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¿Qué ven los gatos en la oscuridad?

Esta habilidad se debe a características anatómicas y fisiológicas del ojo, desarrolladas durante su evolución como depredadores crepusculares.

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La Red Zoocial
17 de enero de 2026 - 10:00 p. m.
Respecto al color, los gatos no ven el mundo en blanco y negro, pero su gama cromática es más limitada.
Respecto al color, los gatos no ven el mundo en blanco y negro, pero su gama cromática es más limitada.
Foto: Pixabay
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Durante siglos, la capacidad de los gatos para moverse con soltura en la oscuridad ha despertado curiosidad y mitos. Aunque no es cierto que vean en la oscuridad absoluta, la ciencia ha demostrado que los felinos poseen una visión nocturna muy superior a la del ser humano.

Esta habilidad es el resultado de una combinación de características anatómicas y fisiológicas del ojo, desarrolladas a lo largo de su evolución como depredadores crepusculares.

En primer lugar, conviene aclarar un punto clave: los gatos no ven “todo” en la oscuridad. Al igual que cualquier otro mamífero, necesitan al menos una pequeña cantidad de luz para poder percibir su entorno.

Sin embargo, son capaces de ver con niveles de iluminación hasta seis veces menores que los que requiere una persona. Esto significa que, en condiciones de poca luz donde el ojo humano apenas distingue formas, el gato aún puede orientarse, detectar movimiento y reconocer objetos.

Una de las principales razones de esta ventaja visual es la estructura de la retina. La retina es la capa del ojo encargada de captar la luz y transformarla en señales nerviosas que el cerebro interpreta como imágenes.

En los seres humanos, la retina contiene dos tipos principales de células fotorreceptoras: conos y bastones. Los conos permiten ver colores y detalles finos con buena iluminación, mientras que los bastones son más sensibles a la luz y se encargan de la visión nocturna.

En el caso de los gatos, la retina posee una proporción mucho mayor de bastones que la humana. Esta abundancia de bastones les permite captar mejor la luz tenue y detectar movimientos rápidos, una ventaja fundamental para la caza al amanecer o al anochecer, momentos en los que muchas de sus presas están activas. A cambio, los gatos sacrifican parte de la agudeza visual y de la percepción del color durante el día.

Otro elemento decisivo en la visión nocturna felina es el tapetum lucidum. Se trata de una capa reflectante situada detrás de la retina que actúa como un espejo, devolviendo la luz que no fue absorbida en un primer momento por los fotorreceptores.

Gracias a este mecanismo, la luz tiene una segunda oportunidad de ser captada, lo que incrementa notablemente la sensibilidad del ojo en condiciones de baja iluminación. Este tapetum es el responsable del característico brillo que se observa en los ojos de los gatos cuando una luz los ilumina en la oscuridad.

Además, las pupilas de los gatos pueden abrirse mucho más que las humanas. En condiciones de poca luz, la pupila felina se dilata hasta ocupar casi toda la superficie visible del ojo, permitiendo que entre una mayor cantidad de luz. Durante el día, en cambio, la pupila se contrae formando una rendija vertical, lo que protege al ojo del exceso de luminosidad y mejora la precisión al calcular distancias.

En cuanto a lo que realmente “ven” los gatos en la oscuridad, los expertos señalan que su percepción se basa más en contrastes y movimientos que en detalles definidos.

La visión felina es menos nítida que la humana y está optimizada para detectar presas en movimiento, no para distinguir formas complejas o leer textos, por ejemplo. En un entorno poco iluminado, un gato puede identificar con facilidad el desplazamiento de un objeto o de un animal, incluso si el fondo es confuso.

Respecto al color, los gatos no ven el mundo en blanco y negro, pero su gama cromática es más limitada. Estudios científicos indican que distinguen principalmente tonos azules y verdes, mientras que los rojos y rosados les resultan difíciles de diferenciar.

En la oscuridad, esta percepción del color se reduce aún más, ya que los bastones, predominantes en esas condiciones, no aportan información cromática.

Finalmente, es importante destacar que la visión no es el único sentido que ayuda a los gatos a orientarse en la penumbra. El oído altamente desarrollado, el olfato y las vibrisas (bigotes) complementan la información visual.

Las vibrisas son extremadamente sensibles a las vibraciones del aire y al contacto con objetos, lo que permite al animal moverse con precisión incluso en espacios muy oscuros o estrechos.

En conclusión, los gatos no poseen una visión sobrenatural, pero sí un sistema visual extraordinariamente adaptado a la baja iluminación.

Gracias a una retina especializada, al tapetum lucidum y a la gran capacidad de dilatación de sus pupilas, pueden ver y moverse con eficacia allí donde el ojo humano apenas percibe sombras. Esta habilidad, combinada con otros sentidos agudos, explica por qué los felinos parecen dueños de la noche, aunque, en realidad, también dependen de la luz, por mínima que sea.

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