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En los pasillos, plazoletas y alrededores del campus de la Universidad de los Andes, en pleno centro de Bogotá, transitan a diario cientos de estudiantes, profesores y trabajadores. Pero junto a ellos, desde hace varios años, también es común ver perros y gatos en condición de calle o abandono que llegan hasta la universidad, atraídos por su ubicación en una de las zonas más concurridas de la ciudad.
Ante esta realidad surgió Animalandes, una iniciativa estudiantil dedicada al rescate y bienestar de los animales a través de acciones de voluntariado, adopción responsable y estrategias de recaudación de fondos.
Animalandes no es una fundación formal ni cuenta con financiación institucional. Es, ante todo, una red de personas que decidió actuar. Está integrada principalmente por estudiantes activos de la Universidad de los Andes, pero también participan egresados, voluntarios externos, rescatistas independientes e incluso miembros de otras universidades. Desde su creación en 2021, la iniciativa ha crecido de manera orgánica y hoy se consolida como uno de los colectivos estudiantiles de protección animal más activos del entorno universitario.
De un grupo de WhatsApp a una red de casi 300 voluntarios
Animalandes surgió inicialmente como una respuesta concreta a una problemática visible: la presencia constante de perros en condición de calle alrededor del campus universitario.
La idea original fue crear un grupo que permitiera coordinar rescates, buscar hogares responsables y recaudar fondos para cubrir gastos veterinarios. En sus inicios, funcionaba como un grupo de WhatsApp en el que las personas colaboraban de manera voluntaria y según su disponibilidad. Con el tiempo, la estructura se volvió más compleja.
Durante varios años, la iniciativa fue liderada por la estudiante Isabella Llamas, hoy egresada de la Universidad de los Andes, quien estuvo al frente del grupo durante aproximadamente dos años. Aunque ya no ocupa un cargo directivo, sigue vinculada al proyecto apoyando procesos específicos, como la búsqueda de patrocinadores para eventos de recaudación y ferias de emprendimientos libres de explotación animal.
“El grupo nació con el objetivo de reunir a personas interesadas en realizar rescates, buscar hogares responsables para los perritos y recaudar fondos para poder hacerlo”, recuerda Llamas.
Con el crecimiento de la iniciativa, Animalandes se organizó en dos grandes frentes. Por un lado, está el grupo general, que actualmente reúne a cerca de 300 voluntarios. Se trata de personas interesadas en apoyar, pero que no necesariamente tienen una función fija. Por otro lado, existe un grupo logístico, conformado por quienes se reúnen de manera periódica para tomar decisiones operativas como definir salidas de rescate, organizar eventos de recaudación, establecer convenios, decidir el destino de los recursos y hacer seguimiento a los casos activos.
Durante su liderazgo, Llamas impulsó la articulación entre Animalandes y otros espacios ambientales universitarios. Antes de asumir la dirección general, ella hacía parte de la Mesa Ambiental de Los Andes, donde existían comités enfocados en sostenibilidad, veganismo y bienestar animal. Esa experiencia permitió que Animalandes ampliara su enfoque y sus actividades.
Aunque la iniciativa se ha enfocado principalmente en animales domésticos, especialmente perros, su propósito es más amplio: promover el respeto por todas las formas de vida. Por eso, además de rescates, Animalandes ha organizado salidas a santuarios animales, talleres educativos y actividades de sensibilización.
Uno de los hitos durante ese periodo fue la realización de un taller de cocina vegana en convenio con otras organizaciones, así como conciertos, ventas de postres, comercialización de llaveros y amigurumis elaborados por estudiantes, todas ellas estrategias para recaudar fondos de manera creativa.
Rescates, voluntariado y el desafío de los hogares de paso
El impacto de Animalandes se mide, en buena parte, en vidas rescatadas. Durante el periodo en el que Isabela Llamas estuvo al frente de la iniciativa, se realizaron más de 100 rescates.
“Durante mi liderazgo realizamos más de 100 rescates y logramos encontrar hogares responsables para todos los animales, ninguno tuvo que quedarse indefinidamente sin una solución”, cuenta Llamas.
El proceso de rescate suele seguir una ruta definida: una persona reporta el caso, generalmente a través del grupo general, se evalúa la situación, se coordina el traslado del animal, se realiza la valoración veterinaria y se buscan alternativas de alojamiento temporal. En algunos casos, Animalandes cuenta con convenios con fundaciones que funcionan como hogares de paso a cambio de un pago reducid, en otros, depende completamente de voluntarios que puedan ofrecer su casa de manera temporal.
Este último punto es, según quienes integran la iniciativa, uno de los mayores retos. Aunque muchas personas están dispuestas a donar dinero, alimento o insumos, conseguir hogares de paso sigue siendo una de las limitaciones más grandes para ampliar el número de rescates.
Aun así, el modelo de trabajo ha permitido sostener la iniciativa. Animalandes no suele manejar grandes sumas de dinero, ya que los fondos se recaudan y se destinan casi de inmediato a los casos activos. Las ventas solidarias y eventos suelen agotarse, lo que demuestra el respaldo de la comunidad universitaria y externa.
Además de los rescates, el grupo estudiantil organiza jornadas de voluntariado en fundaciones y santuarios. En estas actividades, los participantes cubren el costo del transporte y un valor adicional que se dona directamente a la organización visitada. De esta manera, se combina el trabajo voluntario con el apoyo económico.
Aunque se trata de una iniciativa estudiantil adscrita a la Decanatura de Estudiantes, Animalandes no es un grupo cerrado. Pueden participar personas externas, egresados, estudiantes de otras universidades e incluso rescatistas independientes. La única restricción es que los cargos de liderazgo deben estar en manos de estudiantes activos, de acuerdo con el reglamento institucional.
La Universidad de los Andes brinda apoyo logístico, principalmente mediante el préstamo de espacios dentro del campus para eventos y actividades. Sin embargo, no existe un apoyo económico directo.
Una iniciativa joven que sigue construyéndose
Actualmente, la dirección de Animalandes está en manos de un nuevo equipo estudiantil. Una de las líderes es Antonella Cortés, quien resalta tanto el aprendizaje personal como el carácter aún joven del proyecto.
“El mayor aprendizaje que me ha dejado esta labor, personalmente, ha sido saber que si realmente se desea que las cosas cambien se tiene que actuar y se puede lograr. Si uno se queda de brazos cruzados mirando, nunca se logrará nada”, afirma Cortés.
La estudiante explica que la mayoría de los casos que atienden siguen siendo perros en situación de abandono o negligencia, encontrados principalmente en zonas cercanas a la universidad. El procedimiento, sin embargo, se mantiene: rescate, atención veterinaria y búsqueda de un hogar de paso o definitivo.
“Animalandes es una iniciativa muy grande, sin embargo aún muy joven. Muchos procesos apenas se encuentran en creación y a muchos otros les falta modificaciones”, reconoce. Por eso, el equipo logístico trabaja actualmente en la estandarización de procesos para fortalecer la iniciativa a largo plazo.
En cuanto a las formas de apoyo, Cortés destaca que incluso las acciones más simples generan impacto. “Desde compartir y seguir nuestras redes ya están generando un impacto que valoramos muchísimo”, señala, aunque enfatiza que las donaciones de tiempo, insumos y, sobre todo, los hogares de paso siguen siendo fundamentales.
Para quienes deseen ayudar, Animalandes mantiene abierta la posibilidad de unirse como voluntarios, participar en eventos, reportar casos de animales en riesgo o apoyar económicamente. Toda la información se difunde a través de sus redes sociales, donde también se visibilizan los rescates y las actividades en curso.
Más allá de las cifras, Animalandes encarna una forma de activismo anclada en lo cotidiano. Para Isabella Llamas, exlíder de la iniciativa, la experiencia dejó una reflexión que sigue orientando su vínculo con el proyecto: no es necesario transformar el mundo entero para generar un impacto real. “Todo el mundo puede que no cambie todo el mundo, pero a ese perrito sí le cambió todo su mundo”, reflexiona.
Actualmente, Llamas continúa apoyando a Animalandes en la gestión de alianzas y patrocinadores para ferias de emprendimiento libres de explotación animal. Emprendimientos o marcas interesadas pueden contactarla a través de su cuenta de Instagram @inkvertebrata.
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