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Lazybone es un perrito que estuvo a punto de morir antes de tiempo y sin una justificación valida. Tenía fecha y hora programada para la eutanasia, pero fue rescatado apenas 40 minutos antes de que se cumpliera el plazo. La historia fue compartida en Instagram por la usuaria @totolandiaok, conocida como Clari, una ciudadana y creadora de contenido argentina radicada en Miami que ofrece hogares de paso a perros y gatos mientras encuentran una familia definitiva.
La alerta apareció el 23 de enero de 2026. En el refugio donde se encontraba Lazybone habían fijado la eutanasia para las 5:00 p. m. Ese mismo día, sobre las 4:50 p. m., comenzaba para él una nueva vida. “Carrera contra el tiempo”, escribió Clari al publicar el video de rescate del animal. La decisión se tomó tras ver una publicación en la que se anunciaba que el procedimiento era inminente.
Según el relato compartido por @totolandiaok, Lazybone fue llevado a un refugio de animales por su antiguo “tutor” el 8 de enero de 2026 con la intención de practicarle la eutanasia. El argumento era que padecía un problema severo en la piel que no había mejorado ni siquiera con cambios de alimentación recomendados por una médica veterinaria.
El centro se negó a realizar el procedimiento y, en su lugar, ofreció un programa de apoyo que consistía en tratamiento gratuito y suministro de alimento para evitar el abandono. Sin embargo, el hombre rechazó la ayuda y mantuvo su decisión.
Con las defensas debilitadas por su problema dermatológico, Lazybone contrajo además una infección respiratoria mientras permanecía en el refugio. Sin una mejoría y expuesto a nuevos focos de contagio, se le fijó una la eutanasia para el 23 de enero a las 5:00 p. m.
Con la intención de darle una última oportunidad y encontrar a alguien dispuesto a ayudarlo, el refugio publicó el caso en redes sociales, advirtiendo lo que ocurriría si nadie acudía a tiempo.
Clari (@totolandiaok) contó que vio la publicación y desde ese momento no pudo dejar de pensar en el cachorro. A la mañana siguiente confirmó que nadie más lo había retirado y, tras coordinar con una amiga también rescatista, decidió ir por él.
En los primeros videos tras el rescate, Clari describió pequeños gestos que, a su juicio, demostraban que el perro ya se sentía a salvo: “¿Ven su sonrisita?”, escribió en una publicación en la que aparecía Lazybone con una cara de emoción. También destacó cómo comenzaba a quedarse dormido y cómo, pese a su estado, daba saltos y pequeños correteos, conductas que contrastaban con la idea de provocarle la muerte.
Diez días después del rescate, una nueva publicación mostró avances notorios. Al perrito le estaba creciendo el pelo en las zonas afectadas y tenía una actitud más animada. “Una mejora impresionante”, escribió la creadora de contenido. El pasado 10 de febrero, otro video confirmó la transformación, pues Lazybone se veía activo y feliz.
La historia de Lazybone volvió a evidenciar el papel decisivo que cumplen los hogares de paso y los rescatistas independientes, así como el alcance que pueden tener las redes sociales cuando se trata de salvar vidas. Al mismo tiempo, reabre el debate sobre los criterios bajo los cuales se toman decisiones de eutanasia en animales que, con tratamiento y cuidados adecuados, pueden recuperarse.
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