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El 80% de los gatos y perros mayores presentan enfermedad renal: consejos para cuidarlos

Aunque la Enfermedad Renal Crónica (ERC) no tiene cura, sí puede controlarse con un diagnóstico oportuno y un manejo adecuado que permita preservar la calidad de vida de perros y gatos durante más tiempo.

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La Red Zoocial
09 de marzo de 2026 - 10:12 p. m.
Detectar la enfermedad renal en sus primeras etapas puede marcar una diferencia importante en la expectativa y calidad de vida de las mascotas.
Detectar la enfermedad renal en sus primeras etapas puede marcar una diferencia importante en la expectativa y calidad de vida de las mascotas.
Foto: Pexels
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El aumento en la esperanza de vida de perros y gatos ha traído consigo un cambio en el perfil de las enfermedades que afectan a las mascotas. A medida que viven más años, también enfrentan con mayor frecuencia condiciones asociadas al envejecimiento. Entre ellas, la Enfermedad Renal Crónica (ERC) se ha convertido en una de las patologías más relevantes en la medicina veterinaria, especialmente en animales de edad avanzada.

De acuerdo con el International Renal Interest Society (IRIS), esta enfermedad aparece cuando los riñones pierden progresivamente su capacidad para filtrar desechos del organismo y mantener el equilibrio de líquidos y minerales en la sangre. Se trata de una condición que avanza de forma gradual y silenciosa, lo que dificulta su detección temprana.

Aunque esta enfermedad no tiene cura, sí puede controlarse con un diagnóstico oportuno y un manejo adecuado que permita preservar la calidad de vida de perros y gatos durante más tiempo.

En la población general, se estima que la enfermedad renal crónica afecta entre el 0,5 % y el 1 % de los perros, y entre el 1 % y el 3 % de los gatos. Sin embargo, en los felinos la prevalencia aumenta considerablemente con la edad. Según la International Renal Interest Society (IRIS), la enfermedad puede presentarse hasta en el 80 % de los gatos mayores de 12 años.

El riesgo comienza a incrementarse en los gatos a partir de los siete u ocho años y, después de los diez, las cifras se elevan de forma notable. En los perros también se observa un aumento en animales de edad avanzada, aunque la prevalencia suele ser menor y generalmente no supera el 10 %.

“La enfermedad renal es una condición silenciosa que muchas veces avanza sin que el tutor lo note. Cambios como que el gato o el perro tome más agua u orine con mayor frecuencia pueden parecer normales, pero pueden ser señales de alerta. Cuando estos síntomas se hacen evidentes, el riñón ya puede haber perdido una parte importante de su capacidad funcional”, explicó Carolina Rubio, médica veterinaria de Royal Canin.

La especialista señaló que, aunque la enfermedad renal crónica es progresiva e irreversible, el diagnóstico temprano puede marcar una diferencia significativa. “Un manejo adecuado permite mantener al paciente estable y con buena calidad de vida durante más tiempo. Por eso, los chequeos veterinarios periódicos son fundamentales”, agregó.

Algunas razas presentan mayor predisposición a desarrollar esta enfermedad. En gatos, se ha identificado una mayor incidencia en razas como el persa, ragdoll y maine Coon. En perros, los casos se reportan con más frecuencia en razas como el schnauzer, shar pei, bull terrier, doberman pinscher y labrador retriever. No obstante, en países como Colombia, donde una gran parte de las mascotas son mestizas o criollas, también se observa un número significativo de casos debido al tamaño de esta población.

Señales de alerta y diagnóstico oportuno

Detectar la enfermedad renal en sus primeras etapas puede marcar una diferencia importante en la expectativa y calidad de vida de las mascotas. La única manera de confirmar el diagnóstico es mediante análisis de sangre y otros exámenes clínicos realizados por un médico veterinario. Sin embargo, existen señales de alerta que pueden indicar que algo no está funcionando correctamente.

Entre los síntomas más comunes se encuentran el aumento en el consumo de agua, mayor frecuencia o volumen de orina, pérdida progresiva de peso, disminución del apetito, vómitos ocasionales o recurrentes, letargo o reducción del nivel de actividad, así como mal aliento o cambios en la apariencia del pelaje.

Ante la presencia de uno o varios de estos signos, los especialistas recomiendan acudir al veterinario para realizar una evaluación completa de la función renal. Un diagnóstico temprano permite iniciar estrategias de manejo que ayuden a ralentizar la progresión de la enfermedad.

En este contexto, los controles veterinarios periódicos juegan un papel clave. Los expertos aconsejan realizar análisis de sangre anuales en perros y gatos hasta los siete años de edad. A partir de ese momento, lo ideal es repetir estos estudios cada seis meses, especialmente en animales que ya entran en la etapa senior.

Nutrición e hidratación, claves en el tratamiento

Además del seguimiento veterinario, la alimentación cumple un papel fundamental en el manejo de la enfermedad renal crónica. Las dietas especialmente formuladas para esta condición están diseñadas para reducir la carga de trabajo de los riñones, controlar los signos clínicos y retrasar el avance de la enfermedad.

Diversos estudios han demostrado que los gatos diagnosticados con enfermedad renal que reciben dietas terapéuticas pueden vivir hasta el doble de tiempo en comparación con aquellos que consumen alimentos de mantenimiento convencionales. En perros, este enfoque nutricional también ha mostrado beneficios importantes, como la reducción de episodios asociados a la enfermedad y una menor mortalidad.

Actualmente existen alimentos específicos para distintas etapas de la enfermedad, lo que permite adaptar el tratamiento nutricional según el estado de cada paciente.

La hidratación también es un factor clave. Cuando los riñones pierden la capacidad de concentrar adecuadamente la orina, aumenta el riesgo de deshidratación. Por esta razón, los veterinarios recomiendan promover una adecuada ingesta de agua mediante alimentos húmedos, la disponibilidad de varios bebederos en el hogar o el uso de fuentes de agua, especialmente en el caso de los gatos.

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