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La preocupación por el bienestar de las mascotas es una constante entre quienes conviven con perros, aunque en muchos casos la falta de información puede derivar en hábitos que afectan a su salud sin que se perciba de inmediato.
Uno de los comportamientos que suele pasar desapercibido, pero que puede ser una señal de alerta, es el aumento excesivo en el consumo de agua.
Así lo advierte Juanjo, veterinario y divulgador en redes sociales, quien a través de un vídeo publicado en su cuenta de TikTok (@juanjovetmascotas) explica que una sed desproporcionada no siempre es inofensiva.
Según señala, este cambio puede estar relacionado con patologías relevantes como problemas renales, diabetes o hiperadrenocorticismo, por lo que requiere atención profesional.
El desafío principal para los propietarios es identificar cuándo la ingesta de agua deja de ser normal. Esta cantidad varía según factores como la raza, el tamaño, la edad o el nivel de actividad del animal, por lo que resulta clave observar los hábitos diarios y detectar variaciones repentinas. Llevar un control regular permite actuar con mayor rapidez ante cualquier anomalía.
La sed excesiva no suele aparecer sola. Otros síntomas como pérdida de peso sin causa aparente, alteraciones en el apetito, apatía, aumento en la frecuencia o volumen de la orina, vómitos, diarrea o un pelaje sin brillo pueden indicar la presencia de una enfermedad. Detectar estas señales de forma temprana incrementa las posibilidades de éxito en el tratamiento veterinario.
Más allá de la vigilancia ante posibles síntomas, el cuidado integral del perro se sustenta en hábitos diarios que refuerzan su salud. El ejercicio regular, mediante paseos y juegos que también estimulen su mente, contribuye a mantener en buen estado músculos y articulaciones, además de reducir el estrés.
La higiene bucal es otro pilar fundamental. El cepillado dental o el uso de juguetes diseñados para la masticación ayudan a prevenir la acumulación de sarro y enfermedades gingivales que pueden derivar en complicaciones digestivas.
Asimismo, las visitas periódicas al veterinario, junto con la vacunación y desparasitación, permiten detectar problemas que no siempre son visibles a simple vista.
El bienestar emocional tampoco debe subestimarse. Un entorno seguro, la interacción diaria y el vínculo con su entorno humano influyen directamente en el equilibrio del animal y fortalecen su sistema inmunitario.
A esto se suma una nutrición adaptada a sus necesidades específicas, basada en alimentos de calidad acordes a su edad, tamaño y nivel de actividad, como medida preventiva frente a trastornos digestivos, carencias nutricionales y sobrepeso.
Cuidar de un perro implica, por tanto, observar, prevenir y actuar a tiempo. La atención a pequeños cambios en su comportamiento puede marcar la diferencia entre una detección precoz y un problema de salud avanzado.
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