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La actualidad evidencia que el embarazo también está mediado por la industria del espectáculo, la cultura de las celebridades y la exigencia de convertir hasta la maternidad en una imagen extraordinaria. “Entre el antiguo mandato de ocultar el vientre y la actual presión por exhibirlo de manera espectacular existe una continuidad: en ambos casos, la apariencia de la mujer embarazada sigue sometida a expectativas públicas”, dice William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestuario.
Lo que dice el investigador se evidencia con los “looks” de la actriz Anne Hathaway que son ampliamente comentados, viralizados, estudiados y celebrados en redes sociales y en portales especializados en moda.
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El atuendo más reciente fue el que usó para el estreno de la película The End of Oak Street en Los Ángeles. La actriz de “El diablo viste a la moda” lució un look a la medida de Atelier Prabal Gurung, marca del diseñador Prabal Gurungy.
Se trató de una blusa asimétrica en color azul claro, con el interior en rojo, corta en la parte de adelante dejando visible su barriga y una larga cola, que combinó con unos baggy jeans de tiro bajo y unos tacones Aquazzura.
La elección de vestuario, especialmente el jean de tiro bajo, generó comentarios en redes sociales que incluso llegaron a cuestionar el embarazo.
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Mientras una parte de la audiencia celebró el look como una muestra de seguridad y estilo, otros la criticaron en redes sociales, diciendo que el jean se veía muy bajo y suelto. La actriz decidió usar sus plataformas digitales para tomar los mensajes con sarcasmo y asegurar que sí está esperando un hijo.
La prenda en cuestión permite hablar de cómo cambió la manera en que las celebridades —y Hathaway en particular— muestran, anuncian y dedicen vivir su embarazo.
El cambio en la representación pública de la mujer embarazada
Vale la pena mencionar que durante gran parte del siglo XX, “la ropa de maternidad estuvo regida más por los valores de discreción, modestia y practicidad que por la fantasía de la moda. Sus volúmenes amplios, lazos, cuellos decorativos y batas de aspecto infantilizante procuraban disimular el abdomen y neutralizar la dimensión sexual del cuerpo. La mujer embarazada podía mostrarse como futura madre, pero difícilmente como una figura sensual o plenamente integrada en los códigos de seducción de la moda”.
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El cambio en la representación pública de la mujer embarazada llegó con Diana de Gales en 1982 y 1984. Aunque la princesa no fue la primera integrante de una familia real que apareció embarazada, la intensa exposición mediática de su figura convirtió sus vestidos de maternidad en un acontecimiento de moda. “Utilizó prendas amplias, vistosas y cuidadosamente diseñadas que no ocultaban por completo su estado. El embarazo dejaba así de ser una interrupción de la imagen pública y empezaba a incorporarse a ella a propósito”, detalla Cruz Bermeo.
Otro punto de inflexión, recuerda el investigador de moda, se produjo en agosto de 1991, cuando Demi Moore, embarazada de siete meses, apareció desnuda en la portada de Vanity Fair, fotografiada por Annie Leibovitz. “La imagen, conocida como More Demi Moore, causó controversia porque presentaba el cuerpo embarazado no como una anatomía que debía ocultarse bajo prendas holgadas, sino como un cuerpo visible, sensual y digno de ocupar la portada de una revista de circulación masiva. La fotografía convirtió la gestación en una declaración pública y modificó de manera decisiva los códigos de representación de la maternidad en la cultura de las celebridades”.
En las últimas décadas, esa visibilidad se dio la mano con la industria de la moda. “Ya no se trata de diseñar prendas que se adapten al cuerpo embarazado, sino de convertir sus transformaciones en el centro de la propuesta estética. Rihanna llevó este proceso a una de sus manifestaciones más contundentes al utilizar prendas ceñidas, transparencias, aberturas y piezas que dejaban el abdomen intencionalmente descubierto. En lugar de recurrir al vestido para borrar la gestación, hizo de ella el fundamento de su imagen pública”.
Esto resulta significativo, como lo explica Cruz Bermeo, porque cuestiona una larga tradición en la que la maternidad era el antónimo de sensualidad. “La exhibición contemporánea del abdomen no supone simplemente mostrar más piel; significa reconocer que el cuerpo de la mujer no pierde su capacidad expresiva, estética o sexual durante el embarazo. El vestido deja entonces de funcionar como una técnica de ocultamiento y se convierte en un medio para afirmar la transformación corporal”.
La conversación, según el experto, no debe centrarse en ocultar o mostrar el embarazo; “consiste en reconocer el derecho de cada mujer a determinar cómo desea vestir y hacer visible un cuerpo que atraviesa una transformación física difícil”.
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