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2 Jan 2016 - 1:50 a. m.

El capo que capturaron en Lima en Año Viejo

Por tercera vez, este jefe de la Oficina de Envigado, fue detenido. Este cabo retirado del Ejército, pasó por las autodefensas y es investigado por narcotráfico y homicidio.

Redacción Judicial

La Oficina de Envigado lleva años —desde que Pablo Escobar estaba vivo— moviendo los hilos del mundo criminal de Medellín y el Valle de Aburrá. Han sido décadas de crímenes. De allí la trascendencia de la captura del que, según el presidente Juan Manuel Santos, es el “último gran capo de la Oficina de Envigado”: Carlos Arturo Hernández Ossa, alias Duncan.

El primer mandatario anunció su detención, realizada en la noche del 31 de diciembre, cuando millones de colombianos se preparaban para el año nuevo. Hernández fue detenido el pasado jueves en un restaurante del exclusivo sector de Miraflores, en Lima (Perú). Se trata de un hombre con todo un prontuario a cuestas y procesos por homicidio, fuga de presos, terrorismo, narcotráfico y concierto para delinquir.

Su detención por tercera vez fue posible gracias a que la Policía estableció que “una mujer, no su esposa, lo iría a visitar durante este final del año a Lima”. Allí se encontraba, según las autoridades, coordinando nuevas rutas para el tráfico de estupefacientes hacia Norteamérica.

Así lo comunicó ayer el director de la Policía, general Rodolfo Palomino, quien dijo que hay una solicitud de extradición contra Hernández por parte de Estados Unidos. Palomino se refirió a su detención como una de las más valiosas del año que terminó. “Satisface enormemente a nuestra Policía, a nuestro Gobierno, a nuestro país, esta importante captura que, reitero, pone fin a una legendaria cadena criminal de uno de los hombres más buscados en Colombia”, dijo Palomino.

Hernández llevaba varios años prófugo de la justicia. El inicio de su larga carrera criminal se remonta a finales de los 90, cuando se desempeñaba como cabo del Ejército y, en paralelo, le vendía armas al frente Carlos Alirio Buitrago del Ejército de Liberación Nacional (Eln). Por ello fue recluido en el batallón Juan del Corral, en Rionegro (Antioquia). En marzo de 2000 se fugó junto con el capitán (r) Diego Fino Rodríguez, involucrado en el asesinato del exviceministro de Educación Álex Lopera, perpetrado en marzo de 1999.

Diego Fino y Carlos Hernández pasaron de militares a paramilitares casi de inmediato. Fino, luego conocido con el alias de Marlon, se fue al bloque Catatumbo; Hernández, por su parte, se unió al bloque Metro, donde fue recibido con los brazos abiertos debido a su conocimiento del Eln. Con su ayuda, el bloque Metro, comandado por Carlos Mauricio García Fernández, alias Rodrigo Doblecero, pudo acabar con las redes de apoyo de ese grupo armado ilegal en Medellín y el oriente antioqueño.

Luego fue enviado como instructor a la escuela que los paramilitares tenían en San Pedro de Urabá (Antioquia), donde conoció a Carlos Castaño y Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, un sobreviviente de la guerra contra Pablo Escobar y jefe, tras la muerte del capo de capos, de la Oficina de Envigado. Berna y Castaño le asignaron entonces la tarea de organizar el bloque Héroes de Tolová, con presencia en Antioquia y Córdoba.

En 2005 vino la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia y Berna, que era el inspector de ese grupo armado ilegal, fue detenido. Mientras se encontraba preso, varios de sus hombres quedaron a cargo del negocio, entre ellos Hernández Ossa. En 2007 el entonces jefe de la Oficina, Daniel Alberto Mejía, alias Danielito, fue asesinado por orden de Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio. Luego, en 2008, Don Berna fue extraditado a Estados Unidos y Rogelio se entregó a la DEA. Con Danielito muerto y Rogelio y Berna lejos, Carlos Hernández se puso al frente de la Oficina, sobre todo de los Paisas, una banda criminal al servicio de aquélla.

Su reinado duró poco. Fue detenido en noviembre de ese mismo año, mientras se movilizaba por el barrio Laureles de Medellín, y fue condenado a tres años de prisión por usar documentos falsos y por porte ilegal de armas.

El 30 de abril de 2010, un juez de Bogotá le concedió el beneficio de la casa por cárcel, debido a su condición de padre de familia. Carlos Hernández se fugó de inmediato y, según la Policía, huyó a Perú, donde mantenía una “actitud y un perfil relativamente bajo” y se dedicaba a buscar nuevas rutas para el narcotráfico y a ordenar los homicidios de quienes “podían ser sus rivales”, de acuerdo con la Policía.

Hernández es apenas uno de los tantos jefes de la Oficina detenidos desde que Pablo Escobar creara esta estructura a mediados de los 80 para coordinar el mundo criminal bajo su mando. Entre ellos se cuentan el mismo Escobar, pasando por el capo Gustavo Upegui, asesinado en 2006, hasta Erickson Vargas Cardona, alias Sebastián, y Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, ya detenidos en Estados Unidos. Y pese a estas capturas y a las guerras que ha habido por su control, la Oficina ha sobrevivido.

En agosto de este año, el diario El Tiempo reveló que Carlos Hernández era el único de cinco presuntos jefes de la Oficina de Envigado con orden de captura. El resto: Carlos Arturo Arredondo Ortiz, alias Mateo; Edward García Arboleda, alias Orión; Juan Carlos Mesa Vallejo, alias Tom, y Diego Alberto Muñoz Agudelo, alias Diego Chamizo, ya fueron incluidos en la Lista Clinton y son investigados actualmente. No se descarta, entonces, que la Oficina se reorganice tras la captura de Hernández, como lo ha hecho luego de cada detención o ajuste de cuentas.

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