Publicidad

Anatomía de seis “looks” inspirados en el vallenato 


El diseñador Jorge Duque creó una colección cápsula de atuendos inspirados en la canción “La creciente”, que presentó en un desfile de Ixel Itinerante Valledupar.


Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Lucety Carreño Rojas
30 de agosto de 2026 - 04:00 p. m.
Los “looks” harán parte del archivo del diseñador, pues no estarán a la venta. / Cortesía @kevfuentes_photo e Ixel Moda
Los “looks” harán parte del archivo del diseñador, pues no estarán a la venta. / Cortesía @kevfuentes_photo e Ixel Moda
Foto: Cortesía
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

A nueve diseñadores colombianos se les planteó un reto: elegir una canción del género vallenato para que cada uno creara una colección cápsula y presentara el resultado durante una pasarela en la plaza Alfonso López, en Valledupar.

“Entre la moda y las artes, no existe una relación más estrecha que aquella que la moda ha sostenido con la música. Durante el siglo XX hubo momentos en los que esta relación se hizo mucho más directa, especialmente cuando ciertas escenas musicales comenzaron a producir estilos de vestir que transformaron el panorama global de la moda”, comenta William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestir.

Lea: ¿Por qué las camisas de hombre y mujer tienen los botones en lados diferentes?

Los movimientos hippie y punk son ejemplos muy claros de esa relación, pues generaron códigos estéticos, representación y maneras de intervenir el cuerpo a través de la ropa.

La relación también funciona en sentido inverso, es decir, cuando es la música la que inspira una colección o el trabajo de un diseñador. Un antecedente interesante es la colección que Elsa Schiaparelli presentó en 1939. “No estaba inspirada en una composición, un intérprete o un género particular, sino en la música entendida como un universo visual y sonoro. La diseñadora incorporó botones con forma de tambores, bordados de instrumentos y notas musicales, así como cinturones y sombreros provistos de pequeñas cajas de música. Schiaparelli no tradujo una obra musical concreta: convirtió la idea misma de la música en formas, objetos, imágenes y sonidos incorporados al vestido”, dice Cruz Bermeo.

Así las cosas, el reto consistía en que los nueve diseñadores trasladaran el sonido de las letras en imágenes y luego en prendas de vestir.

Hernán Zajar eligió “La casa en el aire” de Rafael Escalona; Beatriz Camacho en colaboración con la diseñadora Daniela García, “Amor Sensible”, de Freddy Molina; Lina Cantillo, “Mi hermano y yo”, de Emiliano Zuleta; Judy Hazbún, “Sin medir distancias”, de Gustavo Gutiérrez; Darío Valencia, “Vallenato nobel”, de Rafael Escalona; Naiduth Geles, “Los caminos de la vida”, de Omar Geles; José Cuello, “La cañaguatera” de Isaac Carrillo; y Jorge Duque, “La creciente”, de Hernando Marín Lacouture.

Lea: Tenis y sotana: el “look” con el que León XIV entró en la lista de los mejor vestidos

La música y la moda también comparten una emoción: el sentimiento. Las dos tienen la capacidad de evocar recuerdos, pasiones e identidad. “La relación entre el vestir y el lenguaje musical exige rigor conceptual y metodológico. Desde la dirección académica de Ixel Moda buscamos que los creadores no tomen la cultura como un adorno ornamental, sino que investiguen la lírica, el territorio y la historia para traducirlos en estructuras textiles con sentido”, dijo Danilo Cañizales, director académico de Ixel Moda, los organizadores del evento.

Lea: Algodón o poliéster: diferencias, cuál es mejor y cuál escoger

“La creciente” de Jorge Duque

Jorge Duque, diseñador de moda y fisioterapeuta, fue uno de ellos y eligió “La creciente” como una remembranza de la influencia que tuvo esa canción en la cultura popular de Medellín, lugar en el que creció.

“La elegí desde lo personal, porque a mí me gusta bordar temas que me impliquen pensar, analizar, conectarme con un proceso creativo. Me divierte, me parece lúdico”, dice.

Duque también analizó el momento social que se vivía en nuestra sociedad cuando se lanzó la canción, lo que significa la letra para la gente y, desde ahí, comenzó a crear las primeras imágenes de la cápsula.

Lea: ¿Qué es el “bedazzling”, la tendencia viral que impulsó Kylie Jenner?

“Tenía claro que quería el acordeón como un referente metafórico importante para hablar del vallenato, los instrumentos, como la guacharaca, la caja, y la pasión femenina, elementos desde los cuales puedo pensar en una colección”.


Look 1:

Ya llega la mujer que yo más quiero

Por la que me desespero

Y hasta pierdo la cabeza.

El “look” se compone de un corsé con perforaciones de aire y teclas de viento al costado, elaborado en caucho y piel vacuna con ensamble de ojalete y cordón, junto a una falda de georgette.

Look 2:

La canción se lanzó en 1976. Rafael Orozco, voz principal de la agrupación musical El Binomio de Oro, fue quien interpretó la composición de Hernando Marín. Ese mismo año, en la moda el “power dressing” consolidó la manera en la que se percibiría la feminidad y el poder.

“Los grupos de vallenato no eran ajenos a eso. Tomaban las tendencias para hacer sus uniformes y ornamentos, y esas estéticas se convirtieron en un referente visual de lo que viste y representa a un cantante vallenato, que hoy en día todavía usan, como blusas, camisas doradas y estampadas, con flores, con hombreras, joyas en el pecho y otros elementos”.

Dichos referentes los representó Duque en una blusa de georgette con hombreras, canesú y cuello alto con falda mini de paillette con fuelles de acordeón elaborados en tafetán acentuados con plumas naturales.

La moda y la música son para Duque, una relación indisoluble. “La moda es performática en sí misma y la música también. Es por eso que son hermanas y compañeras de camino”, puntualiza. Duque hizo tangible algo que solo podía escucharse, pero que ahora se siente y se ve.

Look 3:

En el proceso de investigación, creación y producción, Duque y su equipo de 12 personas tardaron cuatro meses. En ese lapso de tiempo realizó viajes de campo a Valledupar, en donde compartió con los artesanos kankuamos de Atánquez.

“Hablé con ellos sobre su vínculo con la tierra, con la fertilidad, con la feminidad y todos esos imaginarios místicos que tienen alrededor del río, de la selva y del valle. Eso me llevó a preguntarles lo que representan las crecientes y me contaron historias como la de la sirena de escamas doradas del Guatapurí”.

También le explicaron la importancia de que el río crezca para que limpie, así como “una cantidad de historias que me permitieron hacer esos paralelos que los diseñadores necesitamos para entender de qué se trata metafóricamente crear algo”, explicó Duque.

Esas metáforas las tradujo en un vestido de paillette dorado elaborado en cordón de lúrex y un tejido de espiral, “como el curso de la corriente que llena de fertilidad el valle”. En total, fueron 1850 perlitas doradas de metal y 200 horas de trabajo en la creación de la pieza.

Look 4:

Y así como crecen los arroyuelos,

se crece también la sangre en mis venas.

“El río baja borrascoso formando torbellinos que llenan de fertilidad el valle y los peces y sembrados absorben la bendición de la creciente como un espíritu femenino y fecundo”, dice Duqe. El “look” interpreta eso a través de un top elaborado en piel de tilapia, tinturado con pepa de nogal y un pantalón en telar de seda y lurex con patrones verticales aguamarina.

Look 5:

“La guacharaca resuena en cada rincón del valle con un grito ensordecedor, dejando ecos ancestrales que retumban con la caja y el acordeón, es la mujer que seduce con su ritmo oculto en lo más profundo de la sierra”, explica el diseñador.

Este “look” es un vestido de nylon y laminado metálico dorado.

Look 6:

Duque cerró su colección con una pieza de archivo. Un vestido de 2010 de la colección Herencias, con la que ganó la primera temporada de Project Runway Latin America.

Se trata de una manta elaborada en telar de pedal simple con hilos de seda, poliamida, polimetal y cobre. El “look” se complementa con una mochila de cabuya kankuama.

“Cuando me imagino a la mujer musa de La creciente, tiene una feminidad fértil, bella, divina, diosa que baja por el río o que aparece y es el objeto no solamente del deseo, sino del amor. La creciente, para mí, habla de todo menos del amor imposible. Es lo tumultuoso de la emocionalidad y lo importante que es para ellos en su imaginario que la creciente exista, que caiga el aguacero, que haga crecer el río y que lo fertilice y lo cambie”, agrega.

Lucety Carreño Rojas

Por Lucety Carreño Rojas

Comunicadora social de Uninpahu, vinculada a El Espectador desde 2016. Periodista de moda y negocios. Directora de El Hilo, el formato audiovisual de moda de EE.@LucetyClcarreno@elespectador.com

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.