3 Jun 2022 - 11:09 a. m.

Cambio de estrategia: ¿qué hacer con las relaciones con Venezuela?

Del fracaso del “cerco diplomático” a la compleja reinstitucionalización de la relación bilateral con Venezuela, el próximo gobierno de Colombia necesita una nueva estrategia para tratar con Caracas.
La frontera entre Colombia y Venezuela cumple seis años sin paso vehicular.
La frontera entre Colombia y Venezuela cumple seis años sin paso vehicular.
Foto: AFP - Agencia AFP

Después de la crisis de la corbeta Caldas en 1987, quizás el momento más cercano a una guerra entre Colombia y Venezuela, dos presidentes de frontera: Virgilio Barco, de Cúcuta (Norte de Santander), y Carlos Andrés Pérez, de Rubio (Táchira), lograron pasar la página de la confrontación territorial por el golfo de Coquivacoa, o golfo de Venezuela, e hicieron del comercio bilateral el centro de la relación, retomaron institucionalidad existente y crearon nuevas instancias de diálogo sobre todo para los temas fronterizos.

Los noventa fueron probablemente los años dorados de la relación bilateral, el comercio tradicional e informal de la frontera poco a poco ganó espacios de formalización y, a pesar de las crisis internas que atravesaron ambas naciones, el ambiente de confianza entre las autoridades de los países fue creciendo. Se pasó de los anticolombianos y antivenezolanos en las cancillerías a una generación de actores que apalancaron y fortalecieron la institucionalidad bilateral e impulsaron los espacios como la Comunidad Andina (CAN). Cuando Colombia y Venezuela se articulan gana la región.

Hoy la relación bilateral se encuentra en su peor momento, el presidente Iván Duque sostiene una querella personal con Nicolás Maduro, ambos se acusan y señalan, se descalifican e insultan a un nivel nunca visto entre los jefes de Estado. Toda la institucionalidad existente entre Colombia y Venezuela se encuentra derruida, la Comisión Permanente de Conciliación y la Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos, suprainstancias que coordinaban la relación entre las naciones hermanas y eran la ruta para la resolución de las diferencias, así como las relaciones consulares y las relaciones diplomáticas, hoy se encuentran inoperantes.

El presidente Duque, aupado por un ambiente hemisférico hostil a la dictadura de Nicolás Maduro, apoyado por el delirante Donald Trump, en medio de un contexto que evidenciaba lo peor de la emergencia humanitaria compleja en la que se hundía Venezuela y con los migrantes caminando por las carreteras de Suramérica, decidió sumarse y apostarle a una estrategia de “cerco diplomático” al régimen venezolano.

Más que una estrategia, fue la sumatoria de acciones en contra de Maduro, sus esbirros y el Estado controlado por la Revolución Bolivariana. Acusaciones en foros multilaterales como Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, y el apoyo a sectores opositores, el antes llamado “gobierno de transición” hoy referido por el presidente colombiano como la “resistencia democrática”. En la misma línea promovió y aplicó sanciones internacionales al régimen venezolano y se quiso sembrar la amenaza de que todas las alternativas estaban sobre la mesa.

El propósito del gobierno Duque era desencadenar una situación que llevara a Venezuela en dirección a la recuperación de la democracia. Una apuesta que implicaba causar la mayor presión sobre un régimen acorralado e incluso se barajó la posibilidad de una intervención militar internacional contra la dictadura, una postura arriesgada porque podía implicar que Colombia entrara en una guerra con su vecino más importante.

Si bien el propósito era la recuperación de la democracia venezolana, Colombia, bajo la dirección del gobierno Duque, se jugó a fondo por una estrategia que fracasó. El contexto regional cambió, México con Obrador, Argentina con Fernández, Perú con Castillo, Chile con Boric y el inminente regreso de Lula en Brasil, más allá de ser gobiernos de izquierda y la eventual tolerancia que puedan tener con Maduro y su régimen, están más preocupados por sus agendas domésticas en medio de la recuperación pospandemia.

De otro lado, Estados Unidos, en medio de la resaca democrática por el paso de Trump por la Casa Blanca, y un poco molestos por la participación de sectores colombianos y opositores venezolanos en sus elecciones, particularmente en el estado de Florida, han cambiado el abordaje frente a Venezuela. La administración Biden se ha percatado de los malos resultados del “cerco diplomático”, el cual alejó a Venezuela de Occidente, pero la acercó a las potencias extracontinentales que lograron sacar provecho de un régimen que con tal de mantenerse en el poder estuvo dispuesto a feriar los recursos estratégicos, jugarse la soberanía y plegarse a los intereses de Rusia, China, Irán y Turquía, comprometiendo el presente y el futuro de los venezolanos.

Hoy Estados Unidos parece más dispuesto a una convivencia con el madurismo ante un escenario internacional complejizado por la Guerra en Ucrania, y en el hemisferio la migración venezolana se convierte en una más de las crisis migratorias que enfrenta la región.

El “cerco diplomático” se proponía el retorno de la democracia a Venezuela, pero, por el contrario, logró la consolidación de la dictadura. El siempre subestimado Nicolás Maduro consiguió transferir con éxito las causas y consecuencias de la crisis económica del modelo chavista a las sanciones internacionales y responsabilizar al “imperio”, Estados Unidos, y a la oposición del hambre y la precariedad del pueblo venezolano. En el presidente Duque encontró el parapeto perfecto para todas las hipótesis de conspiración, magnicidio y una de las mejores excusas para la incapacidad de su gobierno:

- Si falla el sistema eléctrico, es a causa de un plan orquestado desde Bogotá.

- Si ocurre un accidente en una refinería, fue un plan de Duque.

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Independientemente de quién sea el próximo presidente de los colombianos, es imposible sostener la estrategia del “cerco diplomático”, no solo porque fracasó, sino porque la interdependencia existente entre Colombia y Venezuela siempre la hicieron inviable. Y las consecuencias de ello fueron el desamparo de nuestra diáspora en Venezuela, dejamos a millones de colombianos en manos de un régimen violador de los derechos humanos, pusimos en riesgo de apatridia a miles de niños venezolanos y colombianos retornados de segunda y tercera generaciones, y perdimos la capacidad de hacer nuestra propia lectura de la situación venezolana.

Pero recuperar la relación bilateral no será fácil, Venezuela seguirá gobernada por la dictadura de Nicolás Maduro, no hay nada que permita prever un cambio en el corto o mediano plazo. El proceso tardará varios años y debe ser orientado por la reinstitucionalización, a pesar de lo difícil que ello puede resultar con Maduro, quien como canciller fue el responsable de socavar todos los espacios diplomáticos bilaterales y ha pasado a la historia como el peor presidente de Venezuela para Colombia y los colombianos, a pesar de ser hijo de una colombiana.

Al igual que al inicio de los años noventa, se requiere pasar la página, se requiere construir una relación bilateral centrada en los intereses de la población de frontera y de los Estados, por encima de las diferencias que puedan existir entre los sistemas políticos y económicos, o incluso de las diferencias personales entre los gobernantes. Venezuela ya no es la misma, su diplomacia petrolera y su posición de negociación frente a Colombia también cambió, y es una oportunidad para replantear el relacionamiento, por eso el próximo presidente de los colombianos tiene una gran responsabilidad.

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Algunos puntos para la reinstitucionalización de la relación bilateral con Venezuela

1. Nombrar un alto responsable del Estado colombiano para la relación bilateral con Venezuela.

2. Realizar un diagnóstico de la situación de los colombianos en territorio venezolano y evaluar la pertinencia y ubicación de los consulados.

3. Reactivar la comisión permanente de conciliación, como instancia de diálogo y negociación para la recuperación de la relación bilateral.

4. Recuperar la comisión presidencial para asuntos fronterizos colombo-venezolanos, con la participación de la diplomacia local y ciudadana.

5. Recuperación de los consulados de Colombia en Venezuela.

6. Recuperación y robustecimiento de la misión diplomática de Colombia en Venezuela.

7. Pugnar por la construcción de una agenda decenal colombo-venezolana en por lo menos cuatro dimensiones: fronteriza, movilidad humana; economía y comercio, y la dimensión académica y cultural.

*Investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

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