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Los tentáculos de ‘Don Mario’ apenas se revelan

El Espectador revela nuevos detalles de la investigación que tiene en entredicho al hermano del Ministro.

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Redacción Judicial
23 de agosto de 2008 - 03:26 a. m.
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Dos investigaciones paralelas, la primera adelantada por experimentados oficiales de la Dijín y la segunda encabezada por una fiscal antimafia, con colaboración de agencias británicas y alemanas, desde hace dos años han venido confeccionando varios expedientes con un objetivo común: penetrar y desarticular el temible narcoimperio criminal que heredó de su hermano, el desmovilizado jefe paramilitar Fredy Rendón, alias El Alemán, un hombre que durante 20 años pasó de agache para las autoridades: Daniel Rendón Herrera, más conocido en el mundo del hampa con un alias que genera pánico: Don Mario.

Nacido el 12 de noviembre de 1964, natural de Amalfi, Antioquia, Don Mario proviene de una extensa familia compuesta por 14 hermanos, tres de los cuales ya fallecieron. El último fue asesinado en febrero de este año, según las autoridades como consecuencia de vendettas entre ex paramilitares. El interés de los organismos de seguridad por Daniel Rendón empezó a perfilarse luego de la desmovilización de su hermano menor, de quien heredó no sólo un séquito de sus hombres de confianza, sino también los millonarios negocios del tráfico de estupefacientes que se movía en el Urabá y Córdoba.

Hasta hoy, la opinión pública sólo ha conocido las escandalosas revelaciones publicadas por la revista Cambio sobre el nivel de penetración de la banda de Don Mario en las fiscalías de Córdoba y Antioquia, con un ingrediente que tiene contra las cuerdas al ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio: su hermano Guillermo aparece nada más ni nada menos como la punta de lanza de esa infiltración. Centenares de grabaciones, seguimientos y videos y hasta avezados operativos de investigadores que lograron acceder al círculo impenetrable de la cúpula de esa organización, constituyen un dossier que apenas levanta ampolla, pero que promete arreciar muy pronto.

El Espectador conoció detalles de la estructura de la organización de Don Mario, información que han venido guardando celosamente las autoridades, muchas veces de manera compartimentada, por una razón elemental: el poder de infiltración en los estamentos claves de Antioquia y Córdoba. Hoy se sabe que los hermanos Juan y Dairo Usuga, ex guerrilleros del Eln, manejan el ala militar de Rendón; un hombre apodado Chely maneja las rutas de Cesar y La Guajira; John Fredy Manco Torres, alias El Indio o Alberto —detenido el 4 de agosto— era su mano derecha; y el prestigioso empresario Juan Felipe Sierra, el relacionista público.

Para configurar el expediente, dos investigadores se colaron en el séquito de hombres que cuidaba a El Indio y poco a poco ganaron su confianza. Incluso, fueron invitados a parrandas en fincas en Urabá y en Antioquia y presenciaron las usuales extravagancias de los narcos: mujeres por montón, licor a sus anchas y una rumba larga. Se enteraron de intimidades y fueron descubriendo nombres, teléfonos, sitios de encuentro y contactos.


Mientras la Dijín se concentraba en El Indio para desarticular el negocio del narcotráfico, la Fiscalía centró sus ojos en Juan Felipe Sierra, dueño de la compañía de seguridad Control Total, que tiene 1.200 empleados y 350 armas registradas, y con unas relaciones que le facilitan a la organización moverse a su antojo.

Sierra era socio del Club Campestre de Medellín, tenía un lujoso apartamento en Cartagena y una finca en el Urabá, era dueño de una prestancia social tan conocida en su natal Medellín que entraba como Pedro por su casa a consejos de seguridad y consejos comunales que realizó el Presidente en su departamento. Íntimo amigo de Guillermo León Valencia y de la destituida directora de fiscalías de Córdoba, Perla Dávila, a quien incluso le giró dinero para una cirugía estética. Según se desprende de las grabaciones reveladas por Cambio, Sierra le pidió a su amigo Valencia que borrara todo rastro de El Indio del organigrama de Don Mario y así se hizo.

Las autoridades, sin embargo, están convencidas de que no fue Don Mario el gestor de esta infiltración en las fiscalías de Córdoba y de Antioquia. Están convencidos de que ésta se había mantenido desde los tiempos en que mandaban en Antioquia y Córdoba los hermanos Castaño y alias Don Berna. “Una vez subió al poder Don Mario, El Indio se ofreció para seguir alimentando sus contactos en la Fiscalía y manejando los intermediarios de las rutas del narcotráfico”, señaló una fuente de la Policía consultada por El Espectador. Fue entonces cuando las autoridades empezaron a interesarse por El Indio y supieron que había nacido en Chigorodó, Antioquia, el 22 de octubre de 1973 y que su centro de operaciones era el Golfo de Urabá. Lo manejaba a su antojo. No en vano acompañó en sus andanzas a El Alemán por muchos años.

La Fiscalía y la Dijín, paralelamente y sin percatarse del cruce de investigaciones, fueron estrechando el cerco. En desarrollo de esas pesquisas, de las conversaciones y los seguimientos a El Indio y a Sierra, descubrieron el nombre de Camilo Torres Martínez, alias Fritanga o Mentira , natural de Unguía, Chocó. Era el hombre de confianza de Don Mario en el Golfo de Urabá. Así las cosas, los hermanos Usuga controlaban los movimientos de mil hombres al servicio de Don Mario; El Indio y Fritanga, el lucrativo negocio del narcotráfico, y Sierra, los movimientos de la justicia. “Muchos empresarios están asustados por los negocios que hicieron con Sierra”, contó un investigador.

Sorprendentemente Don Mario aún no afronta requerimiento por narcotráfico en la Fiscalía. Tiene cinco órdenes de captura por delitos como homicidio, desplazamiento, concierto para delinquir y porte ilegal de armas. Su ingreso a la ilegalidad comenzó hace más de dos décadas, primero como colaborador de la casa Castaño, sobre todo de la mano de Vicente, alias El Profe, hoy desaparecido. Empezó como todos, siendo cocinero en los laboratorios de los paramilitares. A finales de la década de los noventas se desplazó a los Llanos Orientales para ser llave con Miguel Arroyave, asesinado a tiros en 2004 por Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo.

Aunque para las autoridades Don Mario sólo vino a tener relevancia hace tres años, el asesinado testigo José Raúl Mira Vélez, en declaración del 23 de abril de 2007, le contó en detalle a la Fiscalía el temor que causaba su nombre en los Llanos. “El miedo mío es porque estos señores, en especial Don Mario, con el poder que tienen no les importa mandarlo a matar a uno. Y el programa de protección no me va a proteger toda la vida”.


Mira, quien se convirtió en un personaje clave para desentrañar los vínculos del paramilitarismo en el Meta, fue asesinado a principios de 2008 y las autoridades señalan a Don Mario como el hombre que dio la orden de eliminarlo. “Ni a Macaco ni a otros personajes contra quienes he declarado les tengo tanto respeto y miedo como a Don Mario”, sentenció premonitoriamente Mira Vélez, más conocido como Mirita.

Tras el asesinato de Miguel Arroyave, Don Mario quedó desprotegido y acudió a su hermano El Alemán, quien luego de desmovilizarse, lo dejó encargado del bloque Élmer Cárdenas. Desde que asumió el poder hace tres años extendió su influencia hasta La Guajira y comenzó una guerra a muerte con HH, se enfrentó a la banda de Los Paisas, liderada por Rogelio, y desplazó el poderío de Los Mellizos en Cesar y Magdalena. Las autoridades conocen que tenía una avioneta y un piloto profesional a su servicio, de apellido Mejía e identificado con la licencia número 4908. Los organismos de seguridad saben, además, que en los últimos meses ha tratado de darle peso político a su organización y se dice que está moviendo fichas para negociar su entrega.

Sea como sea, la infiltración de Don Mario a la Fiscalía de Antioquia desató una tempestad política que hoy tiene entre los palos la continuidad del ministro Fabio Valencia en su cargo. La oposición pide su renuncia. Él riposta asegurando que responde por sus actos y no por los de su hermano, porque las responsabilidades penales son individuales. ¿Cuánto tiempo podrá sostenerse? Los antecedentes no le auguran un buen futuro. Hace 20 años tuvo que renunciar el entonces procurador Alfredo Gutiérrez, luego de que estallara el escándalo de que su hermano les había comprado una finca a familiares del capo Pablo Escobar. También tuvo que hacerlo la ex canciller María Consuelo Araújo cuando su hermano fue detenido dentro del proceso de la parapolítica.

¿Cómo puede el Ministro de la Justicia presentar una reforma a la justicia en este contexto sin generar suspicacias? se pregunta la oposición. El ministro Valencia, no sin antes manifestar que siente un profundo dolor de hermano, señaló que seguirá adelante y que sólo espera que Guillermo León Valencia pueda explicarle a la Fiscalía sus actuaciones en Antioquia.

 Más allá de los cálculos políticos, lo que queda en evidencia para las autoridades es que, contrario a lo que se creía hace cuatro años, la organización de Don Mario, que empezó a desmoronarse tras las capturas de El Indio y Juan Felipe Sierra, logró penetrar al ente que se supone debería ser su principal perseguidor: la Fiscalía. Esta semana, dos de sus directores regionales fueron descabezados y fuentes de la Policía no descartan que se vengan múltiples capturas de miembros de esa institución.

Por Redacción Judicial

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