15 Nov 2011 - 6:28 a. m.

"Sólo quiero abrazar a mi papá"

La hija no reconocida del excomandante del Ejército Harold Bedoya sólo quiere que él se siente con ella a conversar.

Juan Sebastián Jiménez

El general retirado Harold Bedoya es uno de los oficiales más recordados de las Fuerzas Militares. Fue comandante del Ejército y uno de los alfiles del Gobierno en su lucha contra el narcotráfico. Además, fue candidato a la Presidencia y a la Alcaldía de Bogotá. El general Bedoya es, sin duda alguna, una institución dentro de las fuerzas y ahora, a sus 73 años, vive alejado de los reflectores. Lo mismo hace su hija, de 43 años, a kilómetros de distancia de su natal Colombia.

Claudia vive en Los Ángeles (Estados Unidos), tiene tres hijos —Andrea, de 24 años, Edison Orlando, de 17, y Génesis Savannah, de 8— y hasta hace poco se desempeñaba como una diestra agente de bienes raíces. Sin embargo, cinco meses atrás le descubrieron un cáncer de seno que ha avanzado rápidamente y ha arruinado su vida. Ha tenido que someterse a tres sesiones de quimioterapia y le faltan once. Su marido, Édison Echeverry, es quien se ha encargado de cuidarla, labor que según Zulma Tabares, madre de Claudia, lo ha envejecido terriblemente.

Con 15 años, Claudia supo que su padre biológico no era el señor que la había criado sino alguien llamado Harold Bedoya, a quien su madre conoció a finales de los sesenta en Armenia. Cuando lo conoció, Zulma se encontraba en el proceso de separación de su primer marido y peleaba con él la custodia de sus hijos. La madre de Claudia recuerda que en esos días lloraba mucho y que un día, mientras lo hacía, el general (r) Bedoya se le acercó y le dijo “que no sufriera, que era una mujer muy bonita para estar llorando así”, entonces empezaron a charlar y ella se enamoró.

“Él le preguntó a mi mamá si podía salir conmigo y empezamos una bonita relación, hasta que yo quedé embarazada y él se desentendió de todo. Desde que Claudia nació, él no ha hecho más que negarla”. Pero Zulma nunca dudó de que el general (r) Bedoya fuera el padre de su hija y así se lo confirmó un certificado de paternidad de febrero de este año, que fue la prueba reina dentro del proceso de filiación en el que se reconoció a Claudia como la hija del excomandante del Ejército y que le permitió a ella usar el apellido de su padre biológico.

Claudia ha cambiado su nombre en dos ocasiones. Cuando nació, recibió el apellido de su padrastro, Gustavo Palacios; luego, cuando conoció la identidad de su verdadero padre, removió el Palacios de su nombre y se quedó como Claudia Tabares. Ahora, cuando la justicia la ha reconocido como hija del general, se llama Claudia Bedoya. Aunque se alegró con el hecho de poder usar el apellido de su padre biológico, afirma que sigue sin conseguir su objetivo, que es el de sentarse a hablar con él y, por lo menos, estrechar su mano.

“Desde que supe que él era mi papá empecé a viajar a Colombia para tratar de conocerlo personalmente. Al comienzo me fue imposible contactarme con él, hasta que alguien me consiguió su celular y pude llamarlo, pero nunca ha querido verme y siempre dice que está ocupado o fuera del país. Una vez, incluso, me quedé esperándolo afuera de su casa y nunca apareció”, recuerda con la voz entrecortada. Las quimioterapias, dice, la tienen agotada, sin pelo y con muy pocas energías para hablar.

Cuando se resignó a que nunca conocería al general se cruzó en su camino el abogado Mario Novoa. “Él ha sido como un hermano para mí”, dice Claudia. Fue quien logró que Bedoya se realizara una prueba de paternidad y quien le dijo que, como hija del general (r), tenía derecho a los servicios médicos del Hospital Militar y así, quizás, aliviar la carga económica que le ha supuesto tratar su cáncer en EE.UU. Esta sugerencia, no obstante, sería otra larga lucha. Los servicios médicos para beneficiarios de los oficiales se ofrecen a los hijos “inválidos absolutos” (laboralmente hablando), siempre y cuando dependan económicamente del oficial, que no es el caso de ella.

Aún así, el abogado y Claudia le pidieron a Bedoya una firma que necesitaban para tramitar la solicitud de los beneficios, pero el general en retiro, dice Claudia, se negó a darla y dijo que no lo llamaran más. El Espectador trató de conocer la versión del general (r) Bedoya, pero él expresó que no daría ninguna opinión al respecto. Lo mismo afirmó su abogado, Gustavo Pineda. Claudia reitera que lo que menos le interesa es el dinero. “No conozco a la mitad de mi familia. Quiero conocerlo a él, a mis abuelos, a mis primos y tías”, dice ella. Gran parte de su vida la tuvo que pasar sin un padre, debido a que su padrastro murió cuando ella era joven.

La madre de Claudia, Zulma Tabares, aseguró que sus nietos desean lo mismo que su hija. “Mi abuelo es muy importante, ¿cierto abuela?”, le preguntó recientemente uno de ellos y le confesó que quería conocer al general (r). Respecto a su hija, Zulma asegura que “ella es igualita a su padre. En Colombia dicen que no hay nada más parecido a uno que un hijo negado. Pues bueno, Claudia parece una hija negada, tanto que a veces la veo y reconozco la gallardía y la elegancia de Harold”. La mujer agrega que no le guarda rencor al general retirado y concluye que “es gracias a él que tengo una hija excepcional”.

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