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La proteína conocida como Fel d1 se ha convertido en el centro de atención de veterinarios, alergólogos y dueños de mascotas en todo el mundo, ya que es el principal responsable de las reacciones alérgicas que sufren millones de personas al tener contacto con gatos domésticos.
Lejos de lo que muchos creen, no es el pelo del gato lo que provoca picor, estornudos y congestión nasal, sino esta molécula específica producida por el propio animal.
Fel d1 es una glicoproteína producida naturalmente por los gatos. Se secreta principalmente a través de sus glándulas salivales y sebáceas (las glándulas de la piel que producen aceite) y se distribuye por todo el cuerpo del felino cuando se acicala lamiéndose el pelaje.
Este proceso es clave para entender por qué muchas personas sensibles tienen síntomas alérgicos, incluso sin contacto directo con el animal: cuando el gato se limpia, la saliva que contiene Fel d1 queda adherida a sus pelos y caspa.
Al soltarse estas partículas microscópicas, se dispersan en el aire y se depositan sobre muebles, ropa, alfombras y superficies del hogar, volviéndose difíciles de eliminar.
Un alérgeno omnipresente
Durante décadas, se pensó erróneamente que el pelo largo o corto de un gato influía en la probabilidad de desencadenar alergias. Sin embargo, expertos coinciden en que el pelo en sí no es el causante directo de las reacciones alérgicas. El responsable real es el alérgeno Fel d1. El pelo y la caspa simplemente funcionan como vehículos que transportan estas proteínas al ambiente, no como origen del problema.
La evidencia científica indica que hasta un 90–95 % de las alergias a los gatos en humanos están relacionadas con Fel d1. Cuando estas pequeñas partículas entran en contacto con las mucosas nasales o son inhaladas, el sistema inmunológico de una persona alérgica puede interpretar erróneamente la proteína como una amenaza.
En respuesta, se activan las defensas del organismo y se liberan sustancias como la histamina, provocando la cascada de síntomas típicos de una alergia: estornudos, picazón en los ojos, congestión nasal, tos, dificultad respiratoria y en algunos casos ataques de asma.
¿Por qué algunas personas son más sensibles que otras?
No todas las personas reaccionan igual a Fel d1. La sensibilidad depende de factores genéticos, del estado general del sistema inmunológico y de la historia de exposición previa a alérgenos. Aunque cualquier persona puede desarrollar alergias a gatos, quienes ya tienen condiciones como rinitis alérgica, asma o sensibilización a otros alérgenos tienen mayor probabilidad de experimentar síntomas más intensos.
Un dato importante para quienes desean convivir con un gato es que todos los gatos producen Fel d1, independientemente de su raza, edad, sexo o longitud del pelo.
Razas comúnmente etiquetadas como “hipoalergénicas” no están libres de producir esta proteína; simplemente pueden liberar niveles menores que otros individuos, pero ninguna raza elimina completamente el alérgeno.
Estrategias para manejar la alergia
Frente a esta realidad, especialistas recomiendan diversas estrategias para reducir la exposición, entre ellas:
- Mantener espacios limpios y bien ventilados.
- Limitar el acceso del gato a habitaciones donde pasa mucho tiempo la persona alérgica, como dormitorios.
- Uso de purificadores de aire con filtros HEPA.
- Consultar a un alergólogo para diagnóstico y tratamiento adecuados, incluidos inmunoterapias.
Además, investigaciones recientes exploran métodos novedosos para reducir la cantidad de Fel d1 producida, por ejemplo, mediante dietas especiales que contienen anticuerpos anti-Fel d1 que se unen al alérgeno en la saliva del gato, disminuyendo su liberación al ambiente. Aunque estos métodos aún son objeto de estudio, muestran un avance prometedor en el manejo de las alergias felinas.
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