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En un contexto en el que cada vez más personas buscan alternativas responsables para el cuidado de sus mascotas durante viajes o largas jornadas laborales, el "pet sitting" se ha consolidado como una opción que prioriza el bienestar animal y, al mismo tiempo, abre oportunidades para quienes desean conocer nuevos destinos. Esta práctica, ampliamente reconocida a nivel internacional, ha ganado fuerza tanto como servicio profesional como modalidad de intercambio entre familias y cuidadores.
De acuerdo con Pet Sitters International (PSI), organización referente en el sector, el “pet sitting” (cuidado de mascotas a domicilio) fue formalmente definido en 1997, cuando la entidad logró que el término fuera incorporado al diccionario Random House. Desde entonces, el concepto se refiere al acto de cuidar a una mascota en su propio hogar mientras su propietario está ausente, una característica que marca la principal diferencia frente a hoteles, guarderías o centros de alojamiento para animales.
De esta forma, el "pet sitting" consiste en atender a perros, gatos u otros animales en el entorno donde viven habitualmente, respetando sus rutinas de alimentación, ejercicio y descanso. Según PSI, esta modalidad reduce significativamente el estrés en las mascotas, evita el trauma del traslado y disminuye el riesgo de contagio de enfermedades al no convivir con animales desconocidos. El servicio puede incluir visitas diarias, paseos, tiempo de juego, administración de medicamentos y, en algunos casos, estadías nocturnas.
Además del cuidado directo de los animales, los “pet sitters” (personas que cuidan mascotas a domicilio) suelen encargarse de tareas complementarias como limpiar la casa y recoger correspondencia. Para muchas familias, esta opción ofrece mayor tranquilidad, especialmente cuando las mascotas tienen necesidades especiales o dificultades para adaptarse a nuevos entornos.
PSI establece que el cuidado de mascotas en el hogar del cliente es un requisito fundamental para formar parte de su membresía. Aunque reconoce que muchos negocios han ampliado su oferta con servicios como peluquería, adiestramiento o alojamiento, estos deben ser adicionales. Quienes se dedican exclusivamente a la guardería o al hospedaje canino en otros lugares no son considerados “pet sitters”.
Paralelamente, el “pet sitting” también se ha popularizado como una modalidad de intercambio no remunerado que atrae a viajeros de todo el mundo. En este formato, una persona cuida a las mascotas de una familia a cambio de hospedaje gratuito, sin que exista un pago económico. Plataformas especializadas como TrustedHousesitters, Nomador y MindMyHouse facilitan estos acuerdos, permitiendo a los cuidadores registrarse, crear perfiles y postularse a oportunidades en distintos países.
Requisitos y beneficios de ser “pet sitter”
Para convertirse en “pet sitter”, no es obligatorio contar con una formación profesional, pero sí es indispensable el amor por los animales, la responsabilidad y la disposición para atender sus necesidades diarias. A cambio, los cuidadores obtienen una experiencia inmersiva en nuevos destinos, reducen costos en sus viajes y disfrutan de la compañía de animales durante su estadía.
Esta práctica cuenta además con mecanismos de verificación y seguros que brindan mayor confianza a todas las partes involucradas. Así, los tutores acceden a una alternativa de cuidado más responsable para sus mascotas y quienes viajan encuentran una forma distinta de conocer nuevos destinos poniendo el bienestar animal en el centro de la experiencia.
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