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1 Nov 2022 - 8:28 p. m.

La seguidilla de hostigamientos y asesinatos a una familia

La masacre de 19 comerciantes ocurrida hace 35 años fue el comienzo de una situación de violencia que marcó la vida de la familia Rodríguez Quintero. Perdieron a dos de sus miembros y las persecuciones y hostigamientos permanecieron en el tiempo. Las investigaciones no han dado fruto y los actos de violencia siguen en la impunidad.

Fernanda Torres Tovar

Periodista de Judicial
La familia de una de las víctimas denuncia que siguen siendo el blanco de hostigamientos. / Archivo
La familia de una de las víctimas denuncia que siguen siendo el blanco de hostigamientos. / Archivo
Foto: CRISTIAN GARAVITO / EL... - Cristian Garavito / El Espectador

La primera desgracia que llegó para la familia Rodríguez Quintero ocurrió en octubre de 1987. Gerson, uno de los hijos mayores, fue desaparecido y asesinado junto con 18 comerciantes en Puerto Boyacá, luego de haber pactado un viaje de trabajo de Cúcuta hacia Medellín. Las investigaciones cuentan que murieron en manos de paramilitares que tenían nexos con miembros del Ejército. La muerte de Gerson fue el inicio de los hostigamientos, persecuciones y un segundo asesinato en su familia que aún sigue sin esclarecer y las investigaciones sin dar fruto.

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La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) condenó al Estado por la masacre de los 19 comerciantes que dejó muertos en vida a don Eliécer Rodríguez y doña Edilia Quintero, padres de Gerson, quienes se fueron a la tumba sin saber lo que pasó con uno de sus hijos. Además, abandonaron este mundo sin conocer que otra desgracia venía para su familia. De acuerdo con Wílmar Rodríguez, hermano de Gerson, los hostigamientos y las persecuciones se agudizaron tras el deceso de su familiar.

Resaltó que detrás de ello estarían grupos paramilitares y miembros de la Fuerza Pública, hipótesis que hoy investiga la Fiscalía. La situación se puso tan complicada, que en 2007 llegaron las extorsiones y con ello el desplazamiento forzado. De Ocaña se trasladaron a Bucaramanga, Norte de Santander, y allí permanecieron casi un año. Wílmar decidió retornar porque, al parecer, la marea había bajado. Meses más tarde hicieron presencia el resto de sus hermanos, entre ellos Jhon Carlos Rodríguez, uno de los menores y a quien Gerson le había prometido que le compraría unos zapatos una vez culminara su travesía con los comerciantes.

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Jhon Carlos, así como toda la familia Rodríguez, tenía esquema de seguridad. Esa, entre otras, fue una de las directrices que dio la Corte IDH una vez condenó a Colombia por la masacre de los 19 comerciantes. Para abril de 2009, la familia se percató de seguimientos por parte de miembros de la Policía y grupos paramilitares. Esa situación fue denunciada en su momento, pero ninguna autoridad tomó cartas en el asunto. Por el contrario, la situación de seguridad se agudizó.

Durante los primeros días de junio de ese año, Jhon Carlos fue fotografiado en el patio de su casa por uniformados, según denunció Wílmar, quien días más tarde tuvo que ver a su hermano menor asesinado con siete impactos de bala en la espalda. Han pasado 13 años y, desde entonces, no se conoce el paradero de los responsables. No hay una investigación formal que conduzca a identificar el motivo por el cual lo asesinaron, pese a que su muerte se registró, a juicio de Wílmar, en presencia de uniformados de la Fuerza Pública.

Wílmar, en diálogo con este diario, dijo que lo único que se sabe es que una moto llegó hasta donde estaba su hermano y lo impactó en varias ocasiones. Algunos miembros de la Fuerza Pública se dieron a la persecución de los sicarios y, aunque alcanzaron a identificar e incautar el vehículo en el que ocurrió el siniestro, hoy, 13 años después, ni siquiera se tiene rastro del automotor ni tampoco de quiénes lo manejaban. Las investigaciones por parte de la Fiscalía no han prosperado. El más reciente movimiento se registró en 2017, sin vincular a nadie en la indagación.

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En menos de 20 años la familia Rodríguez Quintero no solo perdió la paz y la tranquilidad, sino también a dos seres queridos a quienes no se les ha hecho justicia. Por eso denuncian revictimización y falta de celeridad en las autoridades para indagar sobre lo ocurrido. En el proceso judicial de Gerson, aunque tiene una condena internacional cumplida a medias, aún se desconoce quién y por qué lo mataron. En el proceso de Jhon Carlos solamente hay una sentencia de reparación directa, que quedó en firme el 5 de mayo de este año por el Tribunal Administrativo de Norte de Santander.

Sobre la investigación penal, el caso no se ha movido. No hay procesados ni mucho menos condenados, y eso es lo que reprocha Wílmar. Si bien existe una sentencia de reparación, él dice que su “hermano no es dinero. Yo quiero saber la verdad. Hay que saber por qué y cómo ocurrió lo de mi hermano Jhon Carlos. Lo terrible es que no han hecho una investigación formal en Colombia”, dijo Wílmar en diálogo con este diario.

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Con el pasar de los años, los hostigamientos y las persecuciones no han cesado. Algunos miembros de la familia Rodríguez Quintero continúan con esquema de seguridad y otros han perdido la cuenta de cuántas veces han recurrido a la Unidad Nacional de Protección (UNP) para que les asignen uno sin tener éxito. La familia que hoy en día solo está compuesta por cinco hermanos no ha conocido que la justicia colombiana haga su trabajo, por lo que denuncian falta de celeridad en sus investigaciones. Wílmar dice que no descansará hasta saber por qué sus hermanos hoy están muertos y por qué siguen siendo parte de una revictimización y blanco de hombres armados.

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