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El Sabueso Fino Colombiano alcanzó el mayor reconocimiento al que puede aspirar una raza canina. Se trata de la aprobación oficial de la Federación Cinológica Internacional (FCI), máxima autoridad mundial en materia de estandarización, regulación y validación de razas.
El anuncio, celebrado por el Club Canino Bucaramanga y otras organizaciones dedicadas a su preservación, marca un antes y un después para la cinofilia colombiana (estudio, crianza y preservación de razas caninas). La FCI, organismo que agrupa a las principales entidades caninas del mundo y supervisa los registros genealógicos internacionales, avaló la raza tras un proceso que implicó documentación histórica, estudios técnicos y años de trabajo de criadores e investigadores.
De acuerdo con el Club Canino Bucaramanga, con esta decisión, el Sabueso Fino Colombiano no solo obtiene legitimidad científica y reconocimiento global, sino que también ve protegido su legado cultural. Se trata de una raza ancestral, fuerte y trabajadora, tradicionalmente ligada a la vida rural y a labores de rastreo y cacería, reconocida por su valentía, disciplina y notable capacidad olfativa.
Desde iniciativas como “Soy Tú Sabueso” celebraron el logro destacando al Sabueso Fino Colombiano como “patrimonio vivo” del país y una de las razas más representativas de su identidad zootécnica.
Los sabuesos finos colombianos: ¿ideales para la búsqueda y localización?
Algunas entidades como la Policía Nacional han sido testigos de las grandes capacidades que tienen estos animales. El 23 de octubre de 2021, Otoniel, el líder del Clan del Golfo cayó en una operación de la Fuerza Pública y Chapolo, su perro, un sabueso fino colombiano, fue clave en el hallazgo del criminal.
De acuerdo con los relatos de los uniformados, la búsqueda de Otoniel había comenzado años atrás. En uno de estos operativos, llevado a cabo en el año 2015, ingresaron a su casa y se encontraron con el canino que estaba un poco desorientado por el sonido de los disparos. Una vez el animal pudo recobrar su atención los guió hacia el espeso bosque donde finalmente se rindió en la orilla del un río.
Los policías decidieron adoptar al perro y lo bautizaron como Oto. Luego de salir en helicóperto del Urabá antioqueño, fue valorado por un médico veterinario, quien determinó que su salud era regular y que tenía pulgas y garrapatas. Luego de su recuperación, fue incorporado en la Escuela de Guías y Adiestramiento Canino de la Policía y entrenado para la búsqueda de personas.
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