Hoy, 20 años después, en esta misma fecha celebramos el Día de la Madre como una ocasión para rendir homenaje a las mujeres que ejercen la maternidad y han asumido labores de cuidado de sus hijos e hijas. La coincidencia de estas dos fechas es más que simbólica: ambas, abortar y decidir por la maternidad, son decisiones reproductivas interrelacionadas y legítimas, que las mujeres deben tomar en completa libertad.
Desde antes de la sentencia que despenalizó el aborto en tres causales hasta la implementación actual de la Sentencia Causa Justa (C-055/2022), que permite el acceso al aborto libre hasta la semana 24 de gestación y a partir de este momento la aplicación del modelo de causales sin límite de edad gestacional, el movimiento de mujeres ha argumentado que la despenalización del aborto no se traduce en una obligación de interrumpir un embarazo, sino que está orientada a evitar la maternidad como imposición, como destino biológico o social obligatorio de las mujeres.
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En este sentido, en estas dos décadas de liberalización del aborto, la Corte ha aclarado que impedir totalmente la interrupción del embarazo es cosificar a las mujeres y violar su dignidad al considerarla un medio para alcanzar un fin reproductivo. Por el contrario, la despenalización del aborto permite que las mujeres que no quieren continuar un embarazo y ser madres (en un determinado momento o para siempre) puedan hacerlo, así como no obstaculiza que quienes sí quieran optar por la maternidad también puedan hacerlo.
Entendiendo que abortar y continuar un embarazo son decisiones igualmente legítimas, la Corte ha concluido que las mujeres, en su decisión de procrear o no, ejercen la libertad de conciencia: la libertad de decidir de acuerdo a sus creencias personales más profundas y sus condiciones sociales y materiales del momento. Así que tener o no tener hijos e hijas es “un asunto personalísimo, individual e intransferible que se corresponde con una de las dimensiones de los derechos reproductivos, concretamente, la autonomía reproductiva”.
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De esta forma, tanto las mujeres que abortan como quienes deciden llevar a término un embarazo y ejercer la maternidad toman una decisión a conciencia y ponderando su proyecto de vida y los hijos e hijas que ya tienen. Al respecto, estudios como el de Juliana Londoño y Estefanía Saravia, dejan claro el impacto de un embarazo no deseado y su continuidad en la vida de los hijos e hijas existentes: cuando se le niega un aborto a una mujer, sus hijos/as tienen 10 puntos porcentuales menos de posibilidad de terminar el colegio o acceder a la educación técnica o universitaria. Además, tras negársele el aborto a una mujer, el ingreso promedio de un hogar cae el 20%.
En tanto la posibilidad de decidir si continuar o no un embarazo, no solo se relaciona con el reconocimiento de la autonomía reproductiva de las mujeres, sino también impacta las condiciones de vida de los hijos e hijas que ya tienen, el aborto y el ejercicio de la maternidad son decisiones interrelacionadas. La coincidencia de que la primera sentencia que despenalizó el aborto en Colombia cumpla veinte años el día en que celebramos la maternidad es una oportunidad para recordar la legitimidad del derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo y la continuidad o no de un embarazo, y celebrar también el reconocimiento de la autonomía reproductiva como un ejercicio de libertad de conciencia.
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