16 Jan 2020 - 2:00 a. m.

Los pleitos de la familia Convers por su herencia

El empresario Eduardo “Uto” Sáenz y Mauricio López Obregón, hermano de Clara López, compraron dos fincas que eran de la familia Convers. Detrás de los bienes hay una enorme pelea por una herencia, que incluye bienes escondidos y documentos firmados en lechos de muerte.

Los Convers, una reputada familia de Bogotá de empresarios, médicos y académicos, son los protagonistas de un mayúsculo pleito por una millonaria herencia que tiene a punto de enfrentar en juicio a María Ana Convers Convers y a dos de sus sobrinos por estafa agravada, falso testimonio y fraude procesal. La génesis de esta pelea se remonta al 19 de marzo de 1994, cuando el hermano menor de Convers, el médico genetista Sergio Miguel Convers, falleció en el hospital de Tunja por un tromboembolismo pulmonar. En su lecho de muerte habría firmado una escritura para venderle sus derechos de la herencia de sus padres, el abogado Carlos Convers Fonnegra y Esther Convers Gutiérrez. La transacción se hizo, dijo María Ana Convers, por $1 millón.

La viuda del doctor Convers, Margarita Yáñez, y sus dos hijos (Juan Camilo y Andrés Felipe Convers Yáñez), pensaron que su esposo los había dejado con las manos vacías. En diálogo con este diario, los hermanos Convers Yáñez cuentan que ellos creían que su tía, al cabo de un tiempo, les daría una participación de la herencia. Al ver que no sucedió, Margarita Yáñez, en 1998, demandó a María Ana Convers en un proceso por simulación y lesión enorme sobre la venta de derechos herenciales. El caso terminó nueve años después con un pago por lesión enorme de María Ana Convers a su cuñada, y la cifra se tasó con base en los bienes de la familia que aparecían en la escritura de sucesión de 1995.

Sin embargo, lo que llevó a María Ana Convers a juicio, según la Fiscalía, fue que “guardó silencio respecto de la existencia de otros bienes de sus padres que no fueron incluidos en la escritura, pues existe una escritura de partición adicional sobre la sucesión de los abuelos Carlos Convers Fonnegra y Esther Convers Gutiérrez”, con fecha del 29 de diciembre de 1997, en la notaría de Tocaima (Cundinamarca). La viuda de Sergio Miguel Convers, asegura el ente investigador, desconocía esa adición y, por consiguiente, no pudo incluirla en su demanda. “Ana Convers dilató intencionalmente el registro de la adición, escritura que fue realizada en 1997 en Tocaima y registrada en 2001 en Girardot”.

Los bienes que habría ocultado María Ana Convers, dice la Fiscalía, son las fincas La Chiravira, El Hervidero (que colinda con el río Bogotá) y ocho hectáreas de un terreno vecino, todas ubicadas en Tocaima. La primera finca ya fue vendida al empresario Eduardo "Uto" Sáenz Gómez, quien según supo este diario por dos fuentes de la Alcaldía, tiene gran influencia en la región. La segunda está en manos de Miguel López Obregón, hermano de la exalcaldesa de Bogotá y excandidata a la presidencia Clara López Obregón. Asimismo, este es el presidente de la Federación Colombiana de Polo y miembro de la junta directiva de la Comisión Fulbright en Colombia.

Los bienes que sí hicieron parte del pago en el proceso de lesión enorme fueron dos casas en Chapinero Alto (Bogotá), una finca en Funza (Cundinamarca), una casa lote en Girardot y una finca llamada El Guadualito (en Agua de Dios, la cual tiene minas de yeso). Según los hermanos, su padre, Sergio Miguel Convers, fue quien se hizo cargo de los bienes de los abuelos Convers Convers. Cuentan que en los años 90 la situación de orden público en Tocaima era “peligrosa”, pues el frente Reynaldo Cuellar de las Farc y los paramilitares de John Fredy Gallo, alias El Pájaro, hacían presencia en la zona. Los Convers Yáñez señalan que Sergio Miguel y su abuelo se manejaban con “mucha cautela” y bajo perfil.

La Fiscalía dice que María Ana Convers indujo en un error a las autoridades de registro de Instrumentos Públicos de Bogotá y Girardot, así como a las autoridades judiciales, “usando medios fraudulentos como el engaño y la falsedad con el fin de legitimar las escrituras falsas con que se tramitaron la venta de derechos herenciales de su hermano y la sucesión de sus padres”. De esta manera, dice el ente investigador, también logró obtener sentencias que, por un lado, legitimaran la escritura con que supuestamente compró los derechos herenciales de su hermano y, por el otro, la favorecieran en el proceso legal que falló en su contra (la demanda de lesión enorme)”.

En los procesos civiles y el interrogatorio que le hizo la Fiscalía a María Ana Convers, ella aseguró que el estado de salud de su hermano el día que falleció, 19 de marzo de 1994, “no le impidió de manera alguna suscribir, con pleno uso de razón”, la escritura en la que le vendía los derechos herenciales a ella, quien lo acompañó en sus últimas horas. Sin embargo, Medicina Legal y el perito Máximo Duque (el exdirector de esa entidad que fue cuestionado por la forma en que exhumó el cuerpo del estudiante Luis Andrés Colmenares) dicen lo contrario: Sergio Miguel Convers no se encontraba en condiciones físicas y mentales de decidir o leer y comprender documentos de contenido jurídico o financiero.

Medicina Legal dice que el cuadro clínico que presentaba el médico Convers, el cual venía empeorando desde el 18 de marzo de 1994 (un día antes de su fallecimiento), le generaba alteraciones en la respiración, en la circulación “situación que repercute y altera las funciones mentales superiores como la orientación, la concentración, el análisis (...) limitando su funcionamiento cognitivo”. El perito Duque, contratado por los hermanos Convers Yáñez, agrega que el día de la muerte del padre de estos (quien fue director de varios hospitales públicos), él tenía una anormal baja presión arterial, “lo cual genera alteración de la conciencia”.

Sobre el documento que firmó Sergio Miguel Convers, en el que habría vendido sus derechos herenciales, la Fiscalía dice que en algunas partes se presentan “textos impresos por sistemas diferentes (...) lo que indica que los textos de estos folios fueron elaborados en tiempos diferentes de impresión”. Asimismo, el ente investigador determinó que en los folios “no se presentan la misma saturación y tonalidad cromática de la tinta”. Otro hecho que tampoco se explica la Fiscalía es cómo Sergio Miguel Convers aparece cinco meses después de su muerte vendiendo su vehículo y haciendo el traspaso ante el Instituto de Tránsito de Cómbita (Boyacá). La Fiscalía no ha determinado quién suplantó su identidad.

¿Qué dice María Ana Convers?

El Espectador se contactó con sus abogados, quienes señalaron que sobre el proceso penal de su defendida no piensan hacer declaraciones. En cambio, sí señalaron que sobre los bienes en disputa existen tres procesos civiles que salieron a su favor. Dos por los cuales los hermanos Convers Yáñez han solicitado a la justicia que se reconozca su parte de la herencia de sus abuelos, que ellos dicen fue usurpada. El primero, que se anule la partición adicional a la sucesión. El segundo, una demanda reivindicatoria y de petición de herencia. El tercero en el que los Convers Yáñez reclaman una casa que fue comprada por su padre en 1985, pero donde actualmente vive María Ana Convers.

El juicio se programará cuando se resuelva un conflicto de competencias que llegó a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, la cual decidirá qué magistrado del Tribunal Superior de Tunja debe resolver los recursos presentados por la defensa y los terceros compradores de las fincas. Estos últimos pidieron se respetaran sus derechos sobre los bienes que adquirieron y que actualmente tienen medidas cautelares, es decir, no pueden ser vendidos. El caso quedó en manos del magistrado Fernando Castro Caballero. Los hermanos Convers Yáñez tienen la preocupación de que este proceso de más de 20 años quede sin resolverse, pues los delitos que se le imputan a su tía podrían prescribir.

Historia de la familia Convers

La historia del apellido Convers en Colombia, familia que llegó desde Francia a finales de siglo XVIII y echó raíces en Bogotá, Cundinamarca y el Meta, está llena de personas destacadas en las artes, las fuerzas militares, la medicina y el comercio. Pero, también, algunos de sus miembros protagonizaron episodios misteriosos y desenlaces infortunados. El primero en llegar al país fue Francisco Convers Convers, nacido, supuestamente, en Saint Etienne a finales del siglo XVIII para luego viajar a Colombia y morir en Bogotá en 1873. Sobre su verdadera identidad su propia familia dice que fue el hijo de Luis XVI, el delfín Luis Carlos de Borbón, quien huyó luego de que estallara la Revolución Francesa.

Incluso, el tronco principal de la genealogía de los Convers se unió con la familia italiana Codazzi, de la cual provienen los primeros grandes terratenientes del Meta en el siglo XIX y XX. Asimismo, Agustín Codazzi, el prestigioso militar italiano que participó en las guerras napoleónicas y de independencia de Colombia y Venezuela hace parte de esta familia: su hija Araceli se casó con Sergio Convers Sánchez, hijo de Francisco Convers Convers. Este ingeniero civil fue jefe de comisión en diferentes investigaciones sobre el río Meta y participó en la delimitación de posibles zonas ricas en hidrocarburos entre los municipios metenses de San Martín y Uribe.

Parte de la familia cree fervientemente en la versión dada en 1970 por la nieta de Francisco Convers, María Francisca Convers Codazzi, sobre el origen real de su abuelo. Otros integrantes de la familia sostienen que la historia es falsa. Un miembro de este clan que también fue famoso, pero por su trágico destino y registrado por las páginas de crónica roja de los periódicos, fue Jaime Padilla Convers (primo de María Ana Convers), empresario estadounidense, asesinado a las afueras de Bogotá en 1969 por su cuñado, Gonzalo Carreño, un criminal de la aristocracia bogotana que años más tarde secuestró un avión de Avianca y creó una célula guerrillera, llamada Organización Revolucionaria del Pueblo.

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