
En noviembre de 2024, el condado de Starr, en la frontera de Texas con México y con una amplia comunidad latina, votó por un republicano por primera vez desde 1892. Fue un hito que se repitió en casi todos los análisis: los latinos se estaban inclinando a la derecha en Estados Unidos y Donald Trump había conquistado así el último bastión demócrata.
Según el análisis de votantes validados del Pew Research Center, Trump obtuvo 48 % del voto latino en 2024, frente a 36 % en 2020 y 28 % en 2016. La fórmula para ese crecimiento fue sencilla. Mientras los demócratas hacían campaña sobre el aborto y el medioambiente, Trump habló de inflación y de empleo, que encabezaban las preocupaciones de los latinos. Muchos de esos votantes pasaron por alto su retórica contra los migrantes indocumentados.
"Quieren su jale", le resumió entonces a Axios el consultor demócrata Sisto Abeyta, con la jerga que usan muchos mexicoamericanos para referirse al trabajo.
Pero dos años después, aquella fotografía ha quedado desdibujada. En el Valle del Río Grande, los demócratas ahora aventajan a los republicanos por 14 puntos en la intención de voto para la Cámara para las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre, según una encuesta de Hart Research y OnMessage para Cook Political Report y TelevisaUnivision.
En la carrera al Senado, el demócrata James Talarico le saca más de 30 puntos a Ken Paxton entre los hispanos del estado. Texas, cabe destacar, no elige a un senador demócrata desde 1988.
El giro en el sur de Texas no es único. En los ocho estados en disputa que midió la organización Somos Votantes, entre ellos Arizona, Nevada y Nuevo México, los latinos prefieren a los demócratas para la Cámara por 20 puntos. A escala nacional, el Foro de Opinión Pública Latina de la Universidad Internacional de Florida (FIU) encontró en abril que más de dos tercios de los latinos desaprobaba la gestión de Trump y que 60 % piensa votar por los demócratas. La cifra sólo ha ido en aumento desde entonces.
Hay, sin embargo, una excepción: Florida. Allí la aprobación neta del presidente entre los latinos es de -10 puntos, mientras que en estados como California, Texas o Arizona se hunde hasta -55, según la misma encuesta de FIU. Los cubanoamericanos siguen siendo su grupo más fiel: 53 % lo apoya y más del 70 % respalda su campaña de deportaciones. Aun así, el muro muestra grietas. En el distrito 27, el bastión de María Elvira Salazar en Miami, un sondeo encargado por la campaña demócrata muestra un empate a 45 %. ¿Cómo se pudo dar una remontada así en solo dos años?
La lectura inicial apuntaría a que todos los ataques a migrantes por parte de las autoridades locales tuvieron efecto en este giro, pero los análisis más detallados van hacia otro lado.
El giro es, sobre todo, un rechazo. Según una encuesta de UnidosUS de mayo, el costo de vida es la prioridad del 60 % de los latinos, y la inmigración, apenas del 21 %. Más que las deportaciones, lo que alejó a muchos de Trump fue el bolsillo: la misma promesa que lo hizo ganar en 2024 es la que hoy no ven cumplida.
Los demócratas aprendieron la lección. El Comité de Campaña Demócrata del Congreso (DCCC) invirtió una suma de siete cifras en el sur de Texas, en publicidad en español y trabajo puerta a puerta, y apostó por candidatos con arraigo local, como el cantante tejano Bobby Pulido, en un distrito donde 81 % de la población es hispana. Por destacar, Talarico gastó USD 800.000 solo en anuncios en español durante el Mundial.
Pese a esta campana, en ese sondeo el 19 % seguía indeciso. Y solo 31 % de los hispanos demócratas decía votar para apoyar a sus candidatos, frente a 52 % que lo hacía para defender a su comunidad. Es decir, el partido no está seduciendo, sino que está recogiendo el descontento.
Eso tiene consecuencias que van más allá del 3 de noviembre. Si algo muestran estos dos años es que el voto latino dejó de ser un bloque cautivo. Es un electorado que vota contra quien gobierna más que a favor de alguien, como lo describió un consultor demócrata a ABC News.
"Muchos latinos no encuentran un hogar político ni en los demócratas ni en los republicanos", dijo a CBS Tania Chavez Camacho, votante texana, durante el lanzamiento de una coalición de organizaciones latinas.
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Para los demócratas, eso significa que ganar en noviembre no les garantiza nada para 2028, cuando Trump ya no estará en la boleta y tendrán que ofrecer algo más que el rechazo hacia él. Y el peso de ese voto solo va a crecer: en Texas, los latinos ya son 45 % de los votantes jóvenes potenciales. El partido que logre pasar del castigo a la lealtad tendrá una ventaja que puede durar una generación. Por ahora, ninguno lo ha conseguido.
¿Qué tanto importa el voto latino en EE. UU. hoy?
De las 435 curules de la Cámara en disputa hay 45 a las que, por sondeos propios, del NYT y de NBC, debemos ponerles el ojo, pues son las más apretadas y no sabemos con certeza quién ganará. El resto está más definido. En este minimapa de 45 carreras en las que se definirá el poder en el Capitolio, hay unas 18 en las que el factor latino es de alguna manera decisivo. En el Senado, solo pesa de verdad en Texas. Esto le servirá para ver las elecciones en un mes.
El mapa empieza en Florida, donde cuatro distritos dependen en buena medida del voto hispano: el 27, en Miami, bastión cubanoamericano de María Elvira Salazar, el 25 y el 22, entre Broward y Palm Beach, con una diáspora venezolana y colombiana en crecimiento, y el 14, en Tampa, de tradición cubana y puertorriqueña.
Seguimos con Texas, con cuatro duelos entre candidatos latinos a lo largo de la frontera y hacia San Antonio, en los distritos 34, 15, 28 y 35, entre ellos el del cantante tejano Bobby Pulido.
En Arizona pesan el 6, en Tucson, y el 1, en Phoenix, y en Nuevo México, el 2, de mayoría hispana. En California, el voto latino puede definir el 48, en el interior de San Diego, y dos distritos del Valle Central, el 22 y el 13, este último ganado en 2024 por menos de 200 votos.
Completan la lista el 3 de Nevada, en Las Vegas, el 8 de Colorado, en los suburbios del norte de Denver, el 7 de Pensilvania, donde Allentown es de mayoría latina, y el 3 de Washington, cuya representante, Marie Gluesenkamp Perez, es de origen mexicano.
Así que sí, el voto latino es decisivo en pocos sitios, pero estos sitios pueden definir la Cámara. La pregunta para el último mes es si ese descontento llega a las urnas. Según Carrie Dann, editora de Cook Political Report, para los demócratas el peligro es que quienes se alejaron de Trump, sin entusiasmo por la alternativa, simplemente se queden en casa el día de las votaciones. Y en una elección de medio término, cuando la participación latina suele caer, esa ausencia puede pesar tanto como cualquier voto.
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