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El estornudo en los gatos es un reflejo natural y defensivo del organismo. Al igual que en los seres humanos, se trata de una expulsión brusca de aire por la nariz y la boca que tiene como finalidad eliminar partículas irritantes presentes en las vías respiratorias superiores.
Sin embargo, cuando este signo se vuelve frecuente, persistente o se acompaña de otros síntomas, puede ser indicio de un problema de salud que requiere atención profesional.
Según asociaciones veterinarias como la American Veterinary Medical Association (AVMA) y manuales clínicos de medicina felina utilizados en facultades de veterinaria, el estornudo ocasional suele deberse a causas benignas.
Entre las más comunes se encuentran el polvo ambiental, el humo, los aerosoles domésticos, los perfumes o los productos de limpieza con fragancias intensas. Estas sustancias pueden irritar la mucosa nasal del animal y desencadenar uno o varios estornudos aislados sin mayor consecuencia.
No obstante, una de las causas más frecuentes de estornudos repetidos en gatos son las infecciones respiratorias superiores. En la práctica clínica, estas infecciones suelen estar asociadas principalmente a agentes virales.
Entre los más relevantes se encuentran el herpesvirus felino tipo 1 (FHV-1), también denominado rinotraqueítis viral felina, y el calicivirus felino. Ambos virus están ampliamente documentados en la literatura científica veterinaria como responsables de cuadros respiratorios contagiosos, especialmente en gatitos, animales no vacunados o gatos que viven en colectividades.
El herpesvirus felino puede provocar estornudos, secreción nasal, secreción ocular y conjuntivitis. Tras la infección inicial, el virus puede permanecer latente en el organismo y reactivarse en situaciones de estrés, lo que explica episodios recurrentes en algunos animales.
El calicivirus, por su parte, también produce estornudos y secreción nasal, y puede acompañarse de úlceras orales y fiebre. La vacunación periódica, recomendada por organismos veterinarios internacionales, reduce significativamente la gravedad de estas enfermedades, aunque no siempre evita por completo la infección.
Las infecciones bacterianas también pueden desempeñar un papel, ya sea como causa primaria o como complicación secundaria de un proceso viral. Bacterias como Chlamydia felis o Bordetella bronchiseptica están descritas en estudios clínicos como agentes asociados a enfermedad respiratoria felina. En estos casos, el veterinario puede considerar el uso de antibióticos tras una evaluación adecuada.
Otra causa documentada de estornudos persistentes es la presencia de cuerpos extraños en la cavidad nasal. Fragmentos de plantas, espigas o pequeñas partículas pueden alojarse en las fosas nasales, generando irritación continua.
En tales situaciones, el estornudo suele ser repentino e intenso, y puede acompañarse de secreción nasal unilateral. La extracción debe realizarla exclusivamente un profesional, a menudo con ayuda de sedación y exploración instrumental.
Las alergias ambientales, aunque menos estudiadas en gatos que en perros o personas, también pueden provocar estornudos. El polvo doméstico, los ácaros o el polen se mencionan en la bibliografía veterinaria como posibles desencadenantes. Sin embargo, el diagnóstico de alergia respiratoria felina requiere descartar previamente otras causas más frecuentes.
En gatos adultos o de edad avanzada, los estornudos crónicos pueden estar relacionados con problemas dentales, especialmente infecciones en raíces de los dientes superiores, que se encuentran próximas a los senos nasales.
Asimismo, aunque con menor frecuencia, pueden existir pólipos nasofaríngeos o tumores nasales, especialmente en animales mayores. Estos cuadros suelen acompañarse de otros signos como dificultad respiratoria, deformación facial o secreción nasal persistente, en ocasiones con sangre.
Los especialistas coinciden en que se debe consultar al veterinario cuando el estornudo persiste varios días, se intensifica, se acompaña de secreción espesa, fiebre, apatía, pérdida de apetito o dificultad para respirar. El diagnóstico puede requerir exploración física completa, pruebas de laboratorio o estudios de imagen, según el caso.
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