Sin luz. Sin alimentos. Sin medicinas. Elsa Litsty Isaac Reyes se levanta todos los días, en su municipio de Palma Soriano, con la angustia de saber que le toca cocinar lo poco que tiene con leña y carbón, que hace más de nueve meses no tiene agua potable, que puede no tener luz hasta por cinco días seguidos y que en las noches le toca dormir con la casa abierta porque el calor es insoportable. El paso del tiempo solo hace que el dolor sea cada vez más grande y que el pensamiento de que así no puede vivir se sienta con mayor fuerza. Le entristece saber que los médicos tienen que alumbrar con el celular para poder atender a los pacientes y que los profesores no tienen el material para dictar las clases a sus estudiantes. Culpa a Fidel Castro, que este jueves cumpliría 100 años, por eso y más, y lo describe como “el mayor dictador de todos los tiempos”.
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La realidad también es dura en La Habana, aunque tal vez no igual que en ese municipio del sureste de la isla, confiesa Manuel Cuesta Morúa: “La situación está en su límite existencial. Si así está aquí, podrás imaginar cómo está en el resto del país”. Falta agua, no hay transporte público, menos de un litro de aceite cuesta CUP 6.000 y un solo huevo vale CUP 250. El salario mínimo está en CUP 3.210 y, al menos en su comunidad, solo hay energía tres horas al día. “El día a día es bastante abúlico”, no encuentra otra forma de describirlo. Él se mueve en su actividad de intelectual y de activista, pues es el presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba, pero asegura que el desgaste lo lleva al límite. Le toca comprar a diario la comida, tiene que estar pendiente de la luz para poder cocinar a la hora que sea y, además, recoger agua en recipientes cuando la bombean, si es que algo de eso entra cerca de donde vive.
Tiene un poco de suerte, como algunos más, pues amigos y familiares en el exterior le envían mes a mes suministros de lo esencial. Eso le permite vivir con cierta dignidad y algo de capacidad de acción. Sabe de unas pocas familias que han logrado conseguir generadores y paneles solares, pero también de otra gente que trata de privarse de lo más superfluo para destinarlo a la más precaria alimentación posible. Hay quienes diariamente se acuestan a dormir con una sola comida. A su alrededor ve que se necesita de todo, en especial arroz, azúcar, leche, aceite, fríjoles y alguna proteína enlatada, también implementos de aseo. De vez en cuando toca a las puertas de amigos para que ayuden al menos a tres o cuatro familias a la vez.
Aunque está en México, el periodista cubano Jorge Alfonso Pita sabe por sus padres que el panorama es desolador. No hay estabilidad, hay estrés, y, en medio de esa angustia, es difícil determinar en qué momento se puede lavar o trabajar. Se sobrevive con dificultad, y eso depende en gran medida de que llegue la escasa luz, que hace que sea prácticamente imposible conectarse a internet y usar un computador, además de que, al no poder tener en funcionamiento los refrigeradores, es una odisea almacenar la poca comida. Ni hablar de los enfermos. Un paciente que necesita operarse tiene que conseguir casi todos los insumos por su cuenta, y eso incluye jeringas, sondas, gasa y anestesia.
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Reconoce que las decisiones tomadas desde Estados Unidos por Donald Trump con el bloqueo al petróleo y las sanciones han contribuido a la escasez de combustible, y que eso ha empeorado la crisis en la que vive la isla, pero también le atribuye la decadencia de su país a las décadas de mala administración, a las decisiones económicas erradas y a la casi nula inversión en el sistema eléctrico nacional. Por eso, cuando piensa en que hoy el gobierno de Miguel Díaz-Canel habla de apertura al sector privado y de inversión extranjera, entre otras reformas más, lo hace sabiendo que, a pesar de que pueden responder a los anhelos de algunos cubanos, las reformas llegan tarde.
“Es difícil ver cómo esto mejorará la situación en el corto plazo, si se tiene en cuenta que el país ha debilitado su reputación en el mercado internacional por la falta de pago de deudas y también porque hay inseguridad jurídica. No hay tribunales independientes a los cuales se podría acudir en caso de que haya un conflicto o que a una empresa la nacionalicen o la expropien”, aseguró el reportero, para quien también es una preocupación saber que, ante las enormes necesidades, la decisión del Estado ha sido acabar con los subsidios universales, retirándose así de los espacios que tradicionalmente eran suyos: “Ahora es cuando más falta hace eso. Los están desamparando”.
Isaac Reyes dice que no cree en esos cambios, que el Gobierno siempre se beneficia, pero nunca hay una mejoría para los cubanos. Cuesta Morúa, por su parte, no confía mucho en ello y está seguro de que la conversación inició por donde no era, que primero era necesario convocar a la ciudadanía para buscar un consenso sobre las medidas que impactarán a las mayorías y, más adelante, liberalizar la producción e importación de bienes. A pesar de eso, se aferra a la idea de que, estando en una situación límite, a Díaz-Canel no le queda más remedio que tomar en serio sus propias propuestas. Sabe que, aun así, hay algunos isleños que sienten nostalgia por la figura de Fidel Castro, y lo hacen “frente a la incompetencia de la actual dirigencia política”, a pesar de que, en palabras suyas, “también es responsable de la liquidación de los horizontes de esperanza de un proyecto de nación que se ha quedado atrapado en redes geopolíticas perjudiciales y en el debilitamiento de sus fundamentos”.
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