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22 Aug 2020 - 2:00 a. m.

Más mujeres en las Cortes, un llamado a saldar una deuda histórica

El Senado tendrá la tarea de llenar dos vacantes para la Corte Constitucional en medio de un creciente movimiento que exige que haya más mujeres magistradas, para cerrar las brechas de género de la rama Judicial y romper, realmente, el techo de cristal.
Felipe Morales Sierra

Felipe Morales Sierra

Periodista Judicial
Gloria Ortiz, Cristina Pardo y Diana Fajardo son las tres mujeres que actualmente hacen parte de la Sala Plena de la Corte Constitucional.
Gloria Ortiz, Cristina Pardo y Diana Fajardo son las tres mujeres que actualmente hacen parte de la Sala Plena de la Corte Constitucional.

Según el Consejo Superior de la Judicatura, el 50 % de los profesionales habilitados para ejercer como abogados en Colombia son mujeres. A su vez, el 51 % de los jueces municipales son mujeres. Sin embargo, la mayoría de los integrantes de las altas Cortes son hombres (74 %) y solo desde 2001 ha habido una presencia ininterrumpida de mujeres en las salas plenas. Ahora, con dos plazas vacantes en la Corte Constitucional, hay un llamado para que se elijan más mujeres como magistradas titulares, en reemplazo de los salientes Carlos Bernal Pulido y Luis Guillermo Guerrero.

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Ya para el despacho de Guerrero, el Consejo de Estado ternó al exárbitro del pleito de Odebrecht, Jorge Enrique Ibáñez; a la investigadora de la Universidad de los Andes y exmagistrada auxiliar de la Corte, Natalia Ángel Cabo, y al exprocurador y exmagistrado auxiliar, Marino Tadeo Henao. El turno ahora es para el presidente Iván Duque, quien debe elegir la terna de la que saldrá el reemplazo de Bernal Pulido. Luego de eso, el debate pasará al Senado. Y, aunque este pedido de más mujeres en la Corte se ha dado en otras elecciones, ha tomado especial fuerza por estos días, pues coincide con un informe que revela casos de acoso sexual y laboral en el alto tribunal (y en la Judicatura).

María Adelaida Ceballos, abogada colombiana, ha basado su investigación doctoral en la Universidad McGill (Canadá) en las brechas de género de la rama Judicial. Ceballos ha promovido en redes sociales la etiqueta #TernaDeMujeres y con frecuencia le responden que se deberían elegir magistrados por sus capacidades y no por su género. “Pero es que no estamos pidiendo mujeres malas: hay mujeres muy buenas y suficientes. En Colombia, las abogadas tenemos más formación en posgrado que los hombres. Nuestro mensaje es: ya tenemos candidatos excelentes, ahora miremos qué aporta la diversidad a la Corte. Ahí es donde se ven los beneficios”, asegura.

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Ceballos explica que investigaciones de otros lugares del mundo han demostrado que tener más mujeres y, en general, más diversidad en altos tribunales “refuerza la legitimidad democrática de las cortes, fortalece la confianza ciudadana en la justicia, porque los ciudadanos se sienten más representados; sirve de modelo para las generaciones que siguen, lo que crea círculos virtuosos de igualdad, porque las niñas que ven más mujeres magistradas, cuando crecen dicen: ‘Yo también puedo ser magistrada’; asimismo, las mujeres pueden tener más empatía en razón de sus experiencias de vida”. Sin embargo, en 27 años de vida de la Corte Constitucional, solo ha habido cinco mujeres.

Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), considera que se debería aprovechar la coyuntura del informe de acoso en la Corte Constitucional para cerrar las brechas de género, y “la mejor forma de dar pasos adelante es tener más mujeres, porque ayuda a cambiar comportamientos, al transformar las relaciones entre hombres y mujeres, porque siempre hemos tenido lógicas de poder centradas en los hombres”. Y, en la misma línea que Ceballos, considera que “mujeres preparadas para ser magistradas sí hay, pero pareciera que el proceso de elección en el Congreso se mueve alrededor de una lógica totalmente diferente”.

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Ana María Montoya, investigadora de la Universidad de Duke, le puso la lupa al proceso de elección de los magistrados en el Senado y encontró, primero, que el factor más definitivo para llegar a ser elegido es hacer lobby. Y, además, que el hecho de ser mujer sí reduce las probabilidades de llegar a la Corte. Montoya le dijo a este diario que esto se da, “por un lado, porque ser mujer siempre es una desventaja en cualquier esfera. Y, por otro lado, porque las ternadas no han utilizado esa carta. Cuando entrevisté a las candidatas, les pregunté si habían recurrido a algún discurso de género y todas me dijeron que no. Me decían: ‘Yo quiero que me elijan por mis capacidades’”.

Todas estas conclusiones aparecen en su investigación “Si no vas al Senado no te haces magistrado”. Montoya aclara, sin embargo, que hizo esta investigación entre 2010 y 2011, y advierte que el mundo ha cambiado drásticamente en esta década. “Hemos avanzado y ha cambiado mucho el panorama en estos diez años. Hay un antes y un después del Me Too, porque ese movimiento no solo creó una consciencia global del acoso, de la discriminación y de los abusos a los que estamos sometidas las mujeres, sino que ya podemos hablar más abiertamente de las barreras de género que existen en todas las esferas sin sentirnos inferiores”, agregó.

Ceballos inicialmente se topó con este tema mientras escribía, junto al profesor Mauricio García Villegas, el libro “La profesión jurídica en Colombia”. “Esta investigación estaba enfocada desde 1991 a la actualidad y ahí encontré que la primera magistrada de la Corte Suprema llegó en 2001, igual que la primera de la Corte Constitucional, Clara Vargas. Por puro azar, días después encontré un archivo que hablaba de la primera mujer en la Corte Suprema, pero en 1984. Revisé bien y resulta que esa primera magistrada se llamaba Fanny González, pero estuvo un año solamente, pues murió asesinada en la toma del Palacio de Justicia”, le dijo Ceballos a El Espectador.

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“A pesar de que en los años 80 el nombramiento de González había sido trasgresor, incluso a nivel comparado —pues no había muchas mujeres en Cortes de otros países—, no la reemplazaron cuando eligieron nuevos magistrados tras la toma del Palacio y, en cambio, se demoraron 16 años en nombrar a otra mujer”, agregó la abogada sobre esta anécdota, que la impactó tan profundamente que su tesis doctoral busca entender qué hace tan difícil que las mujeres rompan el llamado techo de cristal en la rama Judicial: es decir, que lleguen a los altos cargos, a dirigir la justicia. “Un problema que hay es que, de entrada, las mujeres se postulan menos que los hombres”, dice.

Ceballos dice que “es muy diciente de la falta de incentivos que tienen las mujeres para postularse por los altos niveles de desconfianza institucional. Yo sé de muchas mujeres con altas calidades académicas que simplemente dicen: ‘Yo sé que no me van a escoger’”. Y, como segundo punto, señala que las mujeres que sí se postulan siguen teniendo desventajas frente a los hombres, “porque los órganos encargados de elegir de esas listas son masculinos. El Consejo de Estado es preponderantemente masculino, el Senado igual. Y ahí hay unos sesgos implícitos y explícitos que juegan en contra de las mujeres”.

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Ceballos asegura que en otros lugares del mundo ha servido la presión ciudadana que exige una justicia más diversa, que es lo que ella y varias organizaciones de mujeres han estado pidiendo, “pero también desde arriba [desde las instituciones] ha funcionado el establecimiento de metas. Por ejemplo, que las mismas entidades busquen combatir el techo de cristal, como ha sido el caso de la Corte con el informe interno de acoso”. Montoya recuerda, por ejemplo, que la exmagistrada Clara Inés Vargas llegó al alto tribunal contra todo pronóstico, en parte, gracias a que la entonces senadora Viviane Morales logró movilizar voluntades para que se eligiera a la primera mujer.

La meta de tener una justicia más incluyente, piensa Barrios, debería generar consensos políticos, pero no es así. Para la directora de la MOE, las mujeres que llegan a altos cargos en Colombia lo han logrado porque se esfuerzan el doble o el triple que sus colegas hombres. E incluso así, “en Colombia no ha habido una sola defensora del Pueblo, ni una sola procuradora, a pesar de haber muchas ternadas. Y es que tienen que ser mujeres con posibilidades, porque hay ternas de dos mujeres y un hombre, donde las fuerzas políticas se alían para elegir al hombre. Por ejemplo, las ‘ternas de uno’”, dice.

“Sí hay ternas de uno, sin duda. Pero también ha habido sorpresas”, asegura Montoya. Y cita como ejemplo la elección del exmagistrado Manuel José Cepeda, quien, sostiene, no era el favorito y aun así fue elegido. “Cuando el presidente tiene mayorías en el Congreso y presenta ‘ternas de uno’, van a elegir a ese uno. Pero las ternas de la Corte Constitucional no son tan obvias. Las mujeres sí tienen menos probabilidades de ser elegidas por el machismo estructural, pero el lobby para la elección de los magistrados es un asunto de experiencia, de saber cómo funciona el Congreso, de saber quiénes son los padrinos políticos de quién, a quién hablarle”, agrega la investigadora.

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Pero, ¿qué ha aportado tener más mujeres en las Cortes? Montoya responde que “hay de todo: mujeres conservadoras que han revertido agendas de derechos promujer, pero también unas muy activistas que han logrado avances. En términos generales, sí ha influido positivamente; excepto por temas que ya pasan a terrenos morales, como el aborto”. Ceballos considera que los estudios que se han hecho esa pregunta no han sido concluyentes y aclara que “hay que abrir los espacios, aunque no siempre sea posible con mujeres progresistas”, porque “si ponemos demasiados requisitos para que llegue una mujer, el riesgo es que terminen poniendo a un hombre no tan bueno y no progresista”.

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