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27 Jan 2022 - 2:00 a. m.

“Uno aquí vino a ser feliz hasta donde se pueda”: Martha Sepúlveda

El 5 de enero pasado, a escasas horas de hacerse la eutanasia, la mujer que se convirtió en símbolo de la lucha por la muerte digna en el mundo charló largamente con su abogado Lucas Correa sobre la vida y la muerte, el dolor y la familia, y, claro, sobre dejar ir o, mejor, soltar.
Juan David Laverde Palma

Juan David Laverde Palma

Periodista Noticias Caracol
“Uno aquí vino a ser feliz hasta donde se pueda”: Martha Sepúlveda

El 3 de octubre de 2021 el mundo conoció la historia de Martha Liria Sepúlveda, la mujer de 51 años, católica, apostólica y romana, que sonreía mientras le contaba a un equipo periodístico de Noticias Caracol que se iba a morir una semana después por voluntad propia. El reportaje pronto causó conmoción nacional e internacional, pues se trataba de la primera paciente con un diagnóstico no terminal que accedería a la eutanasia en Colombia. Mientras los más prestigiosos periódicos y noticieros del mundo reproducían el testimonio de Martha, desde Estados Unidos hasta Argentina, y también al otro lado del Atlántico, en Europa, súbitamente la clínica encargada del procedimiento, el Instituto Colombiano del Dolor (Incodol) en Medellín, revirtió su muerte digna. Su caso se volvió una causa internacional.

(En contexto: Preguntas y respuestas sobre el caso de la eutanasia negada a Martha Sepúlveda)

Martha, quien sufría de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa que no tiene cura, quedó desconcertada entonces, pero jamás renunció a su idea de morirse a su manera. Junto a sus abogados Lucas Correa y Camila Jaramillo emprendió una batalla legal que muy rápido volvió a poner las cosas en su sitio. A finales de octubre pasado, una tutela fallada por un juzgado de Medellín le ordenó a Incodol realizar el procedimiento y dejó claro que los pacientes no terminales sí podían acceder a la muerte digna, tal como lo dispuso la Corte Constitucional en julio de 2021. Martha decidió tomarse su tiempo, pues temió que alguien intentara de nuevo atravesarse en su decisión libre. Entonces pasó sus últimos tres meses entre Medellín, Codazzi (Cesar) y La Guajira. Acompañada de su hijo, Federico, volvió a sus lugares más felices con sus amigos.

"Dios no me quiere ver sufrir a mí": la eutanasia de una mujer de fe

Apenas pasó la resaca de fin de año, ya sin barreras a la vista y con la serena convicción de estar a paz y salvo con la vida, le dijo a su hijo que regresaran a Medellín porque su tiempo aquí había terminado. El sábado 8 de enero de 2022, al filo del mediodía, todo se hubo consumado. Federico fue el último custodio de sus instantes finales y de su sonrisa poderosa. Tres días antes, el 5 de enero, Martha decidió concederle una última entrevista a su abogado Lucas Correa para que fuera publicada después de que ella muriera. Una especie de testamento en el que reafirmó todas sus convicciones sobre la eutanasia y su inquebrantable fe cristiana. Martha jamás vio una contradicción entre la muerte digna y su búsqueda de Dios. Para despedirla como se merece, El Espectador publica íntegramente esa charla de casi 19 minutos que grabó con Lucas Correa.

¿Cómo celebraste el 31 de diciembre, Martha? ¿Qué hiciste?

Estuve con mi hijo, con la familia de la novia de él y con mis mejores amigas.

¿Dónde estuviste?

En Codazzi.

En Codazzi, Cesar. ¿Y qué hiciste?

Ehh, ¡recocha! Realmente alcancé a estar hasta la una de la mañana, di el feliz año y ahí sí no daba más. Pero pasé súper.

¿Y te tomaste otro petaco de cerveza?

Me tomé unas Costeñitas, poquitas.

¿Y qué pediste para el 2022?

Yo creo que el procedimiento. Porque digamos que los tres meses que pasaron después de octubre me sirvieron para compartir más con mi hijo, la graduación, pasar Navidad y fin de año. Pero yo siempre estaba muy pendiente de hacerme el procedimiento. Todo el tiempo. Tanto es así que el 3 de enero le dije a Federico: “Nos vamos porque yo voy a programar el procedimiento”.

¿Y cómo reaccionó Federico cuando le dijiste eso?

Realmente, como Federico ha vivido el día a día conmigo y me ha visto sufrir tanto, porque así la gente me vea hablando y riéndome nadie sabe por las cosas que uno pasa con una enfermedad de estas, cierto. Fue un tema demasiado doloroso, entonces él también venía como esperando eso. Él lo veía venir, como todo el mundo. Lo veía venir, sino que yo le dije: “Bueno, hijo, ya, ahora sí, ya pasamos fin de año, ya te acompañé otros tres mesecitos, ya no aguanto más, se me acabaron las fuerzas literalmente”.

¿Y qué has hecho estos tres meses?

Estuvimos entre Riohacha, Codazzi y acá (Medellín). Es que es como lo que siempre hacíamos, cierto. Entonces en Riohacha, no sé, como meditar, pensar y tratar de estar con la gente que quería. Lastimosamente, yo no quise involucrar más a mi familia directa, o sea, a mis papás y a mis hermanos. Casi que no tuve contacto con ellos, no tuve contacto porque es lo que yo digo, ellos me ven sufrir y ellos sufren, entonces no, no. No estuve con ellos. Ni siquiera Navidad. O sea, obviamente sí estuve con ellos en mi corazón y las llamadas y cómo están, pero de mi familia no quise que estuvieran conmigo estos últimos tres meses, de mi familia directa, mis papás y mis hermanos.

¿Por qué decidiste no involucrarlos? ¿Fue muy complicado lo que sucedió en octubre?

Sí. Y de hecho ahorita casi que no me voy a despedir de ellos porque yo creo que ya en octubre me había despedido. Mi despedida fue en octubre, entonces ya volver otra vez a lo mismo con mis papás, no. No los quise involucrar. Y no los quiero involucrar tampoco en estos dos últimos días de mi vida ni decirles: “Va a pasar el sábado a tal hora”.

Yo sé que a vos no te gustan las despedidas, ¿pero has llevado a cabo algún ritual, alguna despedida con la playa, el mar, la Sierra Nevada o con algún lugar, como algo espiritual de despedida de este mundo terrenal? ¿Has hecho algo especial para vos?

Pues en Riohacha con mucho esfuerzo traté de ir a la playa, estuve un día completo que nunca casi lo había estado, fui al mar, fui al río y me gocé eso. Pero, de hecho, en esta vez que nos vinimos yo no me despedí de nadie, todo el mundo cree que voy a regresar.

La vez pasada hiciste lo mismo.

No, la vez pasada sí sabían, porque se había publicado que yo me iba a hacer el procedimiento. Esta vez yo les dije: “No, yo voy y vuelvo” a la gente que está conmigo todo el tiempo. Lo quiero hacer como más privado y no involucrar a tanta gente, porque en octubre sufrieron mucho.

¿Cómo te sentiste en octubre, cuando te cancelaron el procedimiento, y cómo te sentís ahora? ¿Sentís lo mismo, te sentís más tranquila?

Cuando me lo cancelaron yo dije: “Todo pasa por algo y es cuando Dios quiera, no es cuando Martha Sepúlveda quiera”. Yo dije, bueno, “vámonos”. Yo realmente no creí que la tutela la fueran a aprobar tan rápido. Porque yo le dije a Fede: “No, vámonos” y a esperar. Y resulta que la aprobaron muy rápido, gracias a Dios. Cuando me llamaron nuevamente a decirme que ya la habían aprobado, pues yo les dije eso, les dije: “Mi voluntad sigue siendo la misma, pero voy a esperar unos días”, que eran fin de año. ¿Cómo me siento hoy? Tranquila, tranquila. Agradecida con Dios porque yo creo que él está parando este sufrimiento. Me parece que es una enfermedad muy cruel, uno no poderse mover. Ya uno no disfruta nada. Entonces, pues, yo pienso que uno aquí vino a ser feliz hasta donde se pueda. Es como el temor de que ya te vas a volver a caer y que uno, pues, no puede hacer absolutamente nada por sí misma. Entonces, yo creo que tranquila porque voy a descansar en este momento y ya veo que ahora sí es una realidad que me van a hacer el procedimiento.

Se ha especulado que la clínica Incodol recibió presiones, incluso amenazas por parte de funcionarios del Gobierno Nacional de que los iban a cerrar y que por eso cancelaron ilegalmente el procedimiento, lo que tú ya sabes que te sucedió. ¿Qué quisieras decirles a esos altos funcionarios que intentaron atravesarse en tu decisión?

Es muy difícil estar en los zapatos de la persona que sufre, cierto. Me imagino que ellos nunca han pasado por una situación de estas. Quisiera decirles que ayuden, que por favor ayuden a la gente que está sufriendo y que está pidiendo el procedimiento, porque eso es una cosa que no la siente sino el que la vive, y ellos desde allá lo ven fácil. Yo sí les diría que se pongan en los zapatos de las personas que están sufriendo y los dejen decidir, porque es que eso es la vida: decidir. Nadie puede decidir por nadie, nadie puede juzgar a nadie, solo Dios.

"Dios no me quiere ver sufrir a mí": la eutanasia de una mujer de fe

A vos te vieron en la televisión riéndote, feliz, tranquila. ¿Por qué crees que a una parte de este país no le gusta ver a las personas felices y tranquilas antes de morir?

Porque yo creo que al mundo le falta mucho amor. O sea, la gente, la gran mayoría, está enfocada más como en ver a la gente infeliz. Yo creo que realmente les falta tener a Dios en su corazón. Yo no estoy diciendo pues que es que yo soy la más creyente, pero yo sí estoy segura de que Dios no quiere ver a nadie sufrir, que Dios no es un Dios castigador y que Dios perdona todos los pecados y que él es el único que puede juzgar. Entonces la gente yo creo que es como que todo el mundo en busca del poder, atropellan a los demás. Yo lo veo así.

Algunos pensaron y dijeron —yo no sé si a vos te lo dijeron, a nosotros nos lo dijeron— que la razón por la cual te cancelaron el procedimiento era porque habías salido en televisión y que si no hubieras salido nada de esto hubiera pasado. ¿Te arrepentís de haber contado tu historia en televisión?

No, no, para nada. Para nada, en absoluto. Pues es que a mí lo que la gente piense realmente me tiene sin cuidado. Total.

Luego el juez decidió a favor tuyo.

A Dios gracias.

Después de que cancelaran el procedimiento y de que presentáramos la tutela, el juez 20 Civil del Circuito de Medellín tomó una decisión excepcional, fantástica, rápida, que protege tus derechos. ¿Qué le quisieras decir a ese juez o a otros jueces?

Que le agradezco inmensamente, inmensamente. Además, le quisiera decir que como me ayudó a mí, pues que ayude, que ayuden los jueces a las personas que están tiradas, que están sufriendo, que les están pidiendo a gritos que los dejen morir dignamente. Y a él le agradezco mucho, mucho, mucho.

Cuando uno piensa en Martha Sepúlveda, tu nombre se ha vuelto un referente sobre eutanasia en Colombia y en el mundo. Tu noticia le dio la vuelta al mundo, en inglés, en francés... ¿Cuál crees que es tu legado cuando hablamos de muerte digna? ¿Qué le deja al mundo Martha en clave de muerte digna?

Yo lo que pienso es que la muerte es una realidad. Y que no tiene sentido quedarse sufriendo porque, repito, para qué vivir o sobrevivir si no solo el dolor es tuyo sino de todos los que te están rodeando y de todos los que te quieren. Yo pienso que es lo más normal. Si estás sufriendo, mejor descansar. Porque eso la muerte para mí, es un descanso. Yo voy a descansar.

¿Ese es tu legado?

Ajá.

(En contexto: “Tranquila, Martha: la sonrisa va a regresar”)

¿Leíste las noticias sobre tu caso?

Muy poquito.

¿Y qué sentías cuando las leías?

Es que yo no tengo redes sociales, nunca las he tenido, solo WhatsApp y en esos días lo desinstalé porque, aunque digamos que el 80 % de los casos eran de apoyo, pues había cosas malucas, entonces yo simplemente desinstalé y ya, no pasó nada.

¿La gente te reconocía en la calle o aquí en el conjunto?

Sí.

¿Y qué te decían? ¿Positivo o negativo, hubo algo que te quedó?

No, que me apoyaban. Nadie me abordó para decirme o para insultarme o para juzgarme.

¿Y eso te sorprende o era lo que te esperabas?

Pues me sorprende, digamos que yo voy a un centro comercial o estoy en un restaurante y me abordan o se quedan mirándome.

Cuando mirás para atrás lo que ha pasado, de agosto a enero, ¿pensás que ha valido la pena?

Totalmente porque pienso que se logró el objetivo y en muy corto tiempo. La primera respuesta fue rápida, lastimosamente pasó pues lo que pasó en octubre y después la tutela salió a favor también muy rápido. Entonces, claro que ha valido la pena. Se logró el objetivo: que finalmente lo que yo estaba buscando era que me autorizaran mi derecho a la muerte digna. Entonces, obviamente que sí.

¿Cómo es vivir sabiendo el día y la hora específica en la que uno se va a morir?

Digamos que la gente que es muy allegada a mí me dice: “¿Por qué estás tan tranquila? Pero es que te estás riendo”. Yo no puedo negar que sí se vive con un poco de ansiedad, cierto, pero como le decía al principio, yo casi que cuando me despierto digo: “Gracias Dios porque esto para mí es un regalo porque voy a descansar”. Porque es que realmente uno no le tiene miedo a morirse sino a cómo se va a morir. El hecho de saberlo y que es un procedimiento tan sencillo porque a mí ya me dijeron: “Son tres minutos que vas a estar ahí”. Sin dolor. Yo la verdad estoy tranquila. Y muy agradecida con Dios porque así lo miró. Se me dieron las cosas, cuando hay miles de personas luchando en condiciones de pronto más difíciles y no les han aprobado el procedimiento.

(Le puede interesar: Camila Jaramillo, la escudera de la eutanasia en Colombia en 2021)

¿Qué vas a desayunar ese sábado antes de irte a la clínica?

Ah, seguramente arepa con quesito y chocolate, me gusta ese desayuno.

¿Arepa blanca, amarilla o de chócolo?

Me gusta más la amarilla.

¿Qué es lo último que querés ver antes del procedimiento?

El rostro de mi hijo.

¿Querés que alguien te sostenga la mano o que te abrace?

Sí, él. Él. Gracias a Dios que yo nunca he dudado.

Esta entrevista va a quedar por escrito y va a hacerse pública cuando ya no estés físicamente con nosotros. ¿Le quisieras decir algo a Federico en esta entrevista?

A Fede, pues, repetírselo: que lo amé, que lo amo y que lo amaré por siempre. Es mi fuerza, es mi todo. Y agradecerle porque, contrario a lo que poquitos piensan, sin Federico esto no hubiera sido posible, él ha sido mi apoyo y vuelvo y repito: lo hace porque me ama. Él no lo hace por una cosa distinta. Yo le agradezco y lo amo. Él sabe que sobran las palabras para describir cuánto lo quiero, y desde donde esté lo voy a estar vigilando (risas).

Muy bien. ¿Hay algo más que me quisieras compartir? ¿Algo más que quisieras decir?

Agradecerles a todas las personas que estuvieron conmigo a lo largo de la vida y en el lapso, pues, de la enfermedad. Yo tengo gente que sé que me quiere mucho, obviamente mis papás, mis hermanos, pero también gente que no es familia directa y que estuvieron ahí todo el tiempo. Entonces agradecerles sus oraciones porque yo sé que hubo mucha gente orando por mi salud y yo sé que esas oraciones Dios las escuchó, pero, pues, no se dio el milagro que de pronto ellos estaban esperando. Les agradezco muchísimo. No los puedo nombrar porque son bastantes, pero ellos saben quiénes son y los llevo en mi corazón siempre.

¿Habrías hecho alguna cosa diferente cuando mirás en retrospectiva?

Pues, yo pienso que nos encaminamos por donde era. Gracias a Desclab, a ustedes, que no sé por qué, pero los encontramos en el camino. De pronto sin ustedes no habría sido posible, porque ustedes nos asesoraron, nos apoyaron. Entonces creo que las cosas se dieron porque ustedes nos dieron apoyo también. ¿Qué hubiera hecho yo diferente? Próxima pregunta.

Juan David Laverde Palma

Por Juan David Laverde Palma

Periodista de la Unidad Investigativa de Noticias Caracol y colaborador del diario El Espectador. Periodista y magíster en Estudios Políticos.@jdlaverde9jdlaverde@caracoltv.com.co
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