Esta semana estuvo atravesada por el despido de dos presentadores de Caracol Televisión señalados de acoso sexual. A raíz de esas denuncias, la Fiscalía abrió una “iniciativa investigativa”, pero, en palabras sencillas, ¿eso qué significa exactamente?
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Cuando nos enteramos de las denuncias públicas de las periodistas de Caracol y vimos que se empezó a unir más gente hablando de episodios, nuestra primera reacción fue generar un espacio donde esas periodistas pudieran escribirle a la Fiscalía, sin lo que significa ir a un centro de atención o radicar escritos formales para presentar en una ventanilla. Queríamos abrirles un espacio que les permitiera contar su historia con libertad y donde no sean sujetos de interrogatorios o de espacios que pueden ser revictimizantes. Lo hicimos a través de un correo electrónico (para el jueves pasado ya habían recibido 54 mensajes). Luego que vimos es que esto era muy grande y estaba atravesado por el caso de Lina Castillo (la mujer que denunció a Hollman Morris, gerente de RTVC, por acoso sexual y laboral, y luego fue contradenunciada por él mismo por injuria y calumnia). Por eso es que tomamos dos decisiones.
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¿Cuáles fueron?
Una es abrir esta línea de investigación que tiene que ver con el tema general del acoso en medios de comunicación, no únicamente con el caso de Caracol. Entendemos que es un tema que requiere un espacio especial dentro de la Fiscalía, porque es un capítulo que ha sido invisibilizado. Hemos encontrado una gran cantidad de denuncias archivadas por varios motivos, pero bajo un patrón: que no se veían como casos graves, por la normalización de esos comportamientos. Conformamos un equipo de tareas especiales, al mando de la delegada para la seguridad territorial y la delegada ante la Corte Suprema de Justicia. Además, estarán sus grupos de género, con analistas e investigadores. Su primera tarea es hacer un barrido de lo que vemos hoy en redes y medios, pero también una revisión interna de los casos que fueron archivados en años anteriores.
¿Qué tipo de casos son?
Recuerdo el caso de Lina Castillo. Ella utilizó un medio de comunicación para denunciar acoso laboral y sexual en un ambiente que ella misma describió como “tóxico” y en donde esos mismos comportamientos se reprodujeron en su trabajo. Al ser llamada a la Fiscalía, narró lo que ocurrió y, además, lo que ella interpretó como amenazas a raíz de su denuncia pública para callarla. La respuesta de la Fiscalía, hace cinco o seis años, fue archivar el tema diciendo que esas amenazas eran atípicas, sin abordar de ninguna manera el acoso, y ahora ella es procesada. Necesitamos evitar una revictimización como la de ella. Es una sorpresa ver que no nos pronunciamos sobre el acoso y que lo único que quedó vivo fue la denuncia por injuria y calumnia donde ella sería la autora. Como este caso, empezamos a mirar otros que aparecieron en medios y encontramos archivados.
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Y luego de hacer este barrido y recoger la información, ¿qué sigue?
Sigue clasificar la información, porque seguramente saldrán varios procesos grandes que nos indiquen patrones de victimización, dependiendo de escenarios laborales. Hemos notado que han salido otros temas de acoso y maltrato laboral, incluso de hombres o periodistas que defendían a sus compañeras. Queremos organizar la información, definir qué investigar conjuntamente y qué no. Estamos en una fase muy preliminar.
Es una mujer que se abrió camino en el mundo del derecho penal, que históricamente ha sido de hombres. Cuando empezó a trabajar en la Rama Judicial, ¿recuerda haber estado en ambientes tóxicos, como los que describió Lina Castillo?
Creo que todas las mujeres de mi generación tuvimos ambientes tóxicos a nuestro alrededor. Empecé a trabajar en juzgados penales antes de que existiera la Fiscalía, y la jurisdicción era bastante masculina. Aunque hoy la Fiscalía tiene más mujeres que hombres, al principio había prácticas de acoso indudables. En mi primer puesto tuve una compañera que era permanentemente acosada por nuestro jefe. Siento vergüenza, porque mi generación fue muy tolerante frente a eso. Como decía Yolanda Ruiz en su videocolumna, no teníamos claro el límite entre el coqueteo y la galantería y el acoso. Mi compañera, que ya murió, era acosada y hostigada por nuestro jefe.
¿Qué tipo de comportamientos tenía?
Sí, lo normalizamos. Eran invitaciones, saludos con besos orilleros (o esquineros), comentarios impertinentes o fuera de lugar.
¿Alguna vez lo hablaron?
Claro. Lo entendíamos, pero a nadie se le ocurría que fuera un tema para denunciar o que fuera intolerable. Fuimos muy tolerantes a muchas situaciones de esas.
¿Alguna vez vivió una situación de acoso?
No. Viví situaciones de cerca, como la de mi compañera y otras más a lo largo de los años. Pero por fortuna no tuve ningún tema de sentirme acosada.
Entendemos su malestar, quizá por no haber alzado la mano o haber sido tolerante con esas situaciones, pero es importante saber que entre nosotras no está la carga de esa culpa...
Correcto. Incluso, sentirse culpable es parte del patrón: nos sentimos culpables por la falda muy alta o por generar, supuestamente, reacciones morbosas de quienes nos rodean. Pero es cierto, la vergüenza sí tiene que cambiar de lado.
Durante la rendición de cuentas inició el discurso mencionando el silencio que ha decidido guardar frente a acusaciones del Gobierno. Pero el presidente Petro ha señalado a la Fiscalía, por ejemplo, de favorecer al narcotráfico o de no hacer el trabajo. ¿Qué podría decir sobre eso?
El trabajo de la Fiscalía es ingrato, porque se trabaja mucho y se visibiliza, pero por alguna razón que no entiendo se percibe como poco trabajo. Estoy agradecida con los funcionarios, porque hemos tenido dos años de muchos resultados, como muestra el informe de gestión que presentamos el pasado 17 de marzo. Tuvimos mucho que contar y decidimos generar un informe sobre cinco líneas: la renovación estratégica de la Fiscalía, nuevas lecturas de la justicia en los territorios respecto a la seguridad ciudadana, la lucha contra la corrupción, la acción articulada contra la criminalidad organizada y sus finanzas, y una justicia con enfoque diferencial e interseccional como respuesta integral a las violencias basadas en género.
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Muy interesante, pero la pregunta es más por la forma apática, e incluso grosera, con la que el presidente se ha referido para hablar de usted y de su trabajo. Esta semana, por ejemplo, dijo que sus investigaciones contra Ricardo Roa tienen “testigos estafadores”. ¿Qué podría decirle?
Reaccionar frente a esos ataques no tiene mucho sentido. Si el presidente tiene dudas sobre cómo se conduce la Fiscalía, debería acudir a los canales institucionales y denunciarme, porque ahí debe tener fundamentos para decir lo que dice. Esas afirmaciones sueltas en consejos de ministros o trinos son complicadas, porque me dejan sin defensa, me ponen en estas situaciones inútiles de tener que contestarle y me quitan tiempo para la tarea real. Tengo mucho trabajo como para estar usando X. En todo caso, creo que esas declaraciones banalizan un trabajo que no es infundado ni basado en evidencia inventada. Trabajamos con prueba técnica, documental y testimonial corroborada por evidencia periférica. Los comentarios sueltos del presidente banalizan el trabajo juicioso de investigadores y fiscales.
Pero precisamente por ser comentarios que desconocen la labor de la Fiscalía y el funcionamiento del Estado, ¿no le preocupa que las haga el presidente y que finalmente se imponga su relato? Podrán ser infundados, pero hay muchas personas que le creen…
Eso es cierto. Claro que me preocupa, pero el punto es cómo gestionamos esa preocupación. Mi administración no seguirá la línea de responder a cada ataque. Al público hay que convencerlo con resultados, y las investigaciones se defienden ante los jueces. El silencio que se va produciendo tiene que ver con el menor interés que despierta ese tipo de crítica. Ahora, si estamos en el escenario de que todos somos parte de un gran complot o un escenario en el que todos estaríamos coluidos para decidir mal, pues es todavía más difícil responder. Nuestro silencio tiene que ver con el poco interés que tenemos de reaccionar a ese tipo de comentarios o críticas.
¿Cree que esos comentarios del presidente los hace porque es mujer?
Creo que tiene algo que ver. Pero creo que no solo es por el presidente. He tenido más críticas que muchos otros fiscales y siempre hay un debate sobre si soy del presidente o de la oposición, o de la extrema derecha, o si soy de alguien. Es como si no fuera dueña de mí misma, y eso es curioso. Además, he sentido el mismo nivel de agresividad en ciertos medios de comunicación que tienen un rasero rudo para juzgar mi trabajo o mis silencios.
Sobre la coordinación con el comisionado de Paz, respecto a las órdenes de captura de jefes que siguen delinquiendo en procesos de paz, ¿cómo ha sido la relación?
Tengo buena interlocución con la oficina del comisionado, aunque tenemos divergencias sobre la suspensión de órdenes de captura de personas que siguen delinquiendo. Para nosotros, esa es una forma de evidenciar que no hay una voluntad de paz. Hemos acordado con el comisionado que las órdenes de captura no cobijen situaciones de flagrancia y delitos de lesa humanidad, y estamos en ese trabajo.
Habla de una buena relación, pero en un reciente comunicado ustedes básicamente les decían que ellos no conocían su propia Ley de Paz Total ni la sentencia de la Corte Constitucional…
Esa ley no ha sido fácil de interpretar. Ellos pedían que suspendiéramos órdenes de captura con fines de extradición, pero la ley establece que estas no se suspenden en los ciclos de negociación, sino que quedarían suspendidas “de facto” en etapas avanzadas y cuando estén en Zonas de Ubicación Temporal (ZUT). En ese comunicado les explicamos justamente eso. Claro que hemos tenido diferencias. Por ejemplo, cuando se capturó a Giovanni Andrés Rojas, alias “Araña”, para hacer efectiva una circular roja de la Interpol, cuando estaban en negociaciones. Ellos lo vieron como un entrampamiento, pero una circular roja hay que ejecutarla.
Nota de la editora: El Espectador hace parte del grupo de medios de comunicación del grupo Valorem, junto a Caracol Televisión y Blu Radio.
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