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¿Es Colombiamoda una plataforma de negocios, pasarelas y conocimiento o un escenario de validación social? Esa fue una de las preguntas que emergió durante la más reciente edición de la feria, cuando una discusión nacida en redes sociales puso bajo la lupa no solo la experiencia de algunos asistentes, sino también las expectativas que hoy despierta uno de los eventos de moda más importantes de la región.
Para varios expertos consultados, la conversación en redes sociales no refleja la totalidad de lo que representa Colombiamoda para la industria.
“Odio el ambiente de Colombiamoda”, dijo una creadora de contenido en TikTok. Sus palabras se viralizaron y como una bola de nieve las redes se llenaron de cientos de videos que pusieron el tema sobre la mesa.
Quejas sobre quiénes se sientan en primera fila en los desfiles, la presión estética y social por pertenecer y ser visto, la ansiedad social y la exclusividad de algunos de los eventos fueron los temas más comentados. Palabras como “funa”, “Colombiamoda” y “fomo” se posicionaron en los motores de búsqueda de la plataforma TikTok y en algunas publicaciones de Instagram a lo largo de la semana.
La discusión también abrió preguntas sobre cómo conviven la experiencia social del evento con su papel como plataforma de negocios y conocimiento.
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Empecemos por las pasarelas. Los desfiles de moda suelen ser el recurso más utilizado para comunicar y promocionar las propuestas de diseñadores y marcas. Es el resultado de meses de trabajo de diferentes actores de la cadena: desde el maquillador y el productor hasta el modelo y el diseñador, por mencionar algunos.
También son un escenario para construir posicionamiento y proyectar la propuesta creativa que tiene cada marca ante compradores, medios y públicos estratégicos.
“Los desfiles son un espectáculo mediático por excelencia, contribuyen a mantener la presencia de una marca en la recordación del público, y las imágenes que se producen durante el desfile e igualmente mientras arriban los invitados, generan una publicidad de gran alcance, gracias a la inmediatez y al poder de las redes sociales”, explica William Cruz Bermeo, en su libro Desviste a la moda.
Aunque son importantes y constituyen uno de los mayores atractivos para los amantes de la moda, los desfiles son solo una parte de todo el ecosistema que compone Colombiamoda.
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Las emociones en tiempos de redes sociales y viralidad
Beatriz Arango, periodista de moda con más de 25 años asistiendo a la feria, comenta que, “lo sucedido con Colombiamoda y estas emociones que ha suscitado y que se han convertido en videos virales, tiene que ver más con unos sentimientos personales. Es decir, cada persona que asiste la vive a su manera: con expectativa, aprendizaje, paciencia y el deseo de entender que es un evento multitudinario, y que como tal tiene normas y algunas claves sociales. Esto no quiere decir que per se el evento sea hostil, incómodo u objeto de animadversión”.
Desde su punto de vista, la funa responde a las estrategias de viralización de las plataformas digitales. Muchas personas compartieron sus experiencias que, no necesariamente, están asociadas a la razón de ser del evento, es decir, “la temperatura de la ciudad, el tener que hacer filas para ingresar a un evento al que ingresan muchas personas y que se requiere una invitación, unas normas de seguridad que, en definitiva, son buenas para todos los asistentes al evento, pues nos están garantizando tranquilidad y seguridad en un espacio al que están asistiendo muchísimas personas al tiempo”, dice Arango.
En esa línea, Sebastián Díez, presidente de Inexmoda, explica que “también tenemos la responsabilidad de garantizar que cada experiencia se desarrolle con los más altos estándares de logística, seguridad y calidad. Los aforos responden a las capacidades técnicas de cada espacio y, en muchos casos, también a los objetivos que cada marca define para relacionarse con sus audiencias, sus compradores, sus medios especializados o sus invitados. Es un equilibrio que siempre buscaremos gestionar de la mejor manera posible”.
Vale la pena también destacar la labor de las personas encargadas de acomodar a los invitados en la primera fila. Ellos también tienen un desgaste físico y mental por tener que lidiar durante una semana con egos y exigencias por un asiento.
Desde otra mirada, tampoco está mal reconocer que, de fondo, algunas dinámicas como las invitaciones a celebridades e influenciadores a eventos y pasarelas tienden a estratificar a las personas.
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Debido al capital que tienen estas personas en términos de seguidores de redes sociales, si hay razones para que se generen tensiones, “genere inseguridades y la sensación de que no se están creando espacios realmente inclusivos, sino que se está dando prioridad a unas listas muy cerradas de personas que siempre tienen acceso a las mismas oportunidades”, afirma Diana Gómez, consultora de marcas y comunicadora de moda.
Para Gómez, esta discusión también plantea preguntas sobre a qué y a quiénes se les está dando protagonismo y cómo esas narrativas aspiracionales de diferentes creadores de contenido están poniendo el foco de la feria en fomentar inseguridades y no en el impacto económico y académico que el evento tiene para la industria y para la ciudad.
La presión estética y la primera fila
En la industria de la moda también son evidentes unas dinámicas de clase social y presión estética que toman fuerza en escenarios que se difunden ampliamente en las redes sociales.
“En todas las industrias en donde se hacen convenciones o trade shows o ferias industriales de este tipo, existen unas presiones para que las cosas salgan perfectas, pero el hecho de que se trate de un evento de moda, le puede sumar unas exigencias adicionales en términos de la estética, de la forma en la que se construyen esos ambientes aspiracionales y la forma en la que las personas terminan impulsando unas ideas de exclusividad que generan muchísima ansiedad social en los demás”, comenta Gómez.
Si bien no todos los espacios del evento viven esa dinámica, como lo menciona Gómez, los escenarios más visibles, glamorosos, deseables o más aspiracionales sí tienen este tipo de dinámicas “que favorecen precisamente a las personas que son más famosas o que tienen más seguidores o que tienen más dinero o que tienen más conexiones”, entonces, “es normal que se genere este malestar”.
En esa línea, es clave entender que hay entornos que, por naturaleza, “son competitivos, exigentes e incluso incómodos. Si alguien no está preparado para desenvolverse en ellos, es comprensible que esa experiencia termine interpretándose como un ‘mal ambiente’. Pero una cosa es la dificultad para habitar un escenario de alta exigencia y otra muy distinta atribuirle esa responsabilidad al evento mismo”, comenta William Cruz Bermeo, investigador de la moda y el vestuario.
Según el experto, le resulta “difícil endilgarle a una feria la complejidad de las relaciones humanas. Las tensiones, las afinidades, las antipatías, las cortesías o las descortesías nacen de las personas, no de la infraestructura que las reúne. Y si cualquier gesto basta para herir nuestra sensibilidad, quizá también valga la pena preguntarnos por nuestra propia disposición frente a esos espacios”.
La extensión: un tema para repensar
En su edición 2026 se extendió por siete días y se desarrollaron 35 pasarelas, 140 eventos y una agenda de conocimiento con 126 expertos nacionales e internacionales.
En su apuesta por la internacionalización, Inexmoda, organizador del evento, estuvo a lo largo del año realizando un circuito global para promocionar lo hecho en Colombia por cinco ciudades estratégicas: Nueva York, Miami, Cali, Medellín y próximamente París.
Sin embargo, una apuesta tan extensa tiene varias exigencias y obliga a los asistentes a decidir a qué eventos les prestan atención.
“Hay una carga muy fuerte en términos de las exigencias de tiempo que tiene la feria. El hecho de que se haya prolongado en días y que, en ocasiones, exista la necesidad de correr entre desfiles o eventos para garantizar que todo salga perfecto suma una presión importante para quienes trabajan con metas concretas durante el evento”, dice Gómez.
La invitación también es a repensar su extensión y quizás darle más protagonismo en las agendas a conversatorios y muestras comerciales.
La feria más allá de las pasarelas
En lo que los expertos concuerdan es que Colombiamoda genera conversaciones más relevantes y productivas, que incluso trazan el futuro de la industria; en lugar de poner el foco en el supuesto “mal ambiente” del que tanto se está hablando.
Sebastián Díez, presidente de Inexmoda, menciona que Colombiamoda es “el lugar donde las marcas encuentran compradores nacionales e internacionales, donde empresarios generan nuevas oportunidades comerciales, donde expertos de diferentes países comparten conocimiento con la industria y donde toda una cadena de valor —diseñadores, confeccionistas, proveedores, empresarios, academia y aliados— se reúne para conversar sobre el presente y el futuro de la moda colombiana. Ese es el propósito que ha guiado a Colombiamoda durante 37 años”.
Quienes asisten con un objetivo claro “(cerrar negocios, hacer reportería, comprar, vender o establecer contactos), en realidad, tienen poco tiempo para detenerse en quién los miró de tal o cual manera”, dice Cruz Bermeo.
En esa línea, Gómez comenta que es importante entender que una feria como esta tiene todo tipo de espacios, en donde pueden existir emprendedores, estudiantes, personas que llegan nuevas al negocio, personas con estéticas más diversas y que no necesariamente esto representa el grueso de lo que sucede en la moda.
“Las voces que he escuchado y con las que he conversado siempre hablan de una feria que les promueve y les permite contactos a quienes asisten, visibilidad, la oportunidad de abrir negocios... A muchas empresas les asegura los negocios para el segundo semestre, así no cierren negocios en la feria - que a veces no es el escenario para cerrarlos, sino para establecer los contactos-. También les asegura a muchas empresas visibilidad en mercados internacionales que, de otra manera, no sería posible darse a conocer”, explica Arango.
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Las cifras y el conocimiento, las bases de Colombiamoda
En 2025, el sistema moda colombiano exportó USD 1,64 mil millones, según las cifras de Inexmoda. Las exportaciones estuvieron lideradas por cosméticos (USD 804 millones) y confección (USD 526 millones). Estados Unidos, Ecuador, México, Perú y Venezuela concentraron más del 65 % de las exportaciones.
Esta edición, de acuerdo con Inexmoda, reunió a 630 marcas provenientes de 54 ciudades del país, recibió a 65.000 asistentes de 53 países y convocó a 9.000 compradores especializados, entre ellos 1.600 internacionales.
La feria no solo generó un impacto para el sector moda, pues dinamizó diferentes actividades económicas de Medellín. “La llegada de compradores, empresarios, diseñadores, expertos y visitantes impulsó sectores como hotelería, gastronomía, transporte, comercio y servicios asociados al turismo especializado de negocios generó una derrama económica estimada en USD 22 millones para Medellín y 2.500 empleos directos e indirectos, demostrando cómo la moda se convierte en un motor de desarrollo económico y cultural para la ciudad”.
Díez reitera en la importancia de que la conversación alrededor de Colombiamoda no se limite únicamente a quién asistió a una pasarela, “sino que también ponga en valor todo lo que ocurre detrás de ella: las oportunidades de negocio que nacen entre los pabellones, el conocimiento que fortalece a las empresas, las conexiones internacionales que impulsan la competitividad del país y el impacto económico, creativo y cultural que esta plataforma genera para Medellín y para Colombia”.
Colombiamoda, sin duda, es la mayor plataforma de Latinoamérica para destacar el talento colombiano en los diferentes segmentos y categorías de la moda.
La discusión en redes se concentró principalmente en los videos sobre la experiencia de los asistentes, mientras que organizadores y analistas consultados insistieron en destacar el impacto económico y comercial de la feria.
La polémica alrededor de Colombiamoda dejó abiertas varias preguntas sobre la experiencia de quienes asisten, las dinámicas de exclusividad presentes en algunos espacios y el reto de que esas conversaciones convivan con el papel comercial, académico e internacional que la feria desempeña para el sistema moda.
“Basta mirar las redes sociales para comprobar que el papel de denunciante suele ser mucho más rentable que el de quien intenta comprender un fenómeno en toda su complejidad. Los matices generan pocas interacciones; la indignación, en cambio, cotiza muy bien. Esa es, en buena medida, la economía de las redes sociales: premiar aquello que confirma prejuicios y castigar aquello que exige pensar dos veces”, puntualiza Cruz Bermeo.
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