Los carritos cargados de alimentos entraban y salían de Neomundo, en Bucaramanga. Los empujaban personas que llegaban con donaciones para descargarlas en los salones del centro de convenciones, convertidos durante cuatro días en un centro de acopio. A pocos metros, modelos, diseñadores, maquilladores y productores se preparaban para las pasarelas de la Santander Fashion Week.
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La escena era inusual. Y también lo era la pregunta que, tres días antes, se habían hecho los organizadores del evento: ¿debían realizar una semana de la moda mientras el país enfrentaba una emergencia de esta magnitud?
El lunes 10 de agosto, después del sismo que sacudió al país, Damaris Centeno, directora general de Santander Fashion Week, y su equipo se plantearon cancelar el evento. Mientras las noticias, los videos y las redes sociales daban cuenta de la gravedad de la emergencia, decenas de diseñadores, artesanos, compradores, emprendedores, productores, modelos, maquilladores y fotógrafos ya se dirigían a Bucaramanga.
Después de varias horas de analizar la situación, decidieron mantener el evento, pero entendieron que no podían hacerlo como si nada estuviera ocurriendo. Más de ocho meses de preparación estaban detrás de esa semana: colecciones por presentar, negocios por concretar y empresarios que habían viajado desde varias regiones del país para mostrar su trabajo.
“Más que pasarelas, el evento ofrece oportunidades”, dijo Centeno. Para un diseñador, podía significar presentar su primera colección; para un emprendedor, encontrar nuevos mercados; para un artesano, poner en valor su oficio, y para un joven, descubrir que también podía construir su futuro desde Santander.
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La discusión de si se debía realizar una semana de la moda en medio de una emergencia también puso sobre la mesa el peso económico de una industria que suele ser asociada con el entretenimiento y el consumo. Se trata de un sector que en el país genera cerca del 10 % del PIB industrial y que, según cifras de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, en la ciudad hay 9.351 empresas de moda registradas: 6.512 hacen parte de la categoría de calzado y marroquinería, 2.796 de confecciones y 45 de joyería y bisutería.
La decisión, entonces, no fue simplemente hacer o no hacer una semana de la moda. Fue encontrar una manera de realizarla sin darle la espalda a lo que estaba ocurriendo alrededor. La respuesta fue convertir parte de los espacios del evento en un centro de acopio y poner la infraestructura, el equipo y la comunidad de la organización al servicio de la emergencia.
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“Entendimos que podíamos continuar, pero haciéndolo de una manera diferente: poniendo nuestros espacios, equipo y comunidad al servicio de quienes más lo necesitaban”, dijeron los organizadores.
Santiago Riaño, creador de Niente, contó que se cuestionó el hecho de tener una pasarela mientras el país y miles de personas enfrentaban situaciones tan complejas. “Había un sinsabor, pero también entendimos que había 200 empresarios de varios lugares que vinieron a mostrar su trabajo y así crear y reconstruir el país. No solo es mi marca, también son las familias a las que les damos empleo. Sabíamos que debíamos seguir trabajando, pero también ayudar”.
Así, mientras las pasarelas comenzaban a montarse, también empezaron a llegar alimentos y otros elementos de primera necesidad a Neomundo. Diseñadores y empresarios de la ciudad impulsaron campañas para reunir donaciones, y el recinto, junto con los organizadores de la Santander Fashion Week y la Cruz Roja, se convirtió en un punto de acopio oficial.
De acuerdo con Neomundo, durante cuatro días (del 12 al 15 de agosto) se reunieron 100 toneladas de ayudas humanitarias. Ochenta toneladas eran alimentos que fueron empacados y, de esa cantidad, 15 toneladas fueron donadas por varios actores de la industria de la moda. Copetrán, una de las empresas transportadoras terrestres más importantes del país, transportará las donaciones hacia Cali, Pereira y algunos municipios del Chocó. Las 20 toneladas restantes están en proceso de clasificación y empaque por 160 voluntarios.
Julián Ruiz, diseñador encargado de abrir las pasarelas, con su colección Transwear. contó que la decisión de realizar el evento representó un reto. “La moda me ha salvado de depresiones y momentos oscuros. El arte salva. En ese sentido, dije: ‘Que la moda siga caminando y enviemos un mensaje de optimismo’. No parar ni cruzarnos de brazos, quienes podemos, también nos permite mantener la industria y seguir apoyando. Sacamos el evento adelante, pero, por supuesto, con respeto y solemnidad”.
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La marca de zapatos que acompañó la presentación de Ruiz fue Alicia Wonderland, creada por el bumangués Sergio Serrano, quien, además de exhibir sus nuevas creaciones sobre la pasarela, organizó su tienda para recibir donaciones de agua, alimentos no perecederos, guantes de trabajo, palas y picas, botiquines, linternas, elementos de aseo, cobijas y ropa en buen estado. A su iniciativa se sumaron varios de los asistentes al evento.
John Durán, creador de la marca Arial 12, también tuvo desfile, pero, antes de que las modelos comenzaran a desfilar, anunció, en un video que se proyectó en las pantallas del recinto, que el dinero recaudado por algunas de sus piezas se destinaría a las cuentas de organizaciones que necesitan apoyo económico para la logística, como la Cruz Roja y el Banco de Alimentos.
“Luego de la situación que ha golpeado a nuestro país, es difícil sentir emoción por esta presentación cuando el corazón está inundado de emociones, aún después de meses de trabajo para esta participación. Sin embargo, me llena el corazón poder ser un instrumento para llevar más lejos la voz de quienes lo necesitan”, dijo el diseñador antes de su pasarela.
El look final de la pasarela de Durán fue subastado y el dinero se entregará al Centro de Bienestar de Ancianos de San José, en Pereira. “El legado de mi familia viene de mi bisabuelo. Mi abuela, además de la costura, nos ha enseñado la importancia de la ayuda y del servicio. Por eso, nos enfocamos en una población especial, los adultos mayores, que vuelven a ser niños y necesitan más cuidados y amor”, explicó el diseñador.
Como dijo Riaño, la Santander Fashion Week es un “ejercicio muy bonito porque descentralizamos la moda para mostrarle al mundo que Colombia no es solo Bogotá y Medellín, sino que hay otras zonas en las que hay una propuesta de moda muy fuerte”.
Esas palabras se evidenciaron en las propuestas de las Unidades Tecnológicas de Santander, la Universidad de Santander, que muestran la visión de las nuevas generaciones; con la moda masculina de Niente y Julián Ruiz, colecciones que muestran combinaciones de sastrería con estilos urbanos y nuevas opciones para el vestuario del hombre, y propuestas divertidas que se salen de lo tradicional, como las novias de Mucho con demasiado. Tampoco se pueden quedar de lado el talento y la maestría que tienen los Santanderes en la creación y fabricación de marroquinería y calzado.
Además, esta edición, por primera vez, contó con una rueda de negocios apoyada por Procolombia y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, en la que más de 30 empresas se sentaron junto a 10 compradores internacionales para ofrecer sus productos. El diseñador Ángel Kujabán aseguró que sus encuentros con compradores fueron positivos y dejaron importantes oportunidades de negocio.
El contraste de los dos mundos: las modelos vestidas con las últimas novedades y los carritos llenos de donaciones, dejó una mezcla de solidaridad y esperanza. “Lo especial es que no solo fue una plataforma empresarial, permitió demostrar que desde la moda también podemos volver a creer en nuestros empresarios, diseñadores y artesanos, y creer en la región y en la capacidad de construir oportunidades. Unirnos también construye país”, puntualizó Centeno.