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Fenómeno de El Niño: ¿Qué les pasa a los árboles cuando hace mucho calor y llueve poco?

El fenómeno de El Niño no solo trae calor y menos lluvias: también pone a prueba a los árboles. ¿Cómo saber si están sufriendo y qué podemos hacer para ayudarlos a resistir?

La Huerta y Leidy Barbosa Ramírez

20 de agosto de 2026 - 01:00 p. m.
Un árbol de la familia de los dipterocarpáceos de 57 m de altura, equipado con la técnica de doble cuerda (DRT) para acceder al dosel.
Foto: Palasiah Jotan
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Los árboles tienen algo que impone respeto: son grandes, majestuosos y, aunque permanecen inmóviles, están en constante transformación. Crecen, producen oxígeno, ofrecen refugio y ayudan a mantener vivos los ecosistemas. Por eso, plantar uno no es solo sembrar una semilla, sino apostar por la vida y contribuir, de una manera sencilla, a la conservación del ambiente.

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Pero incluso estos gigantes pueden verse afectados por los cambios del clima. El fenómeno de El Niño, por ejemplo, no solo pone en riesgo la disponibilidad de agua, sino que también puede generar condiciones adversas para la vegetación. Las sequías, las altas temperaturas y el aumento del riesgo de incendios forestales pueden debilitar a los árboles, tanto jóvenes como envejecidos o enfermos, y hacerlos más vulnerables.

Esto no solo incrementa el riesgo de caídas que pueden afectar a personas y animales, sino que también puede poner en peligro el equilibrio de los ecosistemas.

¿Qué les pasa a los árboles durante este fenómeno?

El aumento de las temperaturas y la disminución de las lluvias pueden alterar procesos esenciales para los árboles, como la fotosíntesis, la transpiración, el crecimiento y el desarrollo. Y es que se debe entender que cuando el suelo pierde humedad con mayor rapidez, las plantas deben activar mecanismos para conservar el agua disponible.

Según explica Martha Melizza Ordóñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de UNIAGRARIA, una de las principales respuestas frente a estas condiciones es el cierre parcial de los estomas, pequeños poros ubicados en las hojas que permiten el intercambio de gases y la pérdida de agua.

“Cuando disminuyen las lluvias y aumentan las temperaturas, el suelo pierde humedad más rápidamente. Es ahí cuando el árbol activa diferentes mecanismos de defensa: cierra parcialmente sus estomas para reducir la pérdida de esa poca agua que ha logrado recolectar y almacenar”, explica la experta.

Sin embargo, este mecanismo de defensa tiene un costo. Al cerrar los estomas, también disminuye la entrada de dióxido de carbono (CO₂), necesario para la fotosíntesis. Como consecuencia, el árbol reduce su capacidad de producir biomasa y su crecimiento puede hacerse más lento.

“Como hay menor producción de biomasa, el crecimiento de los tallos y las hojas es mucho más lento, hay menor desarrollo de las raíces y también disminuye la producción de flores, frutos y semillas”, señala Ordóñez.

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Esto es importante porque los árboles no solo cumplen una función ambiental o brindan sombra: muchas especies también producen alimentos de los que dependen las personas y otros animales. Por eso, cuando las altas temperaturas y la falta de agua afectan su crecimiento y disminuyen la producción de frutos y semillas, el impacto puede ir más allá del propio árbol.

A esto se suma otro riesgo: el estrés causado por la falta de agua puede aumentar la vulnerabilidad de los árboles frente a plagas y enfermedades. En casos extremos, si las condiciones de sequía y altas temperaturas se prolongan, el estrés hídrico puede incluso provocar la muerte del árbol.

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Aquí se observa una planta con estrés hídrico
Foto: Freepik

Los árboles jóvenes son más vulnerables

El impacto no es igual en todos los árboles. Los ejemplares recién sembrados o que todavía se encuentran en sus primeras etapas de crecimiento son especialmente vulnerables porque cuentan con un sistema radicular pequeño y poco profundo.

Esto limita su capacidad para acceder al agua disponible en las capas más profundas del suelo. Además, después de una plantación, el árbol atraviesa un periodo de adaptación durante el cual necesita desarrollar y recuperar su sistema de raíces para establecerse en su nuevo entorno.

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“Si no hay suficiente agua y el suelo no está húmedo, este proceso de adaptación va a ser mucho más complejo. Es ahí cuando los arbolitos jóvenes tienden a secarse y pueden llegar a morir”, advierte la experta.

Por esta razón, Ordóñez señala que las temporadas de altas temperaturas y baja precipitación no son las condiciones más favorables para realizar nuevas plantaciones, pues los árboles jóvenes pueden presentar una mayor tasa de mortalidad si no cuentan con suficiente disponibilidad de agua.

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La restauración ecológica efectiva requiere más que buenas intenciones y acciones simbólicas.
Foto: Cortesía

¿Y entonces, qué podemos hacer?

La temperatura del planeta sigue aumentando y sus efectos no se distribuyen de la misma manera en todos los territorios. En Bogotá, por ejemplo, la presencia de árboles también evidencia una brecha en el acceso a la naturaleza y sus beneficios. Según una investigación liderada por Rodrigo Mutis Rangel, biólogo y magíster en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia, mientras localidades como Suba concentran más de 320.000 árboles, otras como Bosa apenas alcanzan los 46.000.

En medio de este escenario, cuidar los árboles que ya existen y prestar especial atención a los ejemplares jóvenes puede marcar una diferencia. Por ello, aquí le dejamos algunas claves que puede tener en cuenta:

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Aprenda a reconocer las señales

De acuerdo con Ordóñez, hay señales que cualquier persona puede identificar. En los árboles jóvenes, por ejemplo, algunas de las más evidentes son:

  • Hojas caídas o flácidas
  • Marchitez durante buena parte del día
  • Cambio de color hacia tonos cafés.
  • Bordes secos o quemados
  • Caída prematura de las hojas.

También es importante observar el estado del suelo. Si alrededor del árbol está seco y ha perdido humedad, puede ser una señal de que la planta no está recibiendo suficiente agua. En árboles adultos, el estrés puede manifestarse además en la muerte progresiva de ramas y en hojas que terminan completamente secas y marchitas.

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“Es importante que estemos monitoreando no solamente el arbolito, sino también sus condiciones ambientales y el espacio en el que está”, explica Ordóñez.

¿Qué acciones tomar luego de identificar el riesgo?

Si identifica un árbol con riesgo de caída o un incendio, comuníquese con la línea de emergencias 123. En Cundinamarca, también puede comunicarse con Bomberos al 119. En Bogotá, el Jardín Botánico también realiza monitoreo del arbolado urbano para identificar ejemplares afectados y ajustar las medidas de respuesta frente a las condiciones de sequía.

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Más allá de las acciones de las autoridades, los ciudadanos también pueden ayudar a proteger el arbolado durante una temporada de altas temperaturas y pocas lluvias. Algunas medidas sencillas son:

  • Revise el árbol y el suelo: observe si presenta hojas marchitas, ramas secas o pérdida de humedad.
  • Riegue de forma adecuada: humedezca el suelo alrededor del árbol, especialmente durante las horas de menor temperatura, sin llegar a inundarlo. Para ello puede utilizar una botella de aproximadamente dos litros llena de agua, hacer pequeños orificios y enterrarla parcialmente cerca de las raíces para que el agua se libere poco a poco.
  • Proteja el suelo: mantener una cobertura vegetal o acolchado alrededor del árbol puede ayudar a conservar la humedad y proteger las raíces de la radiación directa.
  • Evite podas o intervenciones innecesarias durante los periodos de mayor estrés hídrico.
Árbol ubicado en la calle 77 con carrera 9, considerado uno de los más antiguos de la ciudad, tiene más de 210 años.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

¿Qué especies son más susceptibles a la sequía y cuáles pueden resistir mejor?

Una de las formas de prepararnos para periodos de altas temperaturas y pocas lluvias es priorizar la restauración ecológica y la siembra de árboles adecuados para cada territorio cuando pase esta ola de calor.

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Pero ojo, sembrar no significa hacerlo sin conocer el territorio, y es que no todos los árboles responden de la misma manera ante la sequía. De hecho, su resistencia no depende únicamente de la especie: también influyen factores como la edad del árbol, la profundidad de sus raíces, el tipo de suelo, la disponibilidad de agua y la exposición a la radiación solar.

Entre las especies que han mostrado mayor sensibilidad frente a las altas temperaturas se encuentran:

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  • Aliso: especie característica de los bosques altoandinos que presentó daños en sus hojas al ser sometida a temperaturas elevadas.
  • Eugenia: pese a que algunas especies de este género están adaptadas a condiciones cálidas y secas, también mostró una baja tolerancia térmica en las pruebas realizadas.

En cambio, las especies nativas que están adaptadas a periodos estacionales secos suelen contar con mecanismos que les permiten tolerar mejor estas condiciones. Algunas especies que nos sirven son:

  • Yarumo (Cecropia spp.): género de árboles nativos de América tropical y de crecimiento rápido. Sus grandes hojas pueden formar una copa amplia y sus frutos son aprovechados por distintas especies de fauna. Además, es una especie pionera importante en la recuperación de áreas degradadas.
  • Guachapele o cedro amarillo (Albizia guachapele): árbol nativo de América tropical que puede alcanzar unos 25 metros y desarrollar una copa amplia. Se encuentra tanto en zonas secas como húmedas y es utilizado en sistemas agroforestales y proyectos de recuperación ambiental.
  • Nogal andino (Juglans neotropica): especie nativa que puede alcanzar entre 30 y 40 metros y desarrollar una copa amplia. Su crecimiento es lento, pero puede convertirse en un importante proveedor de sombra a largo plazo. En Bogotá, además, es el árbol insignia de la ciudad.

Ojo, esto no significa que estas especies sean inmunes a la sequía ni que puedan plantarse en cualquier lugar sin cuidados. La clave está en escoger especies compatibles con las condiciones del sitio y garantizarles espacio, suelo y agua suficientes para establecerse.

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¿Le interesa saber cómo plantar un árbol? Consulte esta infografía y conozca qué materiales necesita y cuál es el paso a paso para hacerlo correctamente.

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Por Leidy Barbosa Ramírez

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com

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