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Gamarra, la prueba del peligro mortal de las mentiras de cara a las elecciones legislativas

Durante la jornada electoral de 2023 en Gamarra (Cesar), una turba incendió la sede de la Registraduría. Entre las llamas murió Duperly Arévalo; Rosenda Contreras quedó en estado vegetativo; Ofelia Castro sufrió heridas en todo su cuerpo y Mileina Rodríguez sobrevivió con profundas secuelas psicológicas. Este es el drama detrás de los discursos radicales los mensajes de odio, las mentiras y la desinformación en las elecciones.

Paulina Mesa Loaiza

07 de marzo de 2026 - 09:05 p. m.
Entre las llamas murió Duperly Arévalo; Rosenda Contreras quedó en estado vegetativo; Ofelia Castro sufrió heridas en todo su cuerpo y Mileina Rodríguez sobrevivió con profundas secuelas psicológicas.
Foto: Eder Rodríguez
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Juan Abello lleva marcada una escena en su memoria: el cuerpo de su madre, Rosenda Contreras, con quemaduras de tercer grado, acompañado de los gritos por sus brazos y piernas a carne viva. Es una imagen que vuelve a pasar por su corazón cada vez que la ve acostada en una cama de la que no se puede parar. Cada vez que busca en ella un consejo y no encuentra más que su mirada. Cada vez que recuerda que, hace tres años, una turba enfurecida decidió dejarlo sin su más grande guerrera.

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El 28 de octubre de 2023, en plena jornada electoral atípica, manifestantes incendiaron la sede de la Registraduría en Gamarra (Cesar) a raíz de una infundada sospecha de fraude y mensajes de odio que se difundieron por redes sociales. De ese fatídico día también fueron víctimas Duperly Arévalo, quien no logró salir de la sede y encontraron su cuerpo completamente calcinado; Ofelia Castro, a quien tuvieron que hacerle cirugías por las heridas. Mileina Rodríguez sobrevivió, pero hoy carga con profundas secuelas psicológicas. Rosenda, la madre de Juan, quedó en estado vegetativo.

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Cuando Juan habla de su mamá, a veces no sabe si nombrarla en pasado o en presente. Pareciera como si ella hubiese quedado en un limbo, entre la vida y la muerte. Por la gravedad de sus heridas, tuvieron que intubar, pero un paro respiratorio le provocó un Accidente Cerebrovascular. Su hijo explica que actualmente tiene una traqueotomía, una gastro, una colostomía y ninguna recuperación. “El estado de ella es irreversible”, dijo. Casi tres años después de lo ocurrido, la vida continuó para las familias de esas cuatro mujeres, funcionarias de la Registraduría, que poco o nada estaban relacionadas con la política.

El rumor de fraude que encendió a Gamarra

Hoy, en medio de un tenso panorama electoral y una mezcla de mensajes en redes sociales, incluso del presidente Gustavo Petro, sobre un presunto fraude, esas familias reconstruyen la historia y lanzan una advertencia: cuando la desinformación se instala en la política, sus consecuencias pueden cobrar vidas.

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Detrás del ataque de aquel 28 de octubre de 2023 hubo una cadena de desinformación y mensajes falsos que se propagaron por redes sociales y terminaron por enfurecer a una multitud que, en respuesta a la inhabilidad del Consejo Nacional Electoral sobre su candidato, Fernando Rafael Márquez, organizaron una manifestación.

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A través de Facebook y cadenas de WhatsApp, el político del partido En Marcha decía a su seguidores que, a pesar de la decisión del CNE, continuaba siendo el candidato porque su foto estaba en los tarjetones. “Nuestra candidatura continúa siendo válida y el voto de nuestros seguidores tiene pleno respaldo legal. No existe ninguna decisión definitiva que nos obligue a dar marcha atrás”. “Si salgo en el tarjetón, tu voto es válido”, señalaba.

Pronto su fanaticada, enfurecida porque esos votos no serían válidos, se organizó y atizó los ánimos. “Mi gente de Gamarra, vamos todos a marchar a llegarle también a la casa a esta gonore.... y darle su merecido que con Gamarra no se juega que ay (sic) dolientes”. “Ojo mucho ojo pueblo de Gamarra. La Registraduría por qué tiene que estar abierta a horas de la madrugada o es que la señora registradora deja la puerta abierta”, se leía en los comentarios de perfiles, algunos falsos, sobre cuestionamientos y mensajes de odio contra otros políticos. La marcha inició cerca a la estación de gasolina de Gamarra y se dirigió hacia la sede en la que se encontraban las cuatro funcionarias en el transcurso normal de la jornada electoral.

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Al llegar a la sede de la Registraduría, los manifestantes iniciaron una transmisión en vivo en sus perfiles de Facebook y los comentarios caldearon el ambiente: “Vamos mi gente. Estamos más unidos y más fuertes que nunca. Aquí está tu gente Fernando Márquez”. “Empezó la quemazón. Llegan imágenes de la asonada en Gamarra”, se leía.

Las funcionarias habían escuchado rumores sobre manifestaciones, pero la Policía les señaló que eran pacíficas. Lo cierto es que, desde la gasolinera, tres personas camuflaron pimpinas de gasolina en un coche de bebé. El ataque fue premeditado. En la sede, las arengas se hicieron cada vez más violentas y los manifestantes tiraron piedras hasta romper la vidriera principal.

Duperly Arévalo no logró salir de la sede de la Registraduría y encontraron su cuerpo completamente calcinado.
Foto: Eder Rodríguez

Los últimos mensajes antes del incendio

Duperly, asustada, le envió mensajes a su hermana Laura Arévalo: “Niña, pide mucho a Dios. Aquí afuera hay manifestación. Está lleno”. Rosenda llamó a su hijo Juan para advertirle que había una protesta, que no se acercara a la Registraduría. Mileina se escondió detrás de la puerta principal, donde tenía una vista panorámica de la situación. Y Ofelia, quien era la registradora en ese momento, pensó en que si iban a matarla, prefería que fuera en su trabajo. Un hombre identificado como Cristian Lobo Pacheco arrojó la pimpina de combustible, intentó dos veces iniciar el fuego, y solo a la tercera lo logró. De inmediato, las llamas, el humo, los gritos y la confusión lo ocuparon todo.

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Juan no alcanzó a escuchar a su mamá en la llamada en la que le advertía que no fuera a la sede. Cuando llegó y vio un incendio consumiendo el pequeño salón, su mente quedó en blanco y su cuerpo se paralizó. “Vi una persona salir por el lado de la puerta, pero como estaba en shock, no identifiqué quién era. Solo pude reaccionar cuando la doctora Ofelia cayó a mis pies. Ahí fue donde reaccioné”, narró Abello a El Espectador. Esa persona que salió por la puerta, pero que no pudo identificar, era su mamá. “El recuerdo que más tengo es ver a mi mamá quemada”, dijo. Relata que ella le preguntó por su compañera Duperly y antes de quedar inconsciente le dijo: “Hijo, cuídese”.

Mileina logró salir corriendo apenas estallaron las llamas porque estaba escondida detrás de la puerta principal. Esa fue su salvación, pero al mismo tiempo, su condena. Ella fue la única que pudo ver con vida por última vez a Duperly Arévalo y ese recuerdo la persigue todas las noches. “Lo que más recuerdo es la cara de miedo que vi en Duperly en el momento antes de encerrarse en el baño. Esa cara de miedo no se me olvidará. Voy a llevar esa imagen toda mi vida, en mi existencia. Esa escena de ella resguardándose del peligro”, relató Rodríguez a este diario. Ante el miedo, Duperly decidió encerrarse en el baño. Pero las llamas lo consumieron todo y la encontraron incinerada.

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Cuando hicieron la inspección del lugar, las autoridades le preguntaron a Mileina si en la sede había una mascota, algún perro pequeño, pero luego determinaron que era el cuerpo de Duperly que había quedado totalmente consumido. Mileina todavía llora recordando ese día. Lleva dos años en terapia y en tratamiento psiquiátrico. Le cuesta disfrutar la vida porque se siente culpable. Su compañera era madre cabeza de hogar de un niño de 13 años y una niña de 7. “Cuando hablo con la hermana de Duperly, ella me cuenta de los niños, me dice que hay días bajos y otros alegres. Eso me afecta mucho. Cuando llega la noche y ya no se escucha nada, llega el sonido de la sirena y me revuelve todo lo que viví en Gamarra”, recordó.

Al pensar en ese día, Mileina cuenta una anécdota que hoy le parece inocente. Para ese 2023 su puesto de trabajo no estaba en Gamarra, pero desde la Registraduría le pidieron trasladarse al municipio para apoyar las elecciones atípicas. Recuerda que pensó en que era un buen lugar para trabajar porque revisó que Cesar no estaba en el mapa de riesgo y nunca escuchó de alteraciones. Estaba feliz de conocer a sus nuevas compañeras y al poco tiempo se hizo amiga de Ofelia, Rosenda y Duperly. Compartían almuerzos o contaban sus días durante la jornada laboral. Pero la rutina se terminó con la tragedia y ahora solo habla con Ofelia.

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“A veces me encuentro con Ofelia y hablamos siempre de lo que sucedió ese día. A veces me cuenta cosas de las que no me acuerdo y yo le cuento escenas que ella no pudo ver. Recuerdo mucho cuando ella salió quemada y yo intenté alzarla del suelo por los brazos, pero su piel se quedaba pegada en mis manos”, relató Mileina.

La fatal mezcla entre desinformación y política

A pesar de estos testimonios y un episodio tan cruel como el de Gamarra, tres años después de ese suceso, la Defensoría del Pueblo, la Misión de Observación Electoral (MOE), la Procuraduría y la Registraduría han tenido que hacer constantes llamados a desescalar el lenguaje y no difundir mensajes falsos en redes. Esta última entidad, sobre todo, conoce las consecuencias de situaciones en las que impera la mentira y la desconfianza. Sin embargo, encontraron, de cara a los comicios de este 8 de marzo, la persistencia del uso del lenguaje violento y estigmatizante. Además, identificaron acusaciones reiteradas de delitos y vinculación a grupos criminales sin evidencia. A eso se le suma la información no verificada.

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Para Floralba Padrón, directora del Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahita de la Universidad Externado, otro asunto que está en juego son los cuestionamientos a los resultados electorales, lo que pone en entredicho la confianza pública en el sistema democrático. Cuando se cuestionan sin fundamento los resultados electorales, se erosiona la credibilidad institucional y se debilita uno de los pilares fundamentales del Estado constitucional. “El gran reto contemporáneo es garantizar que la libertad de expresión conviva con la responsabilidad informativa y con la protección de la integridad electoral”, señaló a El Espectador.

En esa misma línea, Christian Fajardo Carrillo, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, explicó que hay que aceptar el veredicto en las urnas, aunque no sean de afinidad a ciertos sectores. “En un Estado de Derecho se tienen que respetar de un modo incondicional los resultados de unas elecciones a pesar de que no nos guste, a pesar de que a ciertas personas con cierta influencia no les guste. A través de noticias falsas, el proceso electoral puede terminar generando acciones desbordadas por parte de la gente. Justo como en el caso de Gamarra”, puntualizó el experto.

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A Mileina la tragedia todavía se le hace ajena. Se reconoce como una mejor que llegó a la ciudad desde el campo. Su papá es agricultor de la Serranía del Perijá y su mamá es enfermera pensionada del hospital de Agustín Codazzi. Su vida nunca estuvo cruzada por la política, por eso hoy le cuesta entender por qué fue víctima de esta. “Nunca he tenido pasión por la política. No me gusta opinar porque cada quien tiene su punto de vista y hay personas muy fanáticas, pero yo no me meto en la política. No he sido seguidora de ninguna clase política”, explicó. Actualmente, y a pesar de todo, ella sigue siendo funcionaria de la Registraduría.

Juan relata algo similar. Su mamá, Rosenda, en realidad era auxiliar de odontología. Trabajaba con una doctora que cerró su consultorio, pero la ayudó a ubicarse como supernumeraria en unas elecciones y se mantuvo en la Registraduría. “A mi mamá siempre le gustó el tema electoral, pero nunca le gustó el tema de política. Siempre fue una mujer imparcial, una mujer neutra, no se ponía la camiseta de ningún partido político. En Gamarra pueden decir que mi mamá nunca se tiñó de ningún color. Nunca estuvo en marchas, siempre iba de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, dijo Juan, quien gracias al ejemplo de su mamá, hoy es funcionario de la Registraduría.

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Duperly tampoco era cercana a la política. Ella estudió contaduría, pero una situación familiar la llevó a buscar trabajo en lo primero que saliera. Una amiga la ayudó a encontrar un puesto en la Registraduría y gracias a sus estudios, era la que más experiencia tenía. Su familia la recuerda como una mujer muy trabajadora, guerrera, cariñosa y amorosa. Mileina también piensa que fue una mujer excelente y una gran amiga, por eso todavía siente culpa cuando recuerda que fue la última en verla con vida.

Por su muerte, el 7 de agosto de 2025, el Tribunal Superior de Valledupar confirmó la condena a 60 años de prisión a Yuverlis Bermúdez, Isaías Peña Oliveros y William Castro Torrado. Sin embargo, Lobo Pacheco, quien encendió el fuego, sigue prófugo.

Más allá de las condenas o procesos judiciales, las historias de Mileina, Duperly, Ofelia y Rosenda son memoria de las consecuencias de una violencia que produce la desinformación, las mentiras y la desconfianza. A las cuatro, esas consecuencias absurdas de la política fanática las encontró un día de trabajo cualquiera y atravesó para siempre las vidas de sus familias. Juan, Mileina y Ofelia todavía creen en la democracia, aunque un día, una mala mezcla de odio, guerra y discordia, les quitó una parte de su vida.

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Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Paulina Mesa Loaiza

Periodista de la Universidad de Antioquia e ilustradora. Ha escrito en prensa y portales digitales con especial interés en justicia, conflicto, memoria y paz. Actualmente es periodista de Colombia+20.@paulina_mesalpmesa@elespectador.com
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