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¿Su mascota regurgita la comida? Veterinario advierte que podría tratarse de megaesófago

La regurgitación en perros y gatos suele pasar desapercibida, pero puede ser la primera señal de un problema que requiere atención veterinaria. Reconocer los síntomas a tiempo y ajustar la alimentación puede marcar la diferencia en su bienestar.

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La Red Zoocial
30 de enero de 2026 - 07:00 p. m.
Dificultades para tragar, pérdida de peso y episodios repetidos de regurgitación en mascotas son señales de alerta que no deben ignorarse.
Dificultades para tragar, pérdida de peso y episodios repetidos de regurgitación en mascotas son señales de alerta que no deben ignorarse.
Foto: Unsplash
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La regurgitación frecuente de alimentos en perros y gatos puede ser mucho más que una molestia pasajera. Así lo advierte Carlos Cifuentes, médico veterinario del Pet Food Institute, quien señala que este síntoma puede estar asociado al megaesófago, una condición que afecta la capacidad del animal para transportar el alimento desde la boca hasta el estómago y que, sin un manejo adecuado, puede poner en riesgo su vida.

“El megaesófago ocurre cuando el esófago, que es el tubo encargado de llevar la comida al estómago, pierde su capacidad de contraerse y empujar el alimento de forma eficiente”, explica Cifuentes. Como resultado, la comida se acumula y suele regresar sin digerirse poco después de la ingesta, un proceso conocido como regurgitación, que se diferencia del vómito porque no implica arcadas ni esfuerzo abdominal.

Esta enfermedad se presenta con mayor frecuencia en perros, aunque también puede afectar a los gatos. De acuerdo con el especialista, el megaesófago puede ser congénito, cuando está presente desde el nacimiento, o adquirido, como consecuencia de enfermedades neuromusculares, trastornos endocrinos, intoxicaciones o alteraciones del sistema nervioso.

Más allá de la incomodidad que genera la regurgitación, el mayor riesgo de esta condición es el desarrollo de neumonía por aspiración, una complicación grave que ocurre cuando el alimento o los líquidos ingresan accidentalmente a los pulmones. “Este es el verdadero peligro del megaesófago y la principal causa de complicaciones severas. Por eso, la alimentación adecuada se convierte en la piedra angular del tratamiento”, advierte Cifuentes.

¿Qué hacer tras el diagnóstico de megaesófago en perros y gatos?

Contrario a lo que muchas personas pueden pensar, un diagnóstico de megaesófago no significa una condena. Según el veterinario, con ajustes en la rutina diaria y un plan nutricional personalizado, muchas mascotas logran mantener una buena calidad de vida.

Uno de los cambios más importantes que se deben tener en cuenta para los perros y gatos que tienen esta condición es la posición a la hora de comer. “Las mascotas con megaesófago deben alimentarse con el tronco y la cabeza elevados, en un ángulo entre 45 y 90 grados”, explica el experto.

En el caso de los perros, se recomienda el uso de la Silla de Bailey, un dispositivo diseñado para mantenerlos erguidos durante la comida y entre 15 y 30 minutos después. “Este simple hábito puede cambiarlo todo, la gravedad se convierte en la mejor aliada para que el alimento llegue al estómago sin riesgo”, añade.

La elección del alimento es otro aspecto clave del manejo. Según el médico veterinario, no existe una textura ideal que funcione para todos los animales. Algunos toleran mejor dietas licuadas o semilíquidas, mientras que otros responden positivamente a pequeñas porciones de alimento húmedo en forma de “albóndigas”. En todos los casos, se recomienda ofrecer porciones pequeñas y frecuentes, entre tres y cuatro veces al día, para evitar que el esófago se sobrecargue.

Incluso el consumo de agua puede requerir modificaciones. Si el animal regurgita líquidos, estos pueden ofrecerse mezclados con la comida o con espesantes, siempre bajo supervisión veterinaria.

El seguimiento médico constante también es fundamental. Controlar el peso, el apetito y vigilar signos de alerta como tos, fiebre o dificultad para respirar permite detectar a tiempo posibles complicaciones pulmonares. “Cualquier cambio puede indicar una neumonía por aspiración y requiere atención inmediata”, enfatiza Cifuentes.

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