24 May 2022 - 2:00 a. m.

Queremos que el Estado admita que fue un feminicidio: hermana de Rosa Elvira Cely

Adriana Cely tiene claro que su hermana encarna a cada mujer violentada y perseguida dada su condición. Una década después del atroz crimen, es crítica del sistema que no las protege y exige que el Estado cumpla con sus promesas en políticas de género.

Jhoan Sebastian Cote

Periodista Judicial
 Adriana Cely, activista a favor de los derechos de la mujer. / Jose Vargas
Adriana Cely, activista a favor de los derechos de la mujer. / Jose Vargas
Foto: JOSE VARGAS ESGUERRA; El... - JOSE VARGAS ESGUERRA

Hoy, hace una década, la estudiante y madre soltera Rosa Elvira Cely fue violada y asesinada, en uno de los crímenes más impactantes registrados en la historia reciente. Su nombre vivirá por siempre en una ley que castiga a todo aquel que asesine a una mujer por el hecho de ser mujer. Han pasado 10 años en los que Adriana Cely, su hermana, cambió el diseño de modas por la voz templada contra la violencia. Denuncia que el Estado tiene una deuda con ella, su familia y toda mujer que sufre una agresión. Su espíritu sana cuando ayuda a otras mujeres, así como cuando mira a los ojos a quien la escucha para sembrar una idea: ninguna mujer es posesión de nadie.

(En contexto: Defensoría del Pueblo atendió 10 casos al día por violencia de género en 2021)

¿Cómo ha cambiado su vida en estos 10 años?

Yo tenía una oficina de diseño de modas, campo que aprendí empíricamente y en el que duré varios años trabajando. Mi vida da un cambio total a raíz de lo que pasa con mi hermana. Desde ahí empiezo a pensar que un activismo me daría la oportunidad de sanar, de reparar. Además, podría ayudar a las mujeres de la ciudad a prevenir estas violencias y el feminicidio. Empiezo a trabajar en temas de formación, empiezo a asistir a foros y seminarios. Inicio con la carrera de Trabajo Social, termino en 2019 y el año pasado hice una especialización en Ciencias Criminológicas y Penales. La misma vida me llevó a pensarme algo distinto para las integrantes de mi familia y para otras mujeres.

En mayo de 2016, El Espectador registró que la Secretaría de Gobierno de Bogotá culpó a Rosa Elvira Cely de su propia muerte. Tras una década, ¿cree que permanece ese discurso en la sociedad?

Todavía me encuentro con personas, incluso muy cercanas, que me dicen: “Si ella no hubiese ido. Si ella no hubiese tomado. Si ella no hubiese aceptado”. Siempre están justificando la violencia. Esa respuesta, que vino de una institución del Estado, nos mostró la normalización y la aceptación de las violencias. Con esa respuesta le dijeron a la sociedad: “Mire, esto es lo que les pasa a las mujeres por hacer esto y nosotros también estamos diciéndoles que tienen que guardarse”.

(Lea aquí la historia: Secretaría de Gobierno de Bogotá culpa a Rosa Elvira Cely de su propio ataque)

Van a cumplirse siete años de la creación de la ley en nombre de su hermana, ¿siguen respaldando ese acto de memoria?

Es poder darle un rostro y un nombre a lo que sucede todos los días. Rosa Elvira es todas las mujeres que han sido asesinadas. Es un homenaje a su nombre. Es la única forma de mostrar que lo que ella sufrió no fue en vano. Ella pudo haber muerto en el Parque Nacional, pero fue muy fuerte y resistió unos días. La ley es lo único que se logre, quizá. Y podemos, a través del caso, entender que aquí sucedió algo que todos los días sigue pasando.

¿La condena a 48 años de prisión de Javier Velasco, el asesino, es garantía de justicia para ustedes, como familia?

No. A pesar de que hay un criminal y también alrededor de 150 pruebas que dan lugar a que sea condenado. Falta una verdad por parte de ese criminal. Hubiese querido escucharlo, y eso no es morbo. Uno necesita saber de boca de esa persona qué pasó. Rosa Elvira alcanzó a narrar algunas cosas, pero sí quisiera saber qué lo llevó a eso. En algún momento la fiscal me dijo que el agresor le había dicho que él no se imaginaba que iba a ser tan famoso con ese caso. Sí, “ese caso”. Es decir, ¿cuántas mujeres más asesinó él?, ¿qué lo llevó a eso?

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A corte de abril, en 2022, ha habido 80 casos de posibles feminicidios. A partir de su trabajo con mujeres, ¿por qué cree que sigue presentándose este tipo de violencia?

Esto no solo pasa en Colombia, es mundial. Es la cultura machista y patriarcal. Es el no entender que las mujeres no somos posesión. Cuando nosotras logramos visibilizar que somos víctimas de alguna violencia y queremos salir de esos círculos, estamos en contra de las normas establecidas. Ahí permanecen las violencias. Tenemos que pensarnos desde los niños y las niñas para cambiar y transformar esas violencias. Los niños no nacen sabiendo que tienen roles establecidos.

Por eso es importante la pedagogía. Pero mientras se da eso, el Estado tampoco permite que avancen estas discusiones. No se ha dado la creación de la cátedra obligatoria de género y ya llevamos siete años de la tipificación de la Ley Rosa Elvira Cely. Se supone que a los seis meses debía haber iniciado y que se dictaría en todos los niveles y modalidades de los centros educativos.

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¿Cómo va la demanda contra la nación por la muerte de su hermana?

Hay una demanda de reparación desde hace 10 años contra el Estado. La respuesta de la Secretaría de Gobierno fue en el marco de ese proceso. Lo que sí quiero dejar claro es que la Ley Rosa Elvira Cely se dio por un trabajo del movimiento de mujeres que ya venían pensándose ese proyecto y que se materializó con la coyuntura del asesinato de mi hermana. Fue el equipo de abogadas de Cijusticia. Ahora, quien se está atribuyendo esa ley es el abogado Abelardo De la Espriella, quien nos acompañó en el proceso penal.

Aquí va algo más allá de lo económico. De hecho, no es un dinero que te permita tener unas posibilidades distintas. A mi sobrina le quitaron su mamá y se necesita que se haga justicia en la reparación. Queremos que el Estado y sus instituciones admitan que fue un feminicidio y expliquen que sí cometieron errores. Que salgan y digan: “Mujeres de la sociedad, lo sentimos, cometimos errores, pero también estamos trabajando en estos cambios”.

Lleva 10 años trabajando en temas de género, ¿qué cree que podemos hacer para que no vuelva a ocurrir algo tan grave como lo sucedido con su hermana?

¿Por qué le cuesta tanto al Estado crear oficinas específicas con enfoque de género? Poder tener un enlace en todas las instituciones que permitan que cuando llegue un caso, dar prontamente con el agresor y accionar algo con las mujeres. Uno habla con Integración Social y dicen que las comisarías de familia son autónomas. Hay unas que te responden y te dan medidas de protección, pero hay otras que te cuestionan y dicen: “Yo no te veo un morado. No hay una valoración por Medicina Legal. Si eres víctima de violencia psicológica, demuéstralo”. El pensarse también una ciudad para las mujeres, es pensarse un Estado y políticas para las mujeres.

¿Qué otras deudas persisten?

Una deuda con la sociedad, con las familias víctimas de feminicidio. También una muy importante con los huérfanos del feminicidio. Todavía no hay una forma de reparación. Y reparar no quiere decir darle tanto a esta familia. Eso en algo ayuda, pero no repara totalmente a los niños. Cuando hay un feminicidio, las familias no saben qué hacer. Por ejemplo, todos los días me pregunto qué va a pasar cuando este criminal cumpla su condena.

Este es un caso. Pero, ¿cuántos miles de criminales están ad portas de salir o todavía no están condenados? Mientras tengamos un Estado negligente, cómplice de todas estas violencias, nada va a cambiar. Llevamos 10 años como familia, con el equipo de DH Colombia, luchando, visibilizando lo que sucedió con Rosa Elvira para mostrarle al Estado las barreras y negligencias. Dando a conocer por qué el sistema está fracturado.

Jhoan Sebastian Cote

Comunicador social con énfasis en periodismo y producción radiofónica de la Pontificia Universidad Javeriana. Formación como periodista judicial, con habilidades en cultura, deportes e historia. Creador de pódcast, periodismo narrativo y actualidad noticiosa.@SebasCote95jcote@elespectador.com
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