17 May 2021 - 2:00 a. m.

“Estamos convencidas de que fuimos justas”: periodista Catalina Ruiz-Navarro

Catalina Ruiz-Navarro, una de las periodistas que publicó una investigación sobre casos de presunto acoso y abuso sexual en contra de Ciro Guerra, habló con El Espectador sobre cómo enfrenta lo que ha calificado como un acoso judicial por parte del cineasta a raíz de su trabajo, y de cómo la justicia está sentando precedentes polémicos para la libertad de prensa.

El primer golpe lo dieron ellas, Catalina Ruiz-Navarro y Matilde Londoño, desde la revista feminista Volcánicas: el 20 de junio del año pasado, publicaron los testimonios de ocho mujeres, de las cuales siete denunciaban por esa vía al director de cine Ciro Guerra por acoso sexual y una más, por abuso sexual. La respuesta de Guerra fueron una denuncia en Fiscalía, dos tutelas y una demanda por casi US$1 millón de dólares, esta última radicada hace apenas unos días. Guerra ha dejado saber que no se detendrá en defender su buen nombre y ellas, que esta semana actualizaron su trabajo por orden del Tribunal Superior de Bogotá y hasta revelaron un testimonio más, tampoco dejarán de hacer lo que les corresponde. (Lea también: Ciro Guerra exige US$917.000 a periodistas que publicaron de sus presuntos abusos)

En entrevista con El Espectador, una de ellas, Catalina Ruiz-Navarro relató los difíciles momentos que han tenido que pasar, pero recalcó que, pese a que ahora un juez podría ordenarles a pagar semejante suma de dinero por un trabajo periodístico, no se arrepienten de haber contado ni uno solo de los testimonios de las mujeres que se atrevieron a contar lo que vivieron estando cerca de Guerra.

Recapitulando lo que han vivido desde la publicación del primer artículo en junio del año pasado, ¿qué evaluación hace de lo que ha pasado?

La cosa más importante que ha pasado desde que publicamos el artículo es que la gente conoce estas historias y eso genera prevención. Se ha empezado a abrir una conversación sobre qué es acoso sexual, se impulsaron temas como la cláusula de Rec Sisters, que es para que, en los contratos de rodajes, se prevenga el acoso sexual; comenzó a haber muchos más protocolos al respecto, hubo manifestaciones públicas del gremio diciendo que rechazan el acoso en sus producciones. Eso, al final, es lo más importante, porque puedo decir muchas cosas terribles y malas que han pasado, pero lo más importante es que, realmente el reportaje sí tuvo una incidencia en los entornos laborales de las mujeres del gremio audiovisual, que es lo más importante para nosotras.

Además de eso, ahora enfrentar todo tipo de peleas judiciales...

Han pasado muchas cosas. Otra de ellas es el acoso judicial que ha emprendido Ciro Guerra, por todas las vías posibles. Y otra cosa que ha pasado es que nos llegaron muchísimos testimonios contándonos historias similares a las que contamos en el reportaje. De esos testimonios, que fueron muchos, hay uno nuevo, totalmente verificado y con todos los estándares que nos parecieron necesarios, que lo publicamos en la versión extendida del reportaje que acabamos de publicar.

¿Se imaginaron que esto iba a ser tan problemático?

Sí nos imaginábamos que esto iba a ser problemático porque el patriarcado es un sistema de poder muy fuerte y enfrentársele es difícil. Eso nunca lo tuvimos subestimado. No pensábamos que íbamos a estar demandadas por $1 millón de dólares. Definitivamente excede nuestra imaginación las medidas que tomó Ciro Guerra ¿Lo volveríamos a publicar sabiendo que íbamos a estar demandadas? Sí, sin duda. Una cosa que hemos dicho es que si uno tiene esta información, es periodista y tiene las herramientas para contar, ¿cómo no contarlo?, ¿cómo decirle a las mujeres que confiaron en nosotras que no vamos a contar sus historias, pudiendo hacerlo? Me parece imposible. Arrepentidas no estamos. Y lo que digo: sí ha habido un efecto de mejoría en los entornos laborales de las mujeres, que al final es la razón por la que hacemos este tipo de periodismo.

Ustedes han dicho en reiteradas ocasiones que Ciro Guerra inició una estrategia de acoso judicial, pero otros podrían leer que allí él está haciendo uso de las posibilidades judiciales para defenderse, ¿por qué es acoso?

Porque una de las cosas que él ha dicho en todas las instancias es que no le dimos suficiente espacio en el reportaje en su primera entrega para que contestara las acusaciones. Lo ha repetido una y otra vez. Para esta siguiente entrega le mandamos dos páginas de preguntas detalladas para cada uno de los casos para que nos contara su versión, porque eso era parte de su reclamo. Y nos contestó con un párrafo en el que no dice nada más de lo que dijo la primera vez. Entonces, es evidente que lo que él está peleando no es más espacio para hablar, porque se lo hemos dado y no lo quiere. Otra de las cosas que él pide de forma insistente es una cosa que es censura previa: que no volvamos a mencionar su nombre nunca más, por ningún motivo. Nosotras, como periodistas, no nos podemos comprometer a una cosa así. Y, tercero, porque si él quisiera defender sus derechos fundamentales, nos ponía una tutela; si quisiera una reparación del daño, nos pone una demanda civil; si estuviera convencido que cometimos un delito, nos pone una denuncia. Pero resulta que nos puso las tres. Si esto fuera el ejercicio de su legítima defensa, seguramente hubiera elegido una medida y no el amedrentarnos por todas las formas legales posibles que existen.

En la primera publicación, ¿en qué punto lo contactaron y cuánto tiempo le dieron para responder?

Nosotros lo llamamos por teléfono la mañana antes de publicar el artículo y tuvimos una conversación con él que no fue apresurada. En ese momento, él contestó cada pregunta como quiso y la conversación se terminó porque dijo que ya no quería seguir contestando y que iba a hablar con su abogado. Pero no fuimos nosotras las que le cortamos el espacio para contestar, ni le dijimos que tenía media hora o quince minutos para hablar con nosotras. Teníamos plena disposición a que contestara tofo. Y él eligió contestar la mayoría de esas preguntas con monosílabos, o en una más elaborada dice que todo es por el paro nacional. Pero esa fue una elección de él. En este último caso, le mandamos dos páginas de preguntas detalladas y tuvo cuatro días para contestarlas. Se las mandamos a él y a su abogado, pero nos contestó un párrafo que reproducimos en la versión ampliada, en donde realmente no dice nada nuevo ni contesta las preguntas que le hacemos. (Le puede interesar: Periodistas que denunciaron a Ciro Guerra de acoso sexual deberán ajustar su artículo)

¿Ustedes creen que fueron justas y equilibradas en el espacio que le dieron?

Nosotras estamos absolutamente convencidas de que fuimos justas. Cada uno de estos testimonios tiene no uno, sino varios testimonios que los corroboran. Varias de esas corroboraciones las estamos haciendo públicas ahora. Y tenemos chats, con los que corroboramos horas, lugares, fechas. Nosotras hicimos todo un proceso de verificación: de buscar dónde ocurrieron las cosas, que las denunciantes nos enviaran soportes de que Ciro Guerra estaba en tiempo, lugar y circunstancia en las condiciones. Todo eso lo tenemos recolectado desde el comienzo. Hay algunas verificaciones que hicimos posteriores, como, por ejemplo, que la dirección de notificaciones legales de Ciro Guerra coincide con un edificio donde uno de los testimonios cuenta que ocurrió un caso de verificación. Pero gran parte de lo que estamos haciendo público en este momento nosotras lo verificamos desde el año pasado, pero no nos parecía necesario hacerlo público.

¿Qué observaciones les hizo Daniel Coronell para editar la pieza que publicaron recientemente, y acatar el fallo de tutela del Tribunal?

Tuvimos un proceso de edición de cerca de tres horas con Coronell. Es un proceso que agradecemos porque aprendimos muchísimo, pero sobre todo era un trabajo de filigrana de mirar qué palabras estábamos usando, cómo usábamos cada frase. También de mirar cada caso, cómo estaba organizada la evidencia de cada uno, si las fechas y las horas coincidían. Si los testimonios coincidían y si la evidencia que citábamos era interesante, válida, pertinente para cada caso o no. Y la verdad es que nos parece que fue muy importante que elevó el artículo. Mejor dicho: este fallo, que la semana pasada parecía una cosa terrible, nos dio dos oportunidades. Primero, trabajar con Daniel Coronell. Y, segundo, poder ampliar el artículo y mostrar nuestro proceso de verificación, que en una situación ordinaria habría sido hasta cansón. ¿Qué problema le vemos a este fallo? Que llevó a un proceso de ansiedad muy terrible a todas las denunciantes. A la gente se le olvida que aquí hay unas mujeres de carne y hueso detrás de estas denuncias que les duele, que están leyendo los comentarios, que pueden estar en terapia. Sí fue muy difícil para ellas. Nosotras no hubiéramos querido tener que someterlas de nuevo a este proceso, porque, cuando uno tiene que pedirles más y más pruebas, les está diciendo: no les creemos.

¿Cree que el Tribunal les va a responder algo?

Nosotras esperamos que nos diga si acatamos o no el fallo, con muchos nervios, por supuesto. Entregamos 30 nuevas páginas de información en este segundo reportaje. Tenemos la esperanza de que eso salga a nuestro favor. Por otro lado, estamos esperando a que la Corte Constitucional seleccione la tutela. Asimismo, estamos esperando qué decide la Fiscalía con la denuncia: no sabemos si nos van a imputar cargos o no. Y el otro frente es la demanda civil. Por eso digo que esto es acoso judicial. Es excesivo. Además, Ciro Guerra puso la misma tutela dos veces contra nosotras, que entiendo que eso se llama temeridad. Estamos ahogadas en demandas. Si dos tutelas, una demanda y una denuncia no son acoso judicial, ¿qué lo es? De la demanda nos notificaron el viernes pasado, justo cuando estábamos en proceso de cumplir la tutela y las pretensiones son por casi $1 millón de dólares. Es una cifra absurda. Él nos culpa de todo lo que ha pasado en su carrera desde que publicamos este artículo, que también creo que es darnos mucho poder.

De estos testimonios, ¿hay alguna denuncia que haya entrado al sistema judicial?

No. Ellas no quieren entrar al sistema judicial porque eso implicaría tener que revelarle al mundo sus identidades y si algo nos confirma este fallo es que fue un acierto proteger sus nombres porque estaríamos hablando de la vida y la reputación de cada una de estas mujeres, en vez de concentrarnos en lo importante: las denuncias contra Ciro Guerra. Además, seguramente estaría demandándolas por sumas altísimas, como a nosotras. Ahora, esto no quiere decir que las mujeres no puedan llegar a la justicia en un futuro. Ciro Guerra sigue escalando esto y en algún punto cualquiera de estas mujeres puede decir: voy a poner una denuncia.

Hay una creencia de que la frontera cada vez es más delgada entre un hombre que echa los perros y el acoso, ¿usted cómo lo ve?

Esa frontera no es delgada y es mentira que los hombres no entiendan la diferencia. Los hombres, que son además bastante homofóbicos, son capaces de darse cuenta si otro hombre les está coqueteando o los está acosando. ¿Pero de repente no son capaces de entender el lenguaje corporal de las mujeres ni de escuchar cuando las mujeres les dicen que no quieren? Puede ser que a los hombres les han enseñado que solo tienen que insistir y que no importa lo que las mujeres quieran, pero eso tampoco es una justificación. Y, claro que tenemos que tener estas conversaciones para que haya menos zonas grises, pero para nosotras es muy claro cuándo están haciendo un avance y nos sentimos incómodas, o cuándo nos sentimos en peligro, o cuándo no queremos. En estos casos en particular hay que decir, además, que todas estas mujeres, en algún punto le dijeron a Ciro Guerra: “no”, y de forma reiterada y clara. Entonces no es algo que tenga que ver con malas interpretaciones.

¿Qué ha creado esas “zonas grises”?

Primero, que a las mujeres nos enseñaron que no debíamos decir que sí queríamos algo, sino que debíamos decir que no queríamos y que no queríamos. Nos enseñaron que eso era parte del cortejo. Y a los hombres les enseñaron que tienen que insistir e insistir. Además, les enseñaron que no importa la persona a la que estén cortejando, sino que lo importante es alcanzar esa meta, ese logro. Esa es la cultura en la que vivimos, que normaliza el abuso sexual, porque dice que los hombres tienen un instinto y que las mujeres somos una presa provocadora. Todas las teorías feministas han probado que los hombres no son animalitos, que pueden controlarse, que pueden entender los mensajes y pueden parar. Otra cosa es que estén acostumbrados a una situación de poder en la que pueden hacer eso sin consecuencias. El acoso va mucho más allá de malos entendidos. (Noticia relacionada: Un paso atrás para las denuncias de violencia sexual)

En movimientos como Me Too riñe mucho el decir que una denuncia no es una sentencia, ¿usted ha reflexionado sobre esta tendencia que parece creer que la palabra de una mujer es irrefutable?

Yo no creo que las palabras de las mujeres que denuncian sean sagradas e irrefutables. Basta ver cómo se perciben sus denuncias en el ojo público para ver que es todo lo contrario. Las mujeres lo que son es revictimizadas, se coge su moral sexual y se arrastra por el piso. Se dice que son malvadas, que quieren llamar la atención, que quieren plata. Estamos lejos de que la palabra de una mujer sea sagrada. Realmente denunciar le implica a una mujer mucha revictimización y cuántas personas que las conocen dirán: seguramente miente, seguramente lo atrapó, seguramente busca atención. Todas las mujeres deberían tener el derecho a decir en público si se han sentido abusadas o violentadas. Pero más allá del escrache, nuestro trabajo es periodístico, así que no son solamente los testimonios de ellas, tienen además un proceso de verificación y todas las herramientas del rigor periodístico.

A mí me parece peligroso que pensemos que la única verdad que existe es la de las sentencias judiciales, porque es elitista: ¿quiénes tienen acceso a ese tipo de justicia? No es que las sentencias no sean importantes, sin duda lo son y por eso estamos peleando la veracidad de este reportaje en instancias judiciales. Pero no puede ser el requisito para que una persona cuente su experiencia de acoso, porque, ¿cuántas mujeres tienen la capacidad de contratar un abogado e iniciar un proceso judicial que les puede tomar años de sus vidas? El 1% de Colombia, cuando se estima que una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia sexual.

¿Cuál sería ese escenario para que las mujeres hablen sobre sus experiencias?

Un problema que tenemos es que vemos la justicia con una única salida: la punitiva. Entonces, nos parece que la solución a todo es mandar a la gente a la cárcel. El feminismo ha trabajado mucho encontrar formas de justicia restaurativa, que lo que tiene de complicado es que hay que poner las víctimas en el centro y preguntarles: ¿qué es lo que te haría sentir reparada? No tenemos una solución estandarizada para todas. Y las víctimas de violencia sexual no quieren una misma cosa todas. Lo que dicen las denunciantes de esta historia de Ciro Guerra es que contar su historia públicamente es reivindicador, porque querían que el mundo supiera lo que les pasó. Eso para ellas es justicia. Yo, como reportera, no puedo decir quién es culpable: Hay unos hechos que nos contaron, hicimos un ejercicio de verificación y lo hicimos público.

Con este precedente, ¿para dónde vamos a la hora de denunciar casos así?

Esto no es solamente un problema de este caso. Hay un Tribunal que está poniendo los estándares de cómo hacer buen periodismo en el caso nuestro, que nos está presionando para revelar nuestras fuentes y que está decidiendo cuándo la información que revelamos es suficiente, bajo unos estándares que no son los periodísticos. Y eso es peligrosísimo para todo el periodismo de investigación del país. Imagínese si, de ahora en adelante, uno tuviera que revelar sus fuentes por una orden judicial que lograron quienes tienen suficiente poder para iniciar un proceso. El hueco que se está haciendo aquí para todo el periodismo es un boquete gigantesco.

Entonces la esperanza está en que la Corte Constitucional seleccione la tutela...

Una esperanza está allí. Otra es que no progrese la demanda civil en contra nuestra. Porque esa es otra: ¿cómo van a trabajar los periodistas en Colombia si pueden ser demandados por un millón de dólares? Está la amenaza de la tutela, está la amenaza económica al patrimonio de periodistas, que es un oficio precarizado; y la amenaza de que terminemos en la cárcel. Por todos los caminos, lo que Ciro Guerra está es abriendo boquetes peligrosísimos para la libertad de prensa, que no van a pasar desapercibidos. (En contexto: El lío jurídico que desataron las denuncias de acoso contra Ciro Guerra)

Comparte: