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Helena Laserna: Así fue el engaño que mantuvo oculta su desaparición durante años

Liliana Laserna, madre de la niña desaparecida desde 2014, fue manipulada y engañada por su pareja y, por eso, termino absuelta. Así ratificó la justicia, al condenar a Camilo Pinzón, a 46 años de prisión, por la desaparición de Helena Laserna.

Redacción Judicial

06 de octubre de 2022 - 07:00 p. m.
Helena Laserna desapareció en 2014 y las circunstancias de su muerte siguen siendo inciertas.
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La desaparición de Jesseca Helena Laserna “se dio en virtud de un engaño”. Así concluyó la justicia al condenar a Camilo Fidel Pinzón, pareja de Liliana Laserna, la madre de la adolescente con autismo que un día simplemente se esfumó de su entorno familiar. A pesar de que ambos estaban en juicio por el delito de desaparición forzada, a partir de testimonios, la historia clínica de la mujer y las opiniones de expertos, la Jueza Primera Penal Especializada de Cundinamarca concluyó que Laserna fue manipulada por su compañero sentimental, quien se aprovechó de sus diagnósticos psiquiátricos.

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“Claramente, ese señor engañó a Liliana y a su familia”, declaró en juicio el mayordomo de la finca de Sesquilé (Cundinamarca) en la que vivían Laserna y su hija. La mujer es nieta de Mario Laserna, fundador de la Universidad de Los Andes, por lo que, a comienzos de 2019, cuando se supo que la menor de edad estaba desaparecida, el caso recibió abundante atención mediática. Sin embargo, cada detalle que se conocía era más escabroso que el anterior. Hasta que la justicia concluyó, “más allá de toda duda”, como dijo la jueza, que Camilo Pinzón se aprovechó de su pareja.

Todo se remonta a 2014, cuando Camilo Fidel Pinzón convenció a Liliana Laserna de que en una fundación de Chile su hija Helena podría recibir un tratamiento con cédulas madre para el autismo. En ese momento, la familia vivía un momento de vulnerabilidad. “Una madre a la que le habían restituido la custodia de la niña, tenía patologías mentales, era fácilmente sugestionable y lo que la prueba nos revela es que era manejada y fácilmente dirigida por su compañero”, reseñó la jueza al leer la sentencia, a partir de testimonios y otras pruebas.

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El único autorizado para visitar a Helena era Camilo Pinzón. Liliana Laserna no la podía ver porque, según le decía su pareja, se pondría en riesgo el delicado tratamiento y la fundación, en la que él aseguraba que trabajaban prestigiosos científicos alemanes. Mientras tanto, el hombre le decía que su hija estaba mejorando, le entregaba a la madre notas supuestamente escritas por la niña. Y, sobre todo, le pedía dinero. Mucho dinero. Tanto que, en un punto, Liliana Laserna tuvo que vender un apartamento presionada, por él, para cubrir los supuestos costos del tratamiento.

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Todo resultó ser falso. La jueza reseñó que, según los registros de Migración Colombia, Helena Laserna nunca salió del país. Camilo Pinzón, por su parte, nunca viajó a Chile. No existe el centro de investigación donde, supuestamente, recibía tratamiento la niña. Las cartas no las escribía ella. En realidad, el hombre la tenía oculta en la casa de su hermana, Claudia Patricia Pinzón, en Mosquera (Cundinamarca). Allí falleció en hechos que aún no se esclarecen.

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Pero el engaño no terminó con la muerte de la menor de edad. En noviembre de 2016, Camilo Pinzón llegó a la finca de Sesquilé y le pidió al administrador que le ayudara a bajar de su camioneta un paquete grande envuelto en un tapete. El mayordomo luego le diría a la justicia que al tocar el tapiz logró palpar una cabeza y unos pies. Pero Pinzón le prohibió que viera lo que había ahí y le dio la orden de que ningún otro trabajador se asomara, pues le dijo que era un material altamente radiactivo. Metieron el paquete en una camioneta blindada y no hubo lugar a preguntas.

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Al tercer día de intentarlo, el mayordomo logró abrir el vehículo y, tras mover la tela, pudo observar el cuerpo de Helena Laserna. “Flaca, el solo cuerpo”, le diría el trabajador a la justicia. Las manos de la niña estaban amarradas con un cordón y tenía señales de que había sido golpeada. Él tomó fotos y tiempo después se las entregó a la Fiscalía. El cuerpo permaneció guardado en una bodega de la finca y Camilo Pinzón le dio instrucciones al administrador de cavar un hueco de 12 metros de profundidad. Pudieron cavar 4 metros.

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Pinzón le dijo a Liliana Laserna que su hija había fallecido en Chile por el tratamiento y le pidió no decirle a nadie, porque pondría en riesgo a la fundación. Con ella al lado, hizo una quema en la finca en noviembre de 2016. “La quemó en un taller de fundición, todo estaba en regla. Pero no tenía permiso de cremarla. Es que lo que pasa es que se trataba de un estudio secreto”, le dijo la mujer a un psicólogo forense que la evaluó para el juicio. Ella creía saber exactamente qué había ocurrido. Y agregó: “Yo no sabía que quemar un cadáver fuera un delito de 40 años”.

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El psicólogo concluyó que en el caso de Liliana Laserna confluían varios diagnósticos y remató su informe diciendo: “Presenta varios factores que la hacen muy vulnerable a la manipulación externa y minan su autonomía personal”. Además, el perito explicó que la mujer se sentía perseguida por su familia, en especial por algunos familiares, por el ICBF, que le había quitado la custodia de Helena provisionalmente, y por grupos armados. La madre repetía el relato del tratamiento a quien le preguntara por su hija, hasta que 2018, en un viaje a Tierra Santa, se encontró a una amiga de la familia, a quien le contó que Helena había muerto en un tratamiento.

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Aunque le pidió no contarle a nadie, esa amiga contactó a los Laserna, que pusieron una denuncia por desaparición forzada y, al cabo de un tiempo, la Fiscalía echó a andar una investigación. En la finca encontraron muchas pruebas del engaño. Por ejemplo, policía judicial encontró evidencia de la incineración y, al borde del río Bogotá, encontraron cenizas y restos humanos. Los llevaron al laboratorio y, aunque no se pudo determinar un perfil genético ni el sexo, se estableció que se trataba de una persona que murió violentamente entre los 14 y 15 años.

“Era Camilo a quien le interesaba, más que a cualquier otra persona, deshacerse del cuerpo de Helena, a fin de que no se pudieran establecer las causas de su muerte”, dijo la jueza en la sentencia. Todos estos elementos fueron sumándose, como piezas de un rompecabezas, para que la justicia ratificara la responsabilidad de Camilo Pinzón, a la vez que se aclaró que Liliana Laserna fue otra víctima de las atrocidades que cometió su pareja. Su paradero hoy es incierto.

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