30 Jul 2019 - 5:35 p. m.

Jueza regaña a la Fiscalía por "actitud caprichosa" en caso de atentado a Escuela de Policía

Ricardo Carvajal, el primer capturado tras el ataque de enero de este año y quien se ha declarado inocente desde el comienzo, fue llamado a juicio con un escrito de acusación que la Procuraduría llamó "farragoso". La jueza le pidió al fiscal que lo aclarara, y este se rehusó. Finalmente, la togada aceptó el llamamiento a juicio.

Redacción Judicial

El atentado a la Escuela de Cadetes de Bogotá se dio el pasado 17 de enero. Murieron 22 cadetes y 81 personas resultaron heridas.  / Mauricio Alvarado - El Espectador
El atentado a la Escuela de Cadetes de Bogotá se dio el pasado 17 de enero. Murieron 22 cadetes y 81 personas resultaron heridas. / Mauricio Alvarado - El Espectador

El 17 de enero de este año José Aldemar Rojas, alias El Mocho, entró en una camioneta por la puerta de la Escuela de Policía General Santander, al sur de Bogotá, cargando 80 kilos de explosivos. El atentado, que se atribuyó la guerrilla del Eln en la que militaba Rojas, acabó con su vida, las de 22 policías y dejó heridas a 81 personas más. Horas después, las autoridades capturaron a Ricardo Carvajal Salgar. La Fiscalía, con algunos tropiezos en su tarea, terminó de leer este martes el escrito de acusación en contra del hombre de 39 años, con lo que Carvajal, quien insiste en su inocencia, irá a juicio.  

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En el documento con el que se formalizó el llamado a juicio, el ente investigador aseguró que Carvajal no actuó como "coautor", según había dicho tras su captura, sino como "cómplice" de Rojas. Para probarlo enumeró en 91 páginas cerca de 175 pruebas en la audiencia del pasado lunes 29 de julio, entre las que están las autopsias de los 22 cadetes que fallecieron y los informes periciales de los 81 heridos.

Sin embargo, para la Procuraduría el escrito era "farragoso" y confundía los "hechos jurídicamente relevantes" (el supuesto rol de Carvajal en el atentado) con los cientos de pruebas del atentado en sí. En la audiencia del pasado lunes, por estas razones, el Ministerio Público pidió que se rehiciera la acusación para que fuera más "entendible y comprensible". La juez segunda especializada de Bogotá le dio la razón a la Procuraduría y le exigió al fiscal del caso que aclarara. 

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En un "tono sarcástico", según la juez, el fiscal se rehusó a acatar la orden de la togada e insistió una y otra vez en que el documento estaba bien. Sin embargo, a la incomodidad que expresaba la procuradora se sumó el abogado de Carvajal, Carlos Toro, para quien sí se debían aclarar "las circunstancias de tiempo, modo y lugar" del supuesto involucramiento de su cliente en el atentado.

Finalmente, la juez dictó un receso para estudiar el tema y la audiencia se retomó este martes 30 de julio. Dijo que optó por aceptar el escrito de acusación, pero antes llamó la atención a la Fiscalía por lo que llamó una "actitud caprichosa", le recordó al fiscal que se debe dirigir a ella con respeto y le advirtió que, de seguir así, su actitud podría acarrearle sanciones.

Sobre las incomodidades frente a la acusación, la jueza dijo que el ente investigador deberá probar en juicio solo los dos elementos que supuestamente vinculan a Carvajal con el ataque del pasado 17 de enero: una interceptación telefónica en la que le confesaría a un amigo que participó del atentado y testimonios de que estaría vinculado con el arriendo de la bodega del sur de Bogotá en la que se guardó la camioneta con la que se perpetuó el ataque. 

A Carvajal lo capturaron el viernes 18 de enero de este año y las diligencias judiciales en su contra comenzaron al día siguiente en total reserva. En el momento de la captura la Fiscalía se limitó a decir que, “en interceptaciones telefónicas (Carvajal) reconoció la autoría del atentado”. Tras la imputación —una audiencia cerrada— se conoció que lo procesarían por cinco delitos en calidad de “coautor”, cargos que Carvajal no aceptó. “Me están acusando de algo que no cometí, soy inocente”, aseguró el hombre en su entrada a los juzgados. A los pocos días se filtró la conversación a la que se refería el ente investigador.

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Un sujeto al que Carvajal ser refiere como James le pregunta a Carvajal dónde está, a lo que el supuesto coautor del atentado responde: “Acá que estoy arriba, Dorado, Los Laches (…) Pues no ve que pusimos la bomba en la General Santander y tocó venirnos a encaletarnos”. Esta frase para el ente investigador es una confesión y para la defensa de Carvajal es un chiste de mal gusto. En contadas horas las autoridades capturaron al hombre y allanaron su casa, tras lo cual el ente acusador informó: “Fueron incautados un celular, un manual del combatiente primera fase de instrucción y uniformes”.

El mismo día del atentado (17 de enero), tras reconstruir el recorrido de la camioneta, las autoridades dieron con la ubicación de la bodega. Quien vivía allí, dio detalles de la apariencia de quien le pagaba el canon mensualmente, a partir de los cuales se hizo un retrato hablado. El dueño de la bodega estuvo en la Fiscalía, aseguró que firmó un contrato de arrendamiento con Rojas y dijo que la pareja que residía allí podría dar más detalles. Los investigadores volvieron al predio y los habitantes dijeron, supuestamente tras reconocerlo en fotos, que Carvajal iba con frecuencia al lugar.

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El pasado 24 de enero, el senador Gustavo Petro publicó en su Twitter una carta que aparece firmada por Ricardo Carvajal. El acusado escribió desde la cárcel La Picota, donde se encuentra desde que fue capturado, lo que hizo antes, durante y después del atentado, hasta que fue detenido por las autoridades en su casa en el viernes 18 de enero de este año. Cuenta que el día de la bomba se despertó a las 8:00 a.m. y que estuvo en una panadería comprando el desayuno de sus hijas mayores. Por esto, desde que fue capturado, Carvajal ha insistido en su inocencia. 

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