25 Dec 2019 - 12:42 a. m.

El homicidio de dos biólogos que vuelve a la memoria tras crimen en Palomino

Tras el homicidio de Nathalia Jímenez y Rodrigo Monsalve, son varios los que han señalado sus paralelos con el crimen de Mateo Matamala y Margarita Gómez, dos biólogos que fueron asesinados por el Clan del Golfo en 2011. Esta es su historia.

Redacción Judicial

Margarita Gómez y Mateo Matamala fueron asesinados por hombres del Clan del Golfo.  / Archivo particular
Margarita Gómez y Mateo Matamala fueron asesinados por hombres del Clan del Golfo. / Archivo particular

En la noche de este lunes, varios allegados a Nathalia Jiménez y Rodrigo Monsalve se reunieron el Park Way, en Bogotá, para homenajearlos. La pareja fue encontrada sin vida en la madrugada de ese mismo día a pocos kilómetros de Palomino, La Guajira. Los dos estaban amarrados a un árbol, con las caras cubiertas por capuchas y con un tiro de gracia en la cabeza. Ella -ecóloga y miembro de Fundación Natura- y él -antropólogo y DJ- estaban desaparecidos desde el viernes, cuando iban en carro hacia Palomino para celebrar la luna de miel de un matrimonio que hace tan solo 8 días se había celebrado.

(Para más contexto: La lucha paramilitar que se vive en zona en la que asesinaron a pareja de ambientalistas)

Entre los abrazos, las lagrimas y las flores y velas puestas al frente de la estatua del Almirante Padilla, varios de amigos y familiares sintieron que esta situación ya la habían vivido hace poco más de 8 años. Y es que varios de ellos -que hacen parte de un grupo de amigos biólogos, ecólogos y demás defensores del medio ambiente que estudiaron en distintas universidades de Bogotá- también fueron amigos de Mateo Matamala y Margarita Gómez, dos biólogos que fueron asesinados en San Bernardo del Viento en Córdoba. Este último caso ocurrió puntualmente el 10 de enero de 2011.

Matamala y Gómez eran estudiantes de Biología en la Universidad de los Andes y mantenían un noviazgo, incluso vivían juntos. Ambos estaban a punto de graduarse, solo les faltaba el proyecto de grado. Como investigación final, Mateo Matamala decidió hacerse cargo de una manatí que vivía en los esteros de la unión entre el río Sinú y el mar Caribe. Por esta razón, el joven de 26 años se había desplazado hasta San Bernardo del Viento. Sin embargo, antes de entrar a su labor investigativa, él y Margarita Gómez, de 23 años, quisieron pasar unas vacaciones en esta zona costera del departamento de Córdoba.

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Desde el 4 de enero estuvieron recorriendo los ricos ecosistemas cordobeses. Entre manglares y paradisiacas playas, la pareja desconocía que eran vigilados por hombres de la organización posdesmovilización Los Urabeños, que después pasarían a ser conocidos como el Clan del Golfo o la Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC). Estos no se sentían cómodos con la presencia de la pareja: eran extraños que grababan y tomaban fotos en varias zonas en las que la organización criminal ejercía control territorial.

El 10 de enero de 2011 era el último día de la pareja en San Bernardo del Viento. Margarita Gómez se tenía que devolver a Bogotá, por lo que Mateo Matamala la iba a llevar hasta el aeropuerto de Montería. La pareja iba a recoger las maletas del lugar en donde estaban acampando, fue allí donde fueron abordados por desconocidos que les dispararon en reiteradas ocasiones, dos de estos en la cabeza. Lo siguiente que se supo de ellos fue gracias a agentes del CTI que llamaron a las familias para contarles la lamentable noticia.

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Desde un primer momento se tuvo certeza de que esta acción violenta fue cometida por los ahora conocidos como el Clan del Golfo. Esta organización criminal estaba en plena consolidación de la zona, tras la desmovilización de las estructuras paramilitares del Bajo Cauca y del norte del país. En ese momento, para hacerse con el control de esta importante ruta para el narcotráfico, las AGC incluso llegaron a asesinar a más de 25 personas en los primeros días de 2011, incluyendo a la pareja de jóvenes biólogos.

Al principio se llegó a pensar que el crimen había sido cometido debido a que los entonces Urabeños confundieron a la pareja con agentes de la Sijín de Montería o con otros miembros de la Fuerza Pública. Sin embargo, en el fallo condenatorio en contra de Cristian David Bravo Núñez quedó consignado que el motivo del crimen se limitó a que ambos jóvenes no eran de la zona, por lo que los líderes de esta organización criminal ordenaron matarlos como una forma de enviar un mensaje de control territorial.

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Los Urabeños no tenía “ninguna razón distinta a que querían hacer una afirmación violenta de su poder territorial al mandar a eliminar a dos personas por el sencillo hecho de que eran dos personas extrañas a la zona”, quedó consignado en el fallo en contra de uno de los autores del crimen.

Gracias a un testigo que presenció la planeación del crimen se llegó a conocer que alias Nariz y Julián, mandos medios de los entonces Urabeños, ordenaron el homicidio. Estos comisionaron a Cristian David Bravo Núñez para que contactara a los sicarios (alias Blanquito y Monito) que iban a cometer el crimen. Asimismo, Bravo fue el encargado de llevar a los dos asesinos a la escena del crimen y después recogerlos.

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Por esta razón, como coautor, Bravo Núñez fue condenado a 44 años de prisión. Un juzgado de Montería lo encontró culpable de los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego. A pesar de que el acusado aceptó cargos desde un primer momento, el caso llegó hasta casación en Corte Suprema debido a que la Fiscalía y las víctimas buscaban que la condenada fuera elevada hasta el máximo permitido por la ley. Sin embargo, el alto tribunal consideró que en segunda instancia se había dado una tasación correcta de la pena, por lo que no se debía aumentar.

Además de Cristian Bravo Núñez, por este crimen también fue condenado Víctor Hinestroza Mena, más conocido en el mundo criminal como Blanquito. Este habría sido uno de los hombres que jaló el gatillo en contra de la pareja, por lo que lo condenaron a 49 años de prisión. La justicia lo encontró responsable de los delitos de concierto para delinquir agravado, porte ilegal de armas de fuego y homicidio agravado. Al igual que en el primer caso mencionado, tanto Fiscalía como víctimas estuvieron en desacuerdo con el monto de la condena.

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Por otro lado, Feliciano José Martínez, conocido como Nariz y uno de los mandos medios que dio la orden de matar a los dos jóvenes, fue encontrado muerto en la zona de Canaletes, Córdoba. El miembro del Clan del Golfo tenía varios impactos de bala en la cabeza. Los responsables de esta muerte serían varios de los máximos líderes del Clan del Golfo, entre los que están Roberto Vargas, alias Gavilán. Este, que murió el 31 de agosto de 2017 en una operación del Ejército y era el segundo en el Clan del Golfo, habría sido el responsable de la orden final para asesinar a Mateo Matamala y Margarita Gómez.

Las similitudes entre los dos crímenes saltan a la vista: Nathalia y Rodrigo estaban de luna de miel y Mateo y Margarita estaban de vacaciones de pareja; ambas parejas tenían un claro interés por la preservación del medio ambiente; los cuatro fueron asesinados en las cercanías al mar en zonas donde el Clan del Golfo tenía control territorial. Sin embargo, mientras que en el caso Matamala-Gómez está claro que el crimen fue ordenado por hombres del Clan del Golfo, en el segundo caso no hay claridad de los motivos o de sus autores. Esto debido a que las investigaciones apenas comienzan.

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