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10 Mar 2015 - 12:44 p. m.

Las cinco cabezas del Clan Úsuga: alias 'Otoniel', 'Gavilán', 'Nicolás', el 'Indio' y 'Guagua'

Cinco hombres lideran la banda criminal más grande y poderosa del país. El Clan Úsuga puede estar facturando de US$5 a US$7 millones de dólares mensuales por tráfico de drogas.

Redacción Judicial

Cortesía
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La incautación de un cargamento de tres toneladas de cocaína el 24 de febrero y que costaría US$87 millones en el mercado internacional dio inicio a la operación con la que se espera capturar a los líderes del Clan Úsuga, antiguos Urabeños, y acabar con sus fuentes de financiación.

Una comisión permanente de hombres de la Policía, la Dijín y la Dirección de Antinarcóticos se instaló en Urabá y según la orden recibida no regresarán hasta que presenten resultados en el debilitamiento de la banda criminal más grande y poderosa de país. En el último año los golpes a esta estructura han tocado el corazón de sus líderes, algunos de los capturados y abatidos han sido familiares u hombres de confianza de alias ‘Otoniel’ y alias ‘Gavilán’.

El Clan Úsuga ha logrado coptar otras organizaciones delictivas más pequeñas a través de la venta de franquicias, causando un crecimiento exponencial de su pie de fuerza y sus áreas de influencia. 

El Espectador presenta un perfil de las cinco cabezas de la banda criminal que tiene azotada la región de Urabá y el pacífico colombiano con una serie de vejaciones asociadas al narcotráfico, como sicariato, extorsión, amenazas y desplazamientos. Este diario conoció las excentricidades, estrategias, metodologías y zonas de arraigo de cinco de los hombres más perseguidos del país.

Alias ‘Otoniel’, ‘Gavilán’, ‘Nicolás’, el ‘Indio’ y ‘Guagua’ conforman el estado mayor del Clan Úsuga y son los generadores de los mayores ingresos que tiene la organización criminal.
 

‘Otoniel’, el jefe

 
Dairo Antonio Úsuga es el hombre más buscado de Urabá. Tiene fincas, casas, centros comerciales, carros, ganado y millones de dólares y pesos que distribuye entre sus testaferros, mientras él vive escondido en las entrañas de la selva  en condiciones austeras para evitar ser atrapado. El primero de enero de 2012 fue abatido su hermano, Juan de Dios Úsuga, alias ‘Giovanni’, en un operativo realizado cuando la familia  celebraba el fin de año.

Es un hombre cuidadoso, aunque, según las autoridades no es tan metódico como lo exige su negocio. “En Urabá no se mueve un gramo de coca sin que él sepa, pero a veces le llegan pagos por cosas que no tiene idea a qué corresponden”. Se abstiene de usar aparatos electrónicos, su comunicación con los demás miembros del grupo la hace a través de correos humanos.

Los investigadores de Antinarcóticos que han seguido sus pasos lo conocen muy bien, tanto como para saber qué tipo de mujeres le gustan. ‘Otoniel’ con 43 años pide que le lleven  menores de edad, todas de la región. Se involucra casi siempre con mujeres cercanas a él, hijas de empleados, de sus escoltas o de los campesinos de la zona. Para las autoridades esta característica lo presenta como un hombre cauteloso, sabe muy bien que por las mujeres puede caer, como le ha pasado a muchos otros narcotraficantes.

Hace poco fue capturada una de sus compañeras sentimentales, Blanca Senobia Madrid Benjumea, alias ‘La Flaca’, señalada de ser, junto con varios miembros de su familia, testaferros del Clan. Los bienes inmuebles y el ganado son la principal inversión de la estructura criminal.

Los lugares por los que se mueve Úsuga corresponden a áreas rurales de Turbo y San Pedro de Urabá. Por información que conduzca a la captura de este hombre, las autoridades ofrecen una recompensa de hasta US$ 1 millón.

 

‘Gavilán’, el estratega 

Le debe su alias al gusto por las niñas. El ‘Gavilán pollero’ sólo se involucra con menores de 12 a 17 años. “Es un enfermo sexual”, dicen los investigadores que lo siguen desde hace tres años. Por lo menos una niña es llevada diariamente hasta donde Roberto Vargas Gutiérrez. El hombre de 46 años tiene personas que le buscan chicas en Urabá y Medellín, a quienes les paga entre $700 mil y $1 millón por sus servicios.

La Policía ha logrado hablar con algunas de las menores que lo visitan, y dicen que van allí porque les paga bien. En una oportunidad una de ellas explicaba que usaba el dinero para comprarles útiles escolares a sus hermanos; otras, en cambio, lo hacen para comprarse motos Biwis. Hace dos años sus escoltas eran sólo mujeres, a varias de las cuales les patrocinó cirugías plásticas.

En siete oportunidades ha estado a punto de ser detenido. Una de ellas cuando la Policía llegó a un lugar en la selva donde había construidas tres casas rústicas. El operativo no contó con el personal suficiente para allanar las tres propiedades al mismo tiempo, y ‘Gavilán’ y sus hombres lograron escapar. Para las autoridades las condiciones agrestes de la selva han impedido que alguno de los operativos conduzca a su captura. La recompensa por ‘Gavilán’ llega a los $1.200 millones.

El número de personas en su círculo más cercano se redujo de 12 a 5 en los últimos meses, porque procura evitar los enfrentamientos con la Fuerza Pública. ‘Gavilán’ ejerce control en Unguía, Tanela e Istmina (Chocó). 

El asesinato de Mateo Matamala y Margarita Gómez, en 2011, fue determinante para que se internara definitivamente en las selvas de Urabá. La orden de asesinar a los dos jóvenes universitarios, que hacían turismo en playas cercanas a San Bernardo del Viento (Córdoba), provino de él y de alias ‘Giovanni’, quienes creyeron que los estudiantes de la Universidad de los Andes eran investigadores que estarían consiguiendo información sobre la banda delincuencial.

 

‘Nicolás’, el cauto

 

Es el único que tiene orden de extradición. Con 38 años, Carlos Antonio Moreno Tuberquia es el más austero, metódico y organizado de todos. No usa celular, ni ningún otro medio tecnológico por el que pudiera eventualmente ser rastreado.

Tiene una escuadrilla de hombres uniformados y fuertemente armados. Su zona de influencia limita con los lugares donde actúa ‘Gavilán’ y se extiende hasta la frontera con Panamá, lo que le significa una gran responsabilidad dentro de la banda por estar encargado de sacar droga del país por esa zona. Es un hombre desconfiado, obliga a sus visitantes a entrar sin armas y sin medios de comunicación, incluso si son miembros del clan que pertenecen a otro frente.

Dentro de la estructura criminal ha tenido problemas por su poco sentido de pertenencia, está concentrado en el negocio del narcotráfico, pero no se involucra con las políticas ni con las doctrinas del clan.

 

El ‘Indio’, el excéntrico

 
De los cinco es el único que en ocasiones se moviliza por los cascos urbanos de municipios y corregimientos de Urabá.  Siempre está escoltado por un grupo de hombres armados, está preparado para enfrentarse contra la Fuerza Pública.

Los oficiales de la Dirección de Antinarcóticos, explican que el prototipo de Aristides Mesa Páez es del “típico traqueto”. Se moviliza en camionetas costosas y vive en una mansión en la vereda Las Changas, en Pueblo Nuevo, cerca de Necoclí. El hombre de 46 años es excéntrico, apasionado por el fútbol y al parecer consumidor frecuente de cocaína.

Dentro del clan tiene el poder de definir quién entra y quién sale. Maneja un gran presupuesto y sus zonas de influencia se concentran en las veredas Las Changas, Mello Villavicencio y Mellito, todas de Necoclí (Antioquia).

 

“Guagua”, el ideólogo

 
La persecución a “Gavilán” lo obligó a reemplazarlo en el Urabá antioqueño. Mientras Roberto Vargas se desplazó hacia el Urabá chocoano, Jairo de Jesús Durango, alias “Guagua”, asumió el control de los municipios ubicados en la vía que conduce al mar, es decir, Mutatá, Carepa, Chigorodó y Turbo. Su designación tuvo relación con su experiencia militar, debido a que en la zona tenía que enfrentarse con grupos de guerrilleros de las Farc.

En lo que respecta a tránsito de droga, domina las rutas fluviales, especialmente el río Atrato. Su capacidad operativa y estratégica le valió acordar pactos de no agresión con las Farc, al punto de conseguir acercamientos para producir y comercializar cocaína en conjunto. Su trabajo le representa al clan Úsuga grandes sumas de dinero.

El hombre, de 42 años, es el más reservado en su vida personal, tiene una esposa e hijos que son los únicos que lo visitan en los lugares donde se esconde.

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