7 May 2021 - 5:06 p. m.

Víctor Urrestre, el policía que hace 25 años fue héroe y al año resultó asesinado

El auxiliar de Policía Víctor Hugo Urrestre Tovar fue asesinado en Cali y la conclusión de la justicia fue que lo hicieron por robarle su moto. Su hermana de crianza, la periodista María Alejandra Bejarano, reconstruyó la historia, no en busca de justicia sino de memoria, con la certeza de que al joven auxiliar lo mataron por enterarse de lo que no debía.

Hace 25 años, hacia las siete y treinta de la mañana del 7 de mayo de 1996, el auxiliar bachiller de la Policía Víctor Hugo Urrestre Tovar salió de su casa en Bogotá un poco más temprano de lo acostumbrado porque tenía permiso. Cuando llegó a la Autopista Norte con calle 141, vio como desde el platón de una camioneta verde, tres sujetos activaron una bazuca que impactó un vehículo Sprint de color rojo conducido por un hombre. El atentado no iba contra él sino contra la concejal de la Unión Patriótica Aída Avella, a quien segundos después escucharon los oyentes de Caracol denunciar ante Darío Arizmendi que acababa de ser blanco de un atentado.

Aída Avella relató después que revisaba documentos para un debate sobre el hospital Santa Clara cuando sintió el asedio. La pericia de su conductor y la torpeza de sus atacantes desvió el rocketazo y la dirigente política salió ilesa. En cambio, el conductor del Sprint rojo, el ingeniero civil Pedro Gómez Velasco, quedó mal herido en el coche. El auxiliar Urrestre Tovar corrió hacia el vehículo, le advirtió a otro auxiliar -Fermín Pico- que se encontraba en el lugar que le diera apoyo, y él se fue atravesando hasta que detuvo el tráfico. Luego abordó al conductor de una ambulancia que quedó en el trancón y, aunque éste quiso negarse porque cumplía funciones, lo obligó a que auxiliar al ingeniero.

Fue trasladado primero a a un CAMI y después a la clínica San Pedro Claver. El ingeniero Gómez Velasco se salvó esa mañana de mayo gracias a la acción humanitaria de los auxiliares bachilleres de la Policía Víctor Hugo Urrestre y Fermín Pico. Por obvias razones, el derecho de denuncia fue para Aída Avella, quien señaló al paramilitarismo y las Fuerzas Armadas de estar aliados para el atentado, recordando al país que ya iban dos candidatos presidenciales asesinados, tres congresistas, 13 diputados, 11 alcaldes, 69 concejales, y un sinnúmero de copartidarios de la Unión Patriótica. Sin embargo, el otro testigo que no tuvo problema en contar su historia a los periodistas fue el auxiliar Víctor Hugo Urrestre. (La audiencia en la Corte IDH que la Unión Patriótica lleva esperando 28 años)

Fue el héroe de la jornada, cuenta la periodista María Alejandra Bejarano, su prima y hermana de crianza, quien documentó los pormenores de la historia de Víctor Hugo Urrestre en un libro. Ella recuerda que la familia en Cali estaba admirada, sobre todo después de que el general de la Policía Luis Ernesto Gilibert decidió condecorarlo como un “policía valeroso”. En medio de la euforia, el oficial le ofreció algún tipo de ayuda y fue otro auxiliar el que lo puso en evidencia al decir que Víctor Hugo Urrestre, a sus 19 años, tenía a su novia embarazada en Cali. “Que no se hable más, ya firmo el traslado”, determinó el general y el destino jugó sus cartas en el trazo del auxiliar premiado.

Él quería quedarse a vivir en Bogotá en el hogar de su tía Amalia, y terminar su servicio policial, pero volvió a la casa de sus abuelos en Cali. Inicialmente, con el propósito de alfabetizar en las comunidades pobres del sector marginal de Dapa, donde fue asignado a la sección de Menores de la Estación Simón Bolívar de la capital vallecaucana. El 7 de octubre de 1996 nació su hijo Hugo Alexander. Le puso su nombre y el de su primo Alexander Quijano, hijo menor de su tía materna mayor, María, recién fallecido. Desafortunadamente, inmerso en un nuevo círculo de conocidos en la Policía de Cali, Víctor Hugo Urrestre ya tenía hondos desacuerdos personales con su novia.

Como si fuera poco, de la noche a la mañana, a su casa comenzaron a llegar amenazas de muerte. El rumor era que ese acoso tenía que ver con una relación amorosa clandestina, que además lo había distanciado de la madre de su hijo. Sin embargo, con apenas 20 años cumplidos en enero, sin quererlo, Víctor Hugo Urrestre había entrado también a un oscuro túnel sin salida. Corría el año de 1997 y la ciudad vivía los coletazos de la cacería al cartel de Cali, incluida la captura de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela. En el reacomodo del narcotráfico en la capital del Valle, la corrupción se sostuvo y Víctor Hugo se enteró de acciones ilegales que no debía conocer.

A las cuatro y treinta de la mañana del 8 de junio de 1997, sobre un andén frente a una casa esquinera situada en la calle 41 E con calle 41 del barrio La Unión de Vivienda Popular, fue encontrado su cuerpo sin vida. Como quedó consignado en la necropsia, tenía una herida a nivel paranasal izquierdo, el hígado perforado, un proyectil alojado en la segunda vértebra cervical y contusiones en el estómago. Los escasos testigos del asesinato declararon que se bajó tambaleante de un taxi, pero que uno de sus ocupantes lo persiguió hasta acribillarlo. No obstante, después se dijo que previamente le habían robado una moto. Esa fue conclusión del ente investigador: asesinado por hurtarle el vehículo. (1.785 policías asesinados en lucha contra el narcotráfico)

Sin una mínima sospecha sobre la autoría personal o intelectual del homicidio, 34 meses después, en abril de 2000, la Fiscalía planteó el archivo del caso. Apenas tenía 130 folios, unas cuantas declaraciones y una sola carpeta remitida a una bodega en el municipio de Yumbo (Valle). Un caso más de violencia en Cali. Según el Instituto de Medicina Legal, en la década de los años 90 se registraron 11.457 homicidios en la capital del Valle, de los cuales cerca de 3.500 fueron de jóvenes entre los 15 y los 30 años. La muerte de Víctor Hugo Urrestre solo dio para una breve reseña noticiosa en el diario Occidente de Cali bajo un título compartido: “baleados dos taxistas”.

Salvo su familia, nadie volvió a acordarse del joven auxiliar de Policía que un día de mayo de 1996 fue el héroe nacional, y un año después cayó asesinado en extrañas circunstancias muy cerca de su casa en Cali. Sin embargo, María Alejandra Bejarano Tovar, su prima hermana, la niña de sus ojos cuando vivió en Bogotá en casa de la tía Amalia, siempre supo que tenía con él una deuda pendiente por pagar. Así que, para graduarse de periodista, decidió que su trabajo final no podía ser otro que una “Inmersión al alma de Víctor Hugo asesinado”. Recobró el expediente, recorrió los sitios, entrevistó los testigos, y durante dos años reconstruyó lo sucedido con increíbles conclusiones.

Hoy tiene claro que no es juez ni pretende sustituir a la justicia, solo hacer periodismo y que la justicia divina dicte su sentencia. Pero al constatar que en el caso de Víctor Hugo hubo mucho más que un asesinato por robarle su moto, su conclusión es otra: “En lo personal he cumplido con la promesa que le hice a Víctor Hugo la primera vez que apareció en mis sueños como clamando un verdadero descanso para su espíritu libre y me siento sanada. El perdón y el olvido constituyen otra etapa del camino y estoy aprendiendo a entender sus secretos. Por ahora, empiezo a cicatrizar una herida que duró abierta mucho tiempo y que solo el tiempo borrará cuando yo misma me vuelva memoria”.

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