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“El sueño no ha terminado”: Miguel Mejía busca volver al Ejército tras ser quemado vivo

Miguel Ángel Mejía Gutiérrez es uno de los tres uniformados que fueron quemados el 3 de septiembre de 2025, en medio de una asonada en Villagarzón (Putumayo). Aunque el 50 % de su cuerpo resultó afectado, el subteniente, de 25 años, no renuncia a su sueño de continuar con su carrera militar.

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Ana Sofía Montes Peláez
08 de agosto de 2026 - 10:04 p. m.
Aunque el 50 % de su cuerpo resultó afectado, el subteniente Mejía Gutiérrez no renuncia a su sueño de continuar con su carrera militar.
Aunque el 50 % de su cuerpo resultó afectado, el subteniente Mejía Gutiérrez no renuncia a su sueño de continuar con su carrera militar.
Foto: Cortesía Ej
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El 3 de septiembre de 2025, el subteniente Miguel Ángel Mejía Gutiérrez fue quemado vivo en el municipio de Villagarzón (Putumayo). Aunque el 50 % de su cuerpo resultó afectado y tuvo que atravesar una ardua recuperación, casi un año después, el oficial busca regresar a la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova: “Quiero que aprendan de mí, no por lo que me pasó, sino por la manera en que decidí seguir adelante”, afirma.

El atentado que sufrió junto con otros dos de sus compañeros ocurrió en la vereda Siloé, durante una misión para destruir un laboratorio destinado al procesamiento de pasta a base de coca. Antes de iniciar la operación, los uniformados realizaron una oración y comenzaron el procedimiento. Mientras la tropa destruía el laboratorio, fueron atacados por un grupo de civiles que tenían como propósito impedir la operación.

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Varios soldados fueron rociados con combustible. El subteniente Mejía Gutiérrez actuó por instinto y corrió a socorrer a uno de sus compañeros, quien ya sufría los efectos del fuego, sin percatarse de que él también estaba cubierto de gasolina y ACPM. En cuestión de segundos, su cuerpo quedó envuelto en llamas. “Yo le salvé la vida a mi soldado y otro soldado me salvó la vida a mí”, explicó el uniformado.

El 5 de septiembre de 2025, los tres soldados fueron trasladados al Hospital Militar de Bogotá. Las primeras semanas desde su llegada a la capital transcurrieron entre la unidad de cuidados intensivos y los quirófanos, mientras un equipo médico trabajaba de manera permanente para contener sus lesiones y salvarles la vida. En total, Mejía Gutiérrez recibió 17 intervenciones, entre ellas injertos de piel y procedimientos reconstructivos.

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El subteniente tuvo que volver a aprender acciones que un día le parecieron cotidianas: levantar los brazos, sostener un cubierto, abotonarse una camisa o, incluso, escribir su nombre. Cada movimiento exigía paciencia y horas de terapia. Mejía Gutiérrez entendió que su recuperación no ocurriría de un momento a otro. Tendría que reconstruir su vida poco a poco.

Luz Serrano, la fisioterapeuta que hoy acompaña a Mejía Gutiérrez, lo conocía desde niño. Habían sido vecinos en Cali (Valle del Cauca) y, cuando supo que sería remitido al Centro de Rehabilitación Hospitalaria, pidió acompañar su proceso. Con el paso del tiempo, aparecieron los primeros resultados. “Lo que más sorprende no es su evolución física, sino la actitud con la que enfrenta cada sesión. Siempre quiere hacer un poco más”, aseguró la profesional.

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Hoy, pese a las complicaciones derivadas de las quemaduras, Mejía Gutiérrez recorre los pasillos de la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, donde se formó como oficial y entendió que el sacrificio hace parte del servicio. El oficial que alguna vez comandó soldados en el área busca transformar su experiencia en una herramienta para formar a otros militares.

Volver a vestir el uniforme camuflado fue uno de los momentos más esperados para él: “Dicen que el uniforme es nuestra segunda piel. Después de todo lo que viví, entendí que también representa los sueños que nadie puede quitarnos”. A sus 25 años, y después de atravesar las secuelas del ataque ocurrido el 3 de septiembre de 2025, Mejía Gutiérrez quiere volver al servicio y continuar con su carrera militar. “El sueño no ha terminado”, asegura.

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Por Ana Sofía Montes Peláez

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