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Laura Sofía Grueso denunció públicamente al director mexicano Mauricio Sierra por el presunto uso de su imagen mediante inteligencia artificial para crear avatares muy similares a su rostro y sin su autorización.
Akima, como es conocida en redes sociales, es modelo, creadora de contenido y actriz, reconocida por su interpretación de Rebeca en la serie Cien años de soledad. Según contó Grueso, el director y sus dos casas productoras "crearon seis o siete personajes basados en mi cara generados con inteligencia artificial" para, según detalló, hacer campañas de lujo en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
"Desde el punto de vista legal, en el caso de Akima existe una vulneración a su derecho de imagen, ya que el uso que hizo el director no fue autorizado ni consentido por la modelo", explica María Juliana Marín, abogada y experta en derecho de la moda.
Así las cosas, para hacer uso de la imagen de una persona es necesario contar con una autorización previa, libre, informada y expresa. "Así sea famosa, reconocida o no públicamente, no se puede hacer uso de la imagen de alguien con fines comerciales y publicitarios (como fue este caso)".
Incluso, como ocurrió con Akima, tampoco está permitido hacerlo mediante prompts de inteligencia artificial, a menos que exista una autorización debida y explícita.
Es decir, si las creaciones se hacen directamente con una IA, no estarían protegidas por derechos de autor. Sin embargo, en el caso de Akima, para crear sus diferentes versiones como avatares, la IA tuvo que ser alimentada con imágenes de ella. Marín explica que esto es similar a que alguien utilice fotos de la cuenta de Instagram de la modelo con fines lucrativos y sin su autorización.
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En esa línea, Laura Sánchez, conocida en redes sociales como La Amateur, explica que crear una imagen con IA y utilizarla para campañas publicitarias no es algo ilegal. Sin embargo, se vuelve ilegal cuando "se utiliza sin autorización la imagen de otra persona para alimentar la IA y obtener el resultado final, que es algo que podría haber pasado en este caso, porque Akima trabajó con Mauricio hace seis años. Segundo, podría ser ilegal si la producción final de esta inteligencia artificial es indistinguible de una persona que existe de carne y hueso, con la que posiblemente se habría alimentado la misma IA para producir este resultado y, tercero, también es ilegal si el resultado se empieza a vender y comercializar aprovechando la imagen y prestigio de una persona".
"Fue perturbador", afirmó la modelo, quien también contó que conoció al director hace más de cinco años y que trabajaron juntos en una producción para Vogue. También dijo que sabía que el director creaba estos personajes porque no "encontraba esas caras en el mundo" y que "él quería ofrecerle ese tipo de rostros que no existen a sus clientes".
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La sorpresa fue mayor para Akima cuando descubrió de quién se trataba. Al enterarse de que el director había usado su imagen, le resultó "cínico" que una persona "quiera apropiarse de rostros latinoamericanos para venderlos en un mercado europeo y estadounidense".
Cristian Baena, artista visual y consultor creativo, menciona que "este caso abre la conversación sobre temas muy complejos, que atraviesan la ética, la estética, las leyes y prácticas de una industria que se sustenta en la creatividad como superficie. Bajo el argumento de que no encuentra personas con esas características de belleza en la industria del modelaje, abre una discusión que trasciende los límites de la experimentación visual. La pregunta no es si la inteligencia artificial puede producir imágenes convincentes, sino qué imaginarios de belleza está reproduciendo, qué cuerpos considera insuficientes y quién se beneficia de convertir nuestras identidades en mercancía".
Baena también se pregunta: "¿Qué ocurre cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta para crear y se convierte en un dispositivo para apropiarse de las identidades, modificar las apariencias y fabricar cuerpos a la medida de un mercado que no conoce nuestras problemáticas e historias? El problema no es únicamente tecnológico. Es cultural, político y profundamente racial".
En el video, Akima dice que, "aunque veo mucho de mí en esos personajes, no son yo. Responden a la fantasía que tiene Mauricio para encontrar una persona indígena perfecta. Soy colombiana y no tengo tatuajes indígenas, no tengo esto que Mauricio necesita que yo sea para vender en Europa, entonces decide ponerme todos estos elementos para poder exotizarme y venderme".
La modelo aseguró que se encuentra muy afectada. "Verme ahí siendo usurpada me hizo tener ganas de vomitar. Se me hace aterrador pensar qué va a pasar y que la IA no tenga tantas regulaciones", afirmó.
Aunque no todo lo que se hace con inteligencia artificial en la creación visual es ilegítimo, es necesario establecer límites. Al respecto, Baena señala: "La innovación no puede funcionar como una excusa para suspender la responsabilidad ética. El consentimiento debe ser informado y específico; la autorización para fotografiar a una persona no equivale automáticamente al permiso para alterar su rostro, generar identidades derivadas, producir nuevas imágenes comerciales o licenciar esas versiones a terceros. Tampoco basta con reconocer que una imagen fue creada mediante IA si la persona cuya apariencia fue utilizada no tuvo capacidad real de decidir sobre ese proceso".
Baena enfatiza en que cada decisión estética implica una posición frente al mundo. "Crear no consiste únicamente en producir una imagen atractiva: también supone preguntarse de dónde provienen sus referencias, qué relaciones reproduce y qué consecuencias puede tener su circulación. La pregunta ética no debería ser solo si podemos hacerlo, sino si tenemos derecho a hacerlo, bajo qué condiciones y en beneficio de quién".
¿Qué se puede hacer al respecto?
Marín menciona que la imagen de las personas está protegida como un derecho fundamental que se relaciona con la dignidad, la intimidad y el buen nombre. "Y dentro de la imagen se incluyen varios aspectos que incluye la fisonomía, los rasgos físicos e incluso la voz y ciertos ademanes que tengan las personas. Así que aunque pueda haber algunas diferencias entre las versiones IA de Akima con la versión real, si se configura como un uso no autorizado de su imagen".
Así las cosas, desde el punto de vista jurídico, Akima puede reclamar "demandando al director por el daño causado, y por vía de acción de tutela para que retiren las imágenes y dejen de usarlas en la campaña", dijo Marín. También podría hacerlo en Colombia mediante una acción de tutela, ya que, al estar ligado a un derecho fundamental, puede solicitar que se retiren las imágenes por considerar que afectan su imagen y privacidad.
Además, si Akima quisiera que la indemnicen por los perjuicios que le causó el uso de su imagen sin autorización, "tendría que demandar y pedir la reparación y la indemnización. También tiene que probar los daños y los perjuicios que le causó ese uso de imagen no autorizado. En el caso, por ejemplo, de Akima o de cualquier modelo o famoso es un poco más fácil de demostrar porque son personas que viven, monetizan y se lucran de su imagen", explica Marín.
"No necesitamos una industria que fabrique más versiones de nuestra diferencia. Necesitamos una que revise las estructuras que históricamente la han convertido en objeto de consumo. Porque el problema nunca ha sido la ausencia de belleza, sino el poder de quienes deciden reconocerla, administrarla y venderla. La estructura sigue respondiendo a que los cuerpos racializados sigan siendo deseados como imagen, pero resulten negociables como sujetos; que sus rasgos puedan circular por todas partes mientras sus voces continúan ausentes de los espacios donde se decide qué belleza se produce, quién la controla y quién obtiene sus beneficios. Ningún avance tecnológico puede considerarse verdaderamente innovador si, para imaginar el futuro, necesita reproducir las jerarquías del pasado", puntualiza Baena.
Por el momento, el director no se ha pronunciado. La modelo dijo que se comunicará con sus agencias para tomar decisiones al respecto.
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