenzaron como una forma de proteger la propiedad privada. Eran personas que podían pagar por un servicio de protección. Eso fue hace muchos años, pero no es una entidad que haya sido creada para intervenir, por ejemplo, en un caso de violencia interpersonal que se pueda interrumpir pacíficamente. La policía tampoco está entrenada para intervenir en un problema donde lo que se necesita es un experto en salud mental, por ejemplo. La policía no sabe cómo interactuar ante muchas situaciones y lo que hace es disparar. Me estoy refiriendo a ejemplos puntuales en Estados Unidos, pero sé que no son únicos acá. En este país, por ejemplo, pasa con los afrodescendientes: la policía ve a alguien de color y presume que es malo.

¿Por qué se ven a las personas más pobres como el enemigo?

En Nueva York hay una historia sobre el exalcalde Rudy Giuliani, quien creó una teoría que era conocida como “ventanas rotas”. La teoría dice que si usted ve una casa y hay una ventana rota, eso seguro es índice de que hay algo malo pasando en esa casa. Y que si usted deja la ventana rota, eso quiere decir que le van a romper otra ventana. Él decía que lo que habría que hacer es intervenir en el problema inmediatamente para que la ventana no esté rota. Bajo ese legado vienen trabajando los policías aquí y en muchos departamentos de policía del mundo: si no se interviene algo menor, va a crecer hasta convertirse en algo mayor. El problema de eso es que se piensa que todos tenemos los mismos códigos morales y que deberíamos actuar de la misma manera. No hay cabida para personas diferentes.

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¿Por qué la violencia de la policía es tan generalizada en la región?

En general, la mayoría de América venimos de una historia de colonialismo, donde las personas con el poder eran blancas. Ese es el legado que queda. En ese sentido, se asume que las personas que no tienen tez blanca son malas.

¿Qué rol tiene aquí la impunidad ?

Los sistemas que controlan el poder se defienden entre sí mismos. Una persona adinerada que necesita a la policía va a proteger a la policía como entidad y esa entidad va a proteger a esa persona adinerada. Volvamos al ejemplo de EE. UU.: Eric Garner, un hombre que fue asesinado en 2014 por exceso de fuerza. Lo ahorcaron, el hombre dijo 11 veces “no puedo respirar”. Hay videos, hay testigos. Con todas las evidencias que había, el policía no ha sido siquiera despedido, sino que lo relevaron de sus funciones y le siguen pagando un salario. ¿Por qué? Porque la policía protege a los suyos. Ellos van a decir que el policía estaba en una situación estresante y no pudo reaccionar de una manera diferente. A raíz de cómo los jueces y los políticos protegen a los policías y viceversa, es casi imposible para nosotros, como seres independientes, cambiar esas dinámicas porque no tenemos el poder estructural para hacer cambios.

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Y si no se pueden hacer cambios estructurales, ¿entonces qué transformaciones se pueden hacer?

En mi experiencia, los cambios estructurales vienen después de mucho trabajo con la gente. Trabajo de calle, si se quiere. Por ejemplo, a raíz de todo lo que pasó en Estados Unidos desde mayo con el asesinato de George Floyd, se logró que la ciudad de Mineápolis considerara desmantelar el departamento de Policía y busca otra alternativa. Y esto no pasó sino hasta que hubo levantamientos en todo el país, de manera sostenida. Solamente cuando los que están en el poder se dan cuenta que no van a poder volver a su normalidad, es que empiezan a imaginar una nueva normalidad. Sobre esto, creo que en Colombia están teniendo las conversaciones que tuvimos en Estados Unidos en junio, cuando muchas protestas comenzaron a ser violentas. Aunque no pienso que se deban destruir así las calles, ¿qué es la quema de un edificio frente a la pérdida de una vida? Muchas veces las cosas son destrozadas porque la vida de estas personas está siendo destrozada a diario: al no poder salir adelante, al no poder estudiar, al no poder conseguir un trabajo, al no poder tener una vida digna.

¿Qué otros puntos ve que confluyan entre lo que ha pasado estos meses en Estados Unidos y lo que ocurre en Colombia?

Las denuncias de que, bien sean grupos políticos o la misma policía, mandan infiltrados. En EE. UU. se ha podido demostrar que sí había infiltrados causando caos. Las personas que salen a protestar sí están organizadas: dicen qué cosas van a gritar, qué pancartas van a llevar, pero el plan no es destruir algo. Por otro lado, el que las ciudades hayan recurrido a toques de queda, que son tan comunes en Colombia. Hay muchas cosas que vienen a jugar cuando la gente ve sus libertades restringidas. Eso dio para que aquí la violencia llegara cuando comenzaba el toque de queda.

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