12 Feb 2008 - 4:09 p. m.

“Farc se esconden en Venezuela”

Alias "Róbinson" desertó de las Farc y delató la ubicación de dos caletas de armas traídas de ese país. Según él, hay connivencia entre guerrilla y la Guardia Nacional .

Élber Gutiérrez Roa

Mientras los diplomáticos de Colombia y Venezuela hacen lo posible por evitar que las agresiones verbales del presidente Hugo Chávez causen daños mayores a la relación binacional, un nuevo acontecimiento comienza a avivar la tensión entre los dos países por cuenta de los nexos de ciudadanos venezolanos con las Farc.

Se trata de la desmovilización de alias Róbinson, miembro del frente 16 que opera en la zona limítrofe con Venezuela y Brasil. El guerrillero no mide más de 1.50 de estatura y se entregó sin arma, camuflado ni documentos de identidad en Pueblo Nuevo, Vichada. Pero la sorpresa vino tras hacer los trámites para su sometimiento a la Ley de Justicia y Paz, cuando las autoridades comprobaron que se trataba de uno de los hombres de confianza de alias Guillermo o Gochornea, jefe del frente 16 que sucedió al Negro Acacio.

Róbinson nació el 30 de julio de 1982 en Puerto Ayacucho, estado Amazonas, Venezuela, e ingresó a las Farc a los 17 años. En principio cumplía labores de motorista y su función era transportar droga en lanchas hacia Venezuela y Brasil.

Tras su entrega se convirtió en el principal informante de las autoridades sobre el comercio de armas y droga desde y hacia Venezuela, así como de la presencia de ciudadanos de ese país en las filas de la guerrilla. Aun cuando el ex guerrillero es enfático al decir que no le consta que haya funcionarios de la Guardia Nacional venezolana instigando a ciudadanos de ese país para que ingresen a las filas guerrilleras, reconoce que en la zona de frontera existe camaradería entre miembros de las Farc y militares del vecino país. “Yo mismo estuve tomando trago con ellos, en parrandas, vestido de camuflado y con mi arma”, le dijo a El Espectador.

Según Róbinson, sólo en el frente al que él perteneció había seis venezolanos, uno de ellos primo suyo. Fuentes de inteligencia militar colombiana confirman la versión bajo la condición de la reserva de identidad y aseguran que en los departamentos de Vichada y Guainía la cercanía entre la guerrilla y los militares del vecino país llega a tal punto que las Farc pueden pasar de un lado a otro de la frontera cada vez que sienten el asedio del Ejército colombiano.

La situación es similar a la denunciada por habitantes de la zona fronteriza de Arauca, especialmente en el municipio venezolano de Guasdualito, cuya alcaldía registra con preocupación el incremento en los asesinatos y modalidades delictivas como el llamado “secuestro express”. Los reportes oficiales de las autoridades de Guasdualito señalan que hay semanas en las que el promedio de homicidios es de tres cada día.

Incluso hay versiones en Venezuela según las cuales alias Grannobles, tiene una de sus fincas en Elorza, sitio ubicado muy cerca del municipio colombiano de Arauquita.

Una de las revelaciones más importantes de Róbinson a las autoridades tiene que ver con la ubicación de otro de los guerrilleros históricos de las Farc. Según el desmovilizado, Martín Villa, uno de los fundadores de esa guerrilla, está escondido en Maroa, municipio venezolano que queda al pasar el río Guainía, frente a Puerto Colombia.

Las caletas


¿Hasta dónde creerle al desmovilizado? Es común que los guerrilleros desertores oculten información y hasta acomoden hechos para protegerse de un castigo más duro por parte de la justicia o de una retaliación por parte de sus ex camaradas.

En el caso de Róbinson, lo que más sorprendida tiene a la inteligencia militar es la exactitud de la información entregada y la facilidad de su confirmación. El 26 de enero, apenas ocho días después de su desmovilización, Róbinson condujo a las tropas militares hacia dos caletas de las Farc ubicadas en el río Uva, muy cerca de su desembocadura en el Inírida.

En esa misma zona fue en la que decidió entregarse luego de sobrevivir a una emboscada militar en la que murieron cinco de sus hombres. Él mismo enterró a tres de ellos para evitar que el Ejército los hallara, pero se desmotivó porque Gochornea no atendió sus llamados de auxilio y porque tuvo que remar siete días para sobrevivir a la emboscada mientras luchaba al mismo tiempo para que el paludismo no lo matara.

Fue entonces cuando se entregó a los hombres de la Brigada 28 de selva, adscrita a la IV División del Ejército, los mismos que tienen como objetivo acabar con el frente 16. Según el Ejército, de los 400 hombres que éste llegó a tener en época del Negro Acacio, hoy quedan unos 220 que están dispersos por la selva.

Al llegar hacia el sitio señalado por Róbinson, los soldados hallaron ocho morteros, 12 cañones de ametralladora, 98 radios y, lo más sorprendente, 200 minas antipersona de fabricación venezolana y 200 fusiles Fall y 23.000 cartuchos con el sello de origen de ese país.

Pese a la importancia del guerrillero en la línea de mando del Frente 16 y al conocimiento que tenía de las operaciones de tráfico de drogas, armas, precursores químicos y hasta de las caletas de sus jefes, las Farc no le permitieron conocer a los contactos venezolanos para dichos negocios. De hecho, le fue prohibido cruzar la frontera desde el mismo día en que Nelson o El Mocho lo admitió en la guerrilla. Dicha restricción, al parecer, se debía al temor de que decidiera desertar estando en su país natal.

Frontera caliente

Oficialmente no existe evidencia de que algún miembro de la Guardia Nacional de Venezuela haya enviado el armamento a las Farc, pero el testigo asegura que este tipo de operaciones eran comunes, involucraban a varios agentes venezolanos y se sellaban en la frontera a cambio de droga o dinero en efectivo.

En la zona limítrofe un fusil para las Farc cuesta hasta 20 millones de pesos y una ametralladora puede valer 80 millones.

Mientras el asedio militar en la zona de frontera pone en evidencia la participación de ciudadanos venezolanos en el conflicto colombiano, los gobiernos de ambos países libran una batalla política por el mismo tema. El presidente Hugo Chávez dijo el 4 de febrero que su país limita por el oriente con las Farc y no con el Estado colombiano. Su homólogo Álvaro Uribe optó por asumir una actitud más prudente y prohibió a sus funcionarios responder a las agresiones verbales, aunque él mismo ha sugerido en varias oportunidades que el gobierno venezolano mira con complacencia las acciones de las Farc. Caso distinto ocurrió con Ecuador, cuyo presidente, Rafael Correa, fue llamado por Uribe para pedirle de manera cordial que no diga más que limita con la guerrilla.

Entre tanto en la frontera colombo-venezolana comienzan a aflorar las evidencias sobre la participación de ciudadanos del vecino país en el conflicto colombiano, bien como intermediarios para la comercialización de la coca y las armas de uso privativo de la Guardia Nacional, o incluso como guerrilleros activos en las filas de las Farc.

“Andrés”, el otro venezolano

El más reciente caso en el que un venezolano resultó comprometido con las Farc fue el de alias “Andrés”, un subteniente de la Guardia Nacional que se robó 32 fusiles del Ejército venezolano y los transportó en dos aviones que también fueron a parar a las filas del frente 16 de las Farc, comandadas entonces por el “Negro Acacio”. Estuvo en los frentes 16 y 43, pero tuvo problemas con sus jefes. Actualmente está preso.

“Róbinson” tiene un primo en la guerrilla, a quien vio en enero, días antes de su desmovilización. Según el guerrillero, en San Felipe, Guainía, hay otros cinco venezolanos que hacen parte de las Farc.

La principal razón por la que los venezolanos ingresan a las Farc como guerrilleros rasos, es la falta de oportunidades. Los militares corruptos prefieren negociar con la guerrilla sin pertenecer a ella.

“Guillermo”, el jefe

Casi todos los venezolanos de las Farc están bajo las órdenes de alias “Guillermo” o “Gochornea”, el hombre que sucedió al “Negro Acacio” cuando fue muerto en combates con el Ejército. Con la presión militar sobre el frente 16, “Guillermo” ha tenido que dejar que sus hombres se dispersen por la selva, lo cual facilitó desmovilizaciones como la de “Róbinson”, el venezolano que está delatando la ubicación de sus caletas.

Pese a su estilo de mando déspota, “Guillermo” suele ser muy amable con los venezolanos, a quienes prefiere en su círculo más cercano. Es por ello que están enterados, más que cualquier otro guerrillero, sobre la ubicación de las armas que ingresan por Venezuela para la guerrilla.

Tres de ellos recogieron parte de los 10 mil fusiles AK47 de origen jordano comprados por las Farc gracias a la mediación de Vladimiro Montesinos, ex asesor del ex presidente peruano Alberto Fujimori.

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